Los números del 0 al 10

Once páginas, una por número: cómo se escribe sin darle la vuelta, cuánto es y en qué parejas se parte.

De todo lo que hay aquí, lo que más rinde a medio plazo es la descomposición: saber que el 7 son 5 y 2, y también 4 y 3. Un niño que la domina tiene resueltas las sumas y las restas hasta 10 sin haber memorizado ninguna, y más adelante el cálculo con llevadas se apoya justo en eso.

Recitar no es contar

Un niño de dos años y medio puede decir «uno, dos, tres, cuatro, cinco» de un tirón y, si le pones cinco garbanzos delante y le preguntas cuántos hay, responder «siete». No se ha equivocado: está cantando una canción que se sabe. Contar es otra cosa — asignar un número a cada objeto sin repetir ninguno ni saltarse ninguno, y entender que el último que dices es cuántos hay.

Ese último paso es el que más tarda y el que conviene mirar: si al preguntarle «¿cuántos hay?» vuelve a empezar desde el uno, todavía no está del todo.

En qué orden entran

Primero la cantidad y después la cifra escrita, nunca al revés: reconocer el 7 y saber poner siete cosas encima de la mesa son dos aprendizajes distintos, y muchos niños tienen el primero mucho antes que el segundo. Del 1 al 3 se reconocen de un vistazo, sin contar; a partir del 4 hay que contar de verdad, y ahí se ve si el conteo está asentado.

Las que se confunden

El 6 y el 9 son la misma figura girada, y se intercambian muchísimo al escribir: el 6 tiene la panza abajo, como si estuviera sentado. El 2 y el 5 se parecen en el trazo, y el 7 se confunde con el 1 — por eso en España se le suele cruzar una rayita en medio, que no es obligatorio pero ayuda.

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