¿Quién come qué?

Unir con una línea cada animal con su comida: la ardilla y la nuez, el conejo y la zanahoria, el oso y la miel.

3–6 años3 hojas A4PDFGratis
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3 hojas en A4, para cualquier impresora doméstica.

¿Quién come qué?, hoja 1

Puedes imprimirla, repartirla en clase y adaptarla: licencia CC BY-NC-SA 4.0, citando la fuente y sin usos comerciales.

Cómo trabajarla

Después de dónde vive cada animal viene qué come, y es la clasificación que más conversación da: separa a los animales en tres grupos que un niño de cuatro años ya intuye.

Ningún animal está enfrente de su comida: si lo estuviera, se resolvería trazando rayas horizontales sin mirar los dibujos.

La pregunta que convierte la hoja en aprendizaje es «¿y por qué come eso?». Los dientes, el pico, dónde vive: de ahí salen las respuestas y de ahí sale el interés.

Qué desarrolla

  • Clasificar
  • Animales
  • Vocabulario
  • Causa y efecto

Practícalo también jugando

El papel afianza y la pantalla engancha; juntos funcionan mejor que cada uno por su lado.

Más fichas

Preguntas frecuentes

¿A partir de qué edad sirve «¿Quién come qué?»?

Está pensada para niños de 3–6 años. La edad de la tarjeta es una orientación, no una regla: si al niño todavía le cuesta, dejadla y volved dentro de un par de semanas; si le resulta fácil, hay material más difícil en la misma sección.

¿Cuántas hojas trae y cómo se imprime?

El PDF trae 3 hojas en formato A4. Se descarga y se imprime en cualquier impresora doméstica: no hace falta papel especial ni tocar los ajustes, la hoja entra entera.

¿Hay que pagar o registrarse para descargarla?

No. «¿Quién come qué?» es gratis y se descarga sin cuenta ni suscripción: se pulsa el botón y ya está.

¿Qué trabaja «¿Quién come qué?»?

Trabaja clasificar, animales, vocabulario, causa y efecto. El papel complementa bien a los juegos de pantalla: la mano y la atención funcionan de otra manera cuando hay un lápiz de por medio.

¿Cuánto rato conviene estar con ella?

De diez a quince minutos y una hoja por sesión. Una sesión corta hecha con ganas rinde más que una larga hecha a regañadientes: lo que asienta el hábito es la regularidad, no la cantidad de un día.

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