El español tiene fama —merecida— de escribirse casi como se pronuncia. Es
nuestra gran ventaja frente al inglés o al francés, y es la razón de que un niño
español aprenda a leer un año antes que uno inglés.
Pero hay un puñado de excepciones, y la primera con la que se choca todo el
mundo es esta: la b y la v suenan exactamente igual. No se
parecen: son el mismo sonido. «Baca» y «vaca» son idénticas al oído de cualquier
hablante de español, en España y en América.
Eso significa que, para elegir entre las dos, el oído no sirve de nada. Y
como aprender a escribir consiste en buena parte en escribir lo que se oye, aquí
el método se rompe.
Merece la pena verlo con calma, porque de aquí sale la mitad de las faltas de
un niño de Primaria y casi todas las regañinas injustas. Y también conviene saber
qué sí ayuda: no las reglas, sino ver la palabra escrita muchas veces, que es lo
que hacen juegos como Forma la palabra
sin que parezca un ejercicio de ortografía.
Por qué no es un descuido
Conviene entender qué hace el niño cuando escribe «vurro», porque desde fuera
parece falta de atención y es justo lo contrario.
Un niño de seis o siete años escribe pronunciando la palabra por dentro y
poniendo una letra por cada sonido. Es el método correcto y es el que le permite
escribir bien casi todo el idioma. Al llegar a «burro» oye un sonido que conoce y
elige una de las dos letras que lo representan. Acierta la mitad de las veces, y
no porque no se esfuerce: es que la información que necesita no está en el
sonido.
De ahí que regañar por estas faltas sea especialmente injusto. El niño ha
hecho todo lo que sabe hacer y ha fallado por algo que no podía saber.
Por qué las reglas no ayudan todavía
La reacción habitual es enseñar las reglas: se escribe con b delante de
consonante, se escribe con v después de «ad-», los verbos acabados en «-bir»
salvo tres…
Esas reglas existen y son ciertas, pero llegan demasiado tarde para lo que
hace falta ahora. Para aplicar una regla hay que pararse a pensarla, y un niño de
siete años que escribe una frase no tiene sitio en la cabeza para eso: está
ocupado sujetando el lápiz, recordando qué quería decir y separando las palabras.
La regla se queda sin usar.
Además, casi todas las reglas de la b y la v son de las que tienen más
excepciones que casos. Aprenderlas de memoria a los siete años consume una
cantidad de energía enorme a cambio de bastante poco.
Lo que sí funciona: la imagen de la palabra
Un adulto no elige entre b y v pensando reglas. Escribe «vaca» porque
«baca» le parece rara — reconoce visualmente la forma correcta de la palabra,
igual que reconoce una cara.
Eso es lo que hay que construir, y se construye viendo la palabra bien escrita
muchas veces. No hay atajo. Lo que sí hay son maneras de que esas veces cundan
más:
Leer. Es lo que más aporta y lo que menos parece un remedio
para la ortografía. Un niño que lee media hora al día ve miles de palabras bien
escritas sin ningún esfuerzo consciente. Toda la ortografía que un adulto tiene
llegó por ahí.
Escribir la palabra entera, no la letra. Cuando se corrige una
falta, no vale con decir «va con v». Hay que hacer que la escriba completa dos o
tres veces, porque lo que se está guardando es la imagen de la palabra, no la
letra suelta.
Trabajar por familias. «Vaca, vacuno, vaquería» comparten la
uve porque comparten origen. Agrupar así una palabra con sus parientes fija cinco
de golpe, y de paso enseña algo verdadero sobre cómo funciona el idioma.
En pantalla, Forma la palabra ayuda
precisamente en esto: la palabra se construye pieza a pieza y siempre queda
delante en su forma correcta, que es lo que se está memorizando.
Las palabras que de verdad importan
No todas valen lo mismo. Hay unas pocas docenas que un niño escribe cada
semana, y esas son las que merecen esfuerzo:
Palabras con b y con v que un niño escribe cada semana
| Con b | Con v |
| bien | voy |
| también | vamos |
| abuelo | vivir |
| trabajo | nuevo |
| bonito | llevar |
Diez palabras bien fijadas cubren la mayoría de lo que escribe en un curso.
Cien palabras sueltas de una lista de ortografía no cubren casi nada, porque no
las va a usar.
Una manera práctica: llevar una hoja pegada en la pared donde se apuntan las
palabras que él ha fallado, no las de una lista general. Cuando una lleva tres
semanas sin fallarse, se tacha. Es corto, es suyo, y se ve avanzar.
Cómo se corrige una falta sin desanimar
La manera de corregir importa aquí más que en ningún otro sitio, porque estas
faltas van a repetirse durante años y el niño va a oír la corrección muchísimas
veces.
Lo que funciona es corregir sin juzgar y en una sola dirección: se señala la
palabra, se dice cómo va —«esta lleva uve»— y se le pide que la escriba entera dos
veces. Sin explicar por qué, sin decir que ya se lo habíamos dicho, sin marcar
todo el texto. Treinta segundos.
Y hay una cosa que cambia mucho el tono del asunto: contarle que la b y la v
suenan igual, explícitamente, en cuanto aparezca la primera falta. Un niño que
sabe que ahí no hay nada que oír deja de sentirse tonto por no distinguirlas — que
es exactamente lo que siente cuando nadie se lo explica.
Un caso aparte: la b y la d al revés
Merece la pena distinguirlo porque se confunde con lo anterior y no tiene nada
que ver. Escribir b donde va d —o al revés— no es un problema de
ortografía sino de orientación: son la misma forma girada.
A los seis años es de lo más normal y se va solo. Lo que ayuda no es repetir
la letra cien veces sino mirar las dos juntas y decir en qué se diferencian, que
es exactamente comparar dos cosas casi iguales. En Letra que falta la letra aparece dentro de una
palabra, que es donde el contexto ayuda a decidir cuál es cuál.
Cómo practicarlo jugando
Lo que se entrena aquí es reconocer la forma correcta de una palabra, y eso
pide verla muchas veces sin que resulte pesado.
Forma la palabra monta la palabra por
sílabas y la deja escrita entera al acertar. Letra que falta pone la palabra casi completa y
obliga a decidir una sola letra, que es exactamente la situación de la duda entre
b y v pero con la palabra delante.
Y Aprende las letras sirve para el
niño más pequeño que todavía está en la fase anterior: asociar cada letra con su
sonido, antes de que aparezca ninguna duda ortográfica.
Qué imprimir
Para el niño que está aprendiendo a escribir las letras, Escribir las
consonantes: la b y la v aparecen ahí con su trazo, que es el momento en que
conviene decir en voz alta que suenan igual y se escriben distinto. Saberlo desde
el principio evita la sorpresa de más adelante.
Y para fijar palabras enteras, la sopa de letras tiene una virtud
inesperada en este asunto: obliga a mirar la palabra letra por letra durante un
buen rato, que es justo lo que construye la imagen visual que después decide entre
b y v.
El marco general de cómo se aprende a leer y escribir en español está en Cómo enseñar a leer por sílabas en
casa.
Lo esencial
En español la b y la v son el mismo sonido, así que escribir «vurro» no es un
descuido: es lo que sale de aplicar bien el método de escribir lo que se oye. Las
reglas llegan demasiado tarde y tienen demasiadas excepciones para servir a los
siete años. Lo que construye la ortografía es la imagen visual de la palabra, y
esa se gana leyendo, escribiendo la palabra entera al corregir —nunca solo la
letra— y trabajando por familias. Y conviene centrarse en las veinte palabras que
el niño escribe todas las semanas, no en una lista general.