Un mensaje en clave con la clave revuelta no se puede adivinar: cada letra lleva un número que no es el que le tocaría por orden, así que hay que ir a mirar la tabla. Veinte veces por mensaje.
Y ahí está el ejercicio escondido. Buscar en una tabla es exactamente lo que hace falta para usar un diccionario o un índice, y aquí se practica porque lo que se quiere es saber qué pone. Recorrer el abecedario se entrena en El abecedario en inglés.
La clave viene dada
No hay que deducirla: está impresa arriba, en dos filas. Deducir una clave es otro ejercicio y mucho más difícil.
Aquí lo que se practica es consultar y transcribir sin equivocarse, que ya es bastante a los ocho años.
Y hace que el material funcione desde el primer minuto, sin explicación previa.
Consultar sin perderse
Con veintisiete letras en dos filas, el dedo se pierde. El truco es tapar con una regla la fila que no se está mirando.
Es la misma ayuda que sirve para leer una tabla de datos o un horario impreso pequeño.
Y se abandona sola en cuanto la vista se acostumbra a la tabla.
Descifrar es más fácil que cifrar
De número a letra se busca el número en la tabla y se lee la letra. De letra a número hay que recorrerla entera hasta encontrar la letra.
Por eso escribir un mensaje propio cuesta el doble, y conviene dejarlo para el final de la sesión.
Esa asimetría es interesante en sí misma: no todas las tablas se leen igual de bien en las dos direcciones.
Empezar por las palabras cortas
En un mensaje hay «el», «la», «de», «y». Descifrarlas primero da estructura y anima.
Y a partir de ahí muchas letras ya están descifradas y se pueden reutilizar sin volver a la tabla.
Apuntar en un papel aparte las equivalencias que ya se han usado ahorra la mitad de las consultas.
Ir escribiendo debajo
Cada letra se escribe debajo de su número, y no en una hoja aparte. Así no se pierde el sitio.
Y permite ver la palabra a medias, que es cuando el cerebro empieza a adivinar y a acelerar.
Adivinar aquí sí vale: si con tres letras se ve la palabra, se escribe y se comprueban las demás.
Los mensajes con gracia
«El perro se ha comido los deberes» descifra mejor que una frase neutra, porque hay un premio al final.
El contenido importa: un mensaje aburrido se abandona a la mitad y uno con broma se termina.
Y da pie a escribir el propio con la misma intención, que es la mejor parte.
Escribir uno para alguien
Cifrar una frase corta y dejarla en la mesa de otro, con la tabla al lado.
Ahí el ejercicio deja de ser una hoja y pasa a ser una comunicación, con destinatario y respuesta.
Y aparece el cuidado: si se cifra mal una letra, el otro no lo entiende y hay que revisarlo.
Por qué existen las claves
Para que un mensaje solo lo entienda quien tiene la tabla. Es la idea entera de la criptografía y se cuenta en una frase.
Y tiene historia que engancha: mensajes de guerra, cartas de reyes, máquinas enteras dedicadas a esto.
Contar que hoy todo lo que se manda por internet va cifrado conecta el juego con algo actual.
La clave por orden y la revuelta
Con la clave por orden —A es 1, B es 2— se puede deducir sin mirar, y por eso es más fácil y menos exigente.
Con la revuelta no hay más remedio que consultar, y esa obligación es justamente el ejercicio.
Conviene hacer primero la de orden y después esta, con una semana de diferencia.
Inventar una clave propia
Escribir el abecedario y asignar números al azar. Después hay que usarla, y ahí se descubre que hay que copiarla dos veces: una para cada uno.
Es un problema práctico interesante: la clave hay que compartirla, y compartirla es el punto débil.
A los diez años esa conversación se puede tener y es fascinante.
Otras claves fáciles
Escribir al revés, cambiar cada letra por la siguiente del abecedario, sustituir las vocales por números.
Todas se pueden probar en cinco minutos y comparar cuál es más difícil de romper.
Y la de «cada letra por la siguiente» es la clave del César, que tiene dos mil años.
Los errores típicos
Saltarse un número al copiar y desplazar todo el resto de la palabra.
Confundir dos letras parecidas en la tabla, sobre todo la eñe y la ene.
Y descifrar sin dejar espacios entre palabras, con lo que el resultado no se puede leer aunque esté bien.
Leerlo en voz alta al final
Un mensaje descifrado se lee en voz alta para comprobarlo. Si no tiene sentido, hay una letra mal.
Es la única comprobación posible y funciona siempre, porque el español no admite cualquier combinación de letras.
Y enseña a usar el significado como control de calidad, que es lo que se hace al releer cualquier cosa escrita.
Sin tildes ni eñes complicadas
Los mensajes van sin tildes a propósito, porque la clave asigna un número por letra y una tilde no es una letra.
Conviene decirlo antes de que pregunte: no es un descuido, es cómo funcionan estas claves.
Y al escribir el propio, elegir palabras sin eñe ahorra un problema que no aporta nada al ejercicio.
Qué edad
Claves por orden con mensajes de tres o cuatro palabras, desde los siete.
Claves revueltas con mensajes de una frase, a partir de los ocho.
Escribir mensajes propios e inventar claves, a los nueve o diez.
Lo que se lleva de verdad
Consultar una tabla sin perderse, transcribir con cuidado y comprobar el resultado leyéndolo.
Son tres cosas que se piden en el colegio constantemente y que casi nunca se practican de forma aislada.
Y aquí se practican porque el niño quiere saber qué pone, que es la mejor motivación que hay.
Cuánto por sesión
Dos o tres mensajes, quince minutos. Es un trabajo de precisión y cansa antes de lo que parece.
Va bien acabar siempre con uno escrito por él, aunque sea de cuatro palabras.
Y dejarlo escrito para otra persona, que es lo que hace que se revise antes de entregarlo.
Antes y después de esto
El juego de las claves en general y por dónde empezar está en jugar a los códigos. Y qué cambia cuando la clave no sigue el orden del abecedario, en la clave revuelta.
Cómo practicarlo jugando
El abecedario en inglés entrena recorrer el orden de las letras, que es lo que pide la tabla.
La letra que falta y Forma la palabra trabajan la reconstrucción de una palabra a partir de trozos.
Qué imprimir
Mensajes en clave nuevos trae tres hojas con la clave revuelta y un espacio para escribir el mensaje propio.
Para empezar con la clave por orden, Mensajes en clave. Y para descifrar refranes, Descifra el refrán.
Lo esencial
- Con la clave revuelta no se puede adivinar: hay que consultar la tabla, y eso es el ejercicio.
- Tapar con una regla la fila que no se mira evita perderse en la tabla.
- Cifrar cuesta el doble que descifrar, porque hay que recorrer la tabla entera buscando la letra.
- Apuntar aparte las equivalencias ya usadas ahorra la mitad de las consultas.
- Escribir un mensaje para otra persona es lo que hace que se revise antes de entregarlo.