Generador de laberintos para imprimir
Laberintos nuevos cada vez que cambias las opciones, en tres dificultades. Uno por hoja, para que quepa el lápiz.
Qué hace esta hoja
Un laberinto parece un pasatiempo y es un ejercicio de planificación: para no chocar hay que mirar dos pasos por delante, y ese hábito es el mismo que hace falta para no empezar a escribir una frase sin saber cómo acaba. En papel tiene una ventaja sobre la pantalla: se va con el lápiz, se levanta, se vuelve atrás, y el niño ve el camino descartado.
Las tres dificultades no son el mismo laberinto más grande. En los fáciles los pasillos son anchos y los callejones sin salida son cortos: el niño se equivoca y se da cuenta enseguida. En los difíciles las ramas falsas son largas, y ahí ya no basta con probar, hay que mirar antes de meter el lápiz.
Cada laberinto sale distinto: si pedís cuatro, son cuatro caminos diferentes, y si volvéis mañana con las mismas opciones, los mismos cuatro. Todos tienen solución y un solo camino bueno.
Hojas ya hechas
Las opciones que se piden más a menudo, con el PDF listo y una explicación de para qué sirve cada una.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad se empieza con los laberintos?
Sobre los cuatro años con los fáciles, cuando el niño ya sostiene el lápiz y entiende que no se puede atravesar una línea. Antes de eso el laberinto se hace con el dedo, que también vale. Los difíciles pueden tardar diez minutos y son para siete años en adelante.
¿Se puede hacer con rotulador o hay que usar lápiz?
Mejor lápiz: media gracia del ejercicio es poder borrar el camino equivocado y volver a la bifurcación. Con rotulador, el primer error deja la hoja inservible y el niño abandona. Si insiste en el rotulador, imprimid dos copias.