Hay una idea muy extendida y bastante desmoralizante: que para que un niño
aprenda inglés en casa, alguien de casa tiene que hablarlo bien. No es cierto a
estas edades, y conviene saberlo porque paraliza a mucha gente.
Entre los tres y los ocho años lo que se construye no es conversación: es
oído y vocabulario. Y para eso hace falta exposición, que se puede dar
perfectamente con un nivel justo — siempre que se haga de una forma concreta.
Por qué el oído va primero
El inglés y el español no se parecen en cómo suenan. Tienen vocales que aquí
no existen, y sobre todo se escriben de una manera y se leen de otra: en español
la a es siempre «a», y en inglés no hay ninguna letra que sea siempre
nada.
De ahí sale la primera regla práctica: oír antes que leer. Un
niño que aprende palabras inglesas por escrito antes de haberlas oído las
pronuncia como si fueran españolas, y desmontar eso después cuesta muchísimo más
que hacerlo bien desde el principio.
Y la segunda: nada de deletrear en inglés hasta bastante más
adelante. Es el terreno donde un adulto con nivel justo hace más daño que bien,
sin ninguna culpa.
La regla que más cambia el resultado
No traducir.
Suena raro y es lo más importante de todo el artículo. Si el niño ve un
dibujo de una manzana y oye apple, asocia la palabra con la cosa. Si
oye «apple quiere decir manzana», asocia la palabra con otra palabra — y crea el
hábito de traducir mentalmente antes de hablar, que es exactamente lo que
después impide hablar con soltura.
En la práctica: se señala, se dice la palabra en inglés y se sigue. Sin
preguntar «¿y esto qué es en español?». El niño lo entiende igual por el
contexto, que es como aprendió su primera lengua.
Hay una consecuencia práctica de esto que conviene tener clara antes de
elegir material: a estas edades lo que sirve es todo lo que junte
sonido e imagen sin texto de por medio. Un juego como
Palabra y dibujo en inglés hace
exactamente eso — se oye la palabra y se señala el dibujo — y por eso funciona
con niños que aún no leen ni en español.
Y hay una pregunta que aparece siempre: ¿mi acento le va a estropear el
oído? No, si no es la única fuente. El niño distingue perfectamente entre cómo
suena algo en la canción o en el juego y cómo lo dice papá, y se queda con lo que
más oye. Lo que sí conviene evitar es ser la única voz inglesa que escucha — por
eso las canciones y los audios importan más que la propia pronunciación.
Qué se puede hacer con un nivel justo
Canciones. Son lo mejor que hay a estas edades y no exigen
nada del adulto. La música fija la pronunciación y el ritmo, y las repetitivas
—las de siempre— funcionan porque el niño acaba anticipando la palabra que
viene.
Dibujos en inglés, con subtítulos apagados. Mejor series ya
conocidas: si el niño se sabe el episodio en español, el significado ya lo tiene
y solo tiene que quedarse con el sonido.
Cuentos ilustrados, de esos con una palabra por página.
Aunque los leáis con acento imperfecto, funcionan: lo que importa es que la
palabra vaya pegada al dibujo. Y si os da apuro, muchos vienen con audio.
Diez palabras al mes, no cien. Un campo por vez —los colores,
los animales, la comida— y volver sobre él. El vocabulario que no se repite se
va.
Rutinas cortas en inglés. Dos o tres frases fijas del día:
good morning, let's go, time to sleep. Cinco palabras
dichas todos los días valen más que cincuenta dichas una vez.
Lo que no funciona a estas edades
La gramática. Explicar el verbo to be a un niño de
seis años no sirve de nada: no tiene todavía el pensamiento abstracto que hace
falta para manejar una regla. La estructura la absorbe de oírla.
Las listas de vocabulario para memorizar. Se olvidan en una
semana porque no están unidas a nada.
Corregir la pronunciación cada vez. Se repite bien la palabra
después, como quien no quiere la cosa, y ya está. Corregir sistemáticamente
consigue que deje de intentarlo.
Mezclar los dos abecedarios a la vez. Si el niño está
aprendiendo a leer en español, meterle las letras inglesas en paralelo lo lía —
son las mismas formas con otros nombres y otros sonidos. Conviene esperar a que
el español esté asentado.
En qué orden entra todo
- 3–4 años: solo oído. Canciones y dibujos. Nada de
escribir, nada de letras, ninguna exigencia de que repita.
- 4–5 años: vocabulario con imágenes. Palabras sueltas
pegadas a dibujos: animales, colores, comida.
- 5–6 años: frases cortas y órdenes sencillas del día a
día. Sigue sin hacer falta leer nada.
- 6–7 años: el abecedario inglés y las primeras palabras
escritas, cuando ya lee en español con soltura.
- 7–8 años: lectura de frases cortas y los primeros
patrones de escritura.
Ese orden importa. Adelantar la escritura es el error más común, y produce
niños que escriben en inglés mejor de lo que lo pronuncian — que es justo al
revés de como debería ser.
Cómo practicarlo jugando
Aquí la pantalla aporta lo único que un adulto con nivel justo no puede dar:
la pronunciación nativa, repetida tantas veces como haga falta y sin que nadie
se canse.
Palabra y dibujo en inglés une
la palabra inglesa con la imagen directamente, sin pasar por el español — que es
la regla de la que hablábamos. Escucha y
elige va al revés: primero se oye y después se busca, que es el orden en que
se aprende una lengua.
Las consignas de estos juegos están en español a propósito. Lo que se aprende
es la palabra inglesa; si la instrucción también estuviera en inglés, un niño de
cinco años no sabría qué hay que hacer y no llegaría a la palabra.
Y cuando ya lea bien en español, el
abecedario en inglés presenta las letras con su nombre y su sonido ingleses.
Antes de eso, mejor esperar: sobre por qué, va
el artículo sobre leer por
sílabas.
Qué imprimir
De inglés todavía no hay fichas — llegarán. Mientras tanto, lo que sí ayuda
al inglés indirectamente es tener la mano preparada para cuando toque escribir:
las fichas de
escribir las vocales
sirven igual, porque las letras son las mismas.
Y para los ratos de mesa sin idioma de por medio, los
laberintos para 4 y 5 años
trabajan la atención, que es lo que sostiene cualquier aprendizaje — incluido
este.
Lo esencial
No hace falta hablar inglés para que un niño empiece. Hace falta exposición
regular y corta: canciones, dibujos ya conocidos, diez palabras al mes pegadas a
imágenes y dos o tres frases fijas del día.
Dos reglas por encima de todo: oír antes que leer, y no traducir. La palabra
inglesa se une al dibujo, no a la palabra española. Y la gramática, las listas y
el deletreo pueden esperar años — a estas edades lo que se construye es oído, y
eso no se recupera después.