Es probablemente la pregunta que más se hace en los grupos de padres de
Infantil, y casi siempre viene con un ejemplo al lado: el hijo de una amiga que
a los cuatro años ya lee, o el primo que a los seis todavía no reconoce su
nombre. Los dos casos existen, los dos son normales, y ninguno de los dos dice
gran cosa sobre cómo leerán a los diez años.
La respuesta corta es que no hay una edad. La útil es que hay unas señales, y
que son mucho más fiables que el calendario.
Por qué la edad no es la pregunta
Entre dos niños de cuatro años puede haber una diferencia de madurez de casi
un año, y los dos estar exactamente donde tienen que estar. Eso pasa con
caminar, con hablar y también con leer, solo que con la lectura los adultos nos
lo tomamos como una carrera.
Además, en España la lectura no es una decisión que se tome del todo en casa:
la escuela infantil suele introducir las letras entre los cuatro y los cinco
años, y en primero de Primaria se enseña a leer de forma sistemática. Nadie
llega tarde por empezar en casa a los cinco en lugar de a los tres.
Lo que sí cambia las cosas es empezar antes de tiempo. Un niño al
que se le pide leer cuando aún no oye los sonidos dentro de las palabras no
aprende: memoriza formas, se frustra y —esto es lo caro— aprende que leer es
algo desagradable. Recuperar las ganas cuesta bastante más que esperar tres
meses.
Las cuatro señales que sí sirven
1. Se interesa por lo escrito. Pregunta qué pone en un
cartel, reconoce el logotipo de su tienda favorita, pide que le leas lo que hay
en la caja de cereales. La curiosidad por el texto es el mejor indicador que
existe, porque es lo único que no se puede fabricar desde fuera.
2. Oye los sonidos dentro de las palabras. Sabe decir que
sol empieza por «sss», encuentra otra palabra que empiece igual, se ríe
con las rimas. Esto se llama conciencia fonológica y es, con diferencia, lo que
mejor anticipa una lectura sin dificultades. Un niño que la tiene aprende a leer
casi solo; uno que no la tiene se atasca aunque conozca todas las letras. Se
comprueba en un minuto y se entrena sin ver una sola letra escrita: es lo que
hace Primer sonido.
3. Aguanta una tarea sentado unos minutos. No hacen falta
veinte: con cinco de atención sostenida basta para empezar. Si a los dos minutos
está debajo de la mesa, el problema no son las letras.
4. Habla con soltura. Cuenta lo que ha hecho, usa frases
completas, se le entiende. La lectura se apoya en el lenguaje oral: leer una
palabra que no se conoce y no se sabe pronunciar no lleva a ninguna parte.
Cuando las cuatro están razonablemente en su sitio —y suele ser entre los
cuatro y los cinco años y medio—, es buen momento. Cuando faltan dos o más, hay
trabajo previo que hacer y es más rentable hacerlo.
Tres señales que no significan nada
«Sabe decir el abecedario entero.» Recitar el abecedario es
una canción, no lectura. Es simpático y no adelanta prácticamente nada: de hecho
puede despistar, porque lo que se memoriza son los nombres de las
letras y para leer sirven los sonidos.
«Escribe su nombre.» Casi siempre está dibujando una forma
que ha memorizado, igual que dibuja una casa. Es un paso bonito y no indica que
entienda que cada letra corresponde a un sonido.
«En su clase ya leen todos.» Rara vez es cierto, y cuando lo
es no cambia nada de lo anterior. La clase no es una unidad de medida del
desarrollo de un niño.
Qué hacer mientras tanto
Esto es lo importante: «todavía no toca» no significa «no hacer nada». Hay un
trabajo previo que rinde muchísimo y que casi nadie hace de forma consciente
porque no parece estudiar.
Jugar con los sonidos. Buscar palabras que empiecen igual,
inventar rimas tontas, alargar el primer sonido de las cosas
(«mmmmesa»). Primer sonido hace exactamente
esto: se oye una palabra y hay que elegir con qué empieza, sin necesidad de
reconocer ninguna letra escrita.
Dar palmadas a las palabras. Ca-sa, dos.
Ma-ri-po-sa, cuatro. Partir la palabra en golpes de voz es el paso
directamente anterior a leer por sílabas, y se juega en el coche, en la cola del
súper o mientras se pone la mesa. Con pantalla, lo mismo hace
Cuántas sílabas.
Leerle en voz alta, mucho. Es lo que más vocabulario da, lo
que enseña cómo suena una frase bien construida y lo que hace que los libros
sean algo apetecible. Ningún ejercicio compite con esto.
Preparar la mano. Recortar, pegar, plastilina, trazos
grandes. Leer y escribir van juntos en cuanto empieza el colegio, y una mano que
se cansa lo estropea todo. Sobre el orden concreto de los trazos va
este artículo.
Y cuando ya toca, ¿por dónde?
Por los sonidos, nunca por los nombres. La m no es «eme»: es
«mmm». Ese cambio de enfoque es la diferencia entre un niño que junta «mmm» y
«a» y saca ma, y uno que dice «eme-a-eme-a» y se queda ahí sin poder
avanzar.
Después, las vocales; luego las consonantes que se pueden estirar (m, s, l,
n, f); y solo al final las que suenan de golpe o cambian según la vocal. El
español es de los idiomas más agradecidos que hay para esto: se lee casi como se
escribe, y las excepciones caben en una mano.
El recorrido completo, con el orden de sílabas y qué hacer en cada atasco,
está en cómo enseñar a leer por
sílabas.
Cuándo conviene consultar
Casi todas las diferencias de ritmo se resuelven solas. Merece la pena
comentarlo con el pediatra o con el equipo del colegio si, a los cinco o seis
años, el niño no se hace entender al hablar, no reconoce ninguna letra pese a
haberlas trabajado durante meses, o no consigue oír con qué empieza una palabra
ni siquiera con ayuda.
No es para alarmarse: es que en estas cosas la ayuda temprana es mucho más
sencilla que la tardía, y quien puede valorarlo es un profesional que vea al
niño, no una web.
Cómo practicarlo jugando
Todo lo anterior se puede trabajar sin pantalla, y conviene hacerlo. La
pantalla añade dos cosas: la voz —el niño oye el sonido tantas veces como
quiera— y la corrección inmediata, que en casa cansa mucho dar.
Primer sonido es el que más rinde antes
de empezar con las letras: entrena el oído, que es la parte que decide.
Cuántas sílabas hace lo mismo con la
partición de la palabra.
Y cuando las señales ya están en su sitio,
Aprende las letras presenta cada una
con su sonido y una palabra de ejemplo, en el orden correcto. Si preferís ir
letra por letra a vuestro ritmo, las páginas del
abecedario tienen una por cada una, con cómo suena, cómo se traza y qué
palabras empiezan por ella.
Qué imprimir
Mientras el momento llega, lo que de verdad se puede adelantar es la mano.
Las fichas de trazos y
líneas van en la secuencia que prepara para escribir: rectas, ondas y
bucles, en ese orden y sin letras de por medio.
Y para el rato de mesa sin exigir lectura, los
laberintos para 4 y 5 años
entrenan a la vez el pulso y la costumbre de mirar antes de empezar, que hará
falta enseguida.
Lo esencial
No hay una edad para las letras: hay unas señales. Interés por lo escrito,
oído para los sonidos dentro de las palabras, unos minutos de atención y
lenguaje oral suelto. Cuando están, suele ser entre los cuatro y los cinco años
y medio, y da igual si es antes o después.
Mientras tanto, lo que más rinde no son las letras: son los juegos de sonidos,
los cuentos en voz alta y preparar la mano. Y empezar tarde no cuesta nada;
empezar antes de tiempo cuesta las ganas, que es lo único difícil de recuperar.