Casi todos los niños que han oído algo de inglés saben decir «red» y «blue» antes que ninguna otra cosa, y no es casualidad.
Los colores son pocos, están en todas partes y se pueden señalar sin buscar la ocasión: cualquier objeto de la habitación sirve. Eso los convierte en el mejor primer campo que existe, y Memoria en inglés les da las repeticiones que faltan.
Por qué son los primeros
Tres razones. La primera es que son pocos: con seis se cubre casi todo lo que un niño necesita nombrar.
La segunda es que están disponibles siempre. No hay que ir a ningún sitio ni preparar nada: se mira alrededor y hay diez cosas que nombrar.
Y la tercera es que la respuesta se comprueba sola. Si dice «red» señalando algo rojo, ha acertado y lo sabe él.
Seis, no doce
Red, blue, green, yellow, black, white. Con eso se empieza y con eso se aguanta bastante tiempo.
Orange, purple, pink, brown y grey vienen después, cuando los seis primeros salgan sin pensar. Meterlos todos a la vez produce la sensación de que se olvidan.
Y hay uno que conviene dejar para el final: «grey», que además se escribe de dos maneras según el país. No merece el lío al empezar.
Los once, en el orden en que conviene meterlos. La pronunciación es aproximada y está pensada para el adulto que no habla inglés: la buena es la del audio.
Los colores en inglés: traducción y pronunciación aproximada
| Inglés | Español | Suena más o menos | Cuándo |
| red | rojo | red | primeros seis |
| blue | azul | blu | primeros seis |
| green | verde | grin | primeros seis |
| yellow | amarillo | iélou | primeros seis |
| black | negro | blak | primeros seis |
| white | blanco | uáit | primeros seis |
| orange | naranja | órinch | después |
| purple | morado | pérpel | después |
| pink | rosa | pink | después |
| brown | marrón | bráun | después |
| grey (o gray) | gris | gréi | al final |
Decirlos, no traducirlos
Señalar algo rojo y decir «red» enseña la palabra. Decir «red, rojo» enseña una traducción, que es un paso de más.
La diferencia se nota después: quien aprendió a traducir tiene que pasar por el español cada vez; quien aprendió señalando, no.
A esta edad no hace falta explicar nada de esto. Basta con decir la palabra suelta y señalar.
El color va delante
«Red car», no «car red». Es la primera diferencia de gramática con el español que va a encontrarse, y aparece en cuanto junta dos palabras.
No se explica: se dice bien muchas veces y se instala solo. Con «red apple», «blue door», «green leaf» repetidos, la regla entra sin nombrarla.
Si lo dice al revés, basta con repetirlo bien al hilo. Corregirlo explícitamente a los seis años consigue que hable menos.
Los juegos que salen solos
«I spy something red» es el juego de los colores por excelencia y funciona en el coche, en la cola y en la sala de espera.
Otro: nombrar en inglés el color de todo lo que se pone al vestirse. Cinco prendas, cinco palabras, todas las mañanas.
Y otro más: ordenar los lápices por colores diciendo el nombre. Suena a poco y da veinte repeticiones en un minuto.
El memori de recortar
Doce tarjetas —seis parejas, la palabra inglesa y la española— dan treinta encuentros en una partida, repartidos por minutos.
Es la forma de repetición que consolida, y llega sin pedirla: el niño no está repasando, está intentando ganar.
La regla que multiplica el efecto: al levantar la carta inglesa, decirla en voz alta. No cuesta nada y cambia lo que se lleva.
Con dibujo o con la palabra
Hay dos versiones y no son iguales. Emparejar la palabra inglesa con una mancha del color enseña la palabra pegada a la cosa, sin español de por medio.
Emparejarla con la palabra española obliga a traducir y además practica la lectura de las dos lenguas a la vez.
Con niños que empiezan, mejor la mancha de color. Con niños que ya leen bien, la traducción, que prepara para el diccionario.
Empezar con la mitad de las cartas
Doce boca abajo son muchas para la memoria de un niño de seis años, y una partida que se alarga se vuelve frustrante.
Se empieza con seis —tres parejas— y se sube cuando salgan sin agobio. La dificultad de memoria y la de idioma se suman.
Una variante que ayuda: dejarlas boca arriba un minuto antes de empezar. Quita dificultad de memoria y deja intacta la de vocabulario.
Colorear siguiendo instrucciones
Un dibujo y una lista en inglés —«the car is red, the door is blue»— convierte el vocabulario en algo que hay que entender para hacer.
Es comprensión de verdad, y la comprobación viene sola: si el coche sale azul, no ha entendido la frase.
Se prepara en dos minutos con cualquier dibujo para colorear y una lista escrita a mano.
Los tonos, que son otra cosa
Distinguir el azul del verde es una cosa; distinguir dos azules es otra, y no depende del idioma.
Si un niño se equivoca al nombrar un color en inglés, conviene comprobar si lo nombra bien en español. A veces el problema no es la palabra.
Los nombres de tonos —light blue, dark green— llegan bastante después y no hacen falta al principio.
Escribirlos
«Yellow» tiene dos eles y dos oes raras, y «white» lleva una hache que no suena. Son palabras cortas con ortografía difícil.
Copiarlas despacio dos o tres veces, mirando cada letra, es lo que hace falta. Escribirlas veinte veces deprisa no sirve de nada.
Y conviene no pedir que las escriba de memoria hasta que las lea bien. El orden es oír, decir, leer y por último escribir.
Los colores en las canciones
Hay canciones de colores en inglés a montones, y una escuchada veinte veces mete veinte encuentros con las mismas seis palabras.
No sustituye al trabajo con vocabulario, porque en una canción no se sabe qué significa cada cosa. Pero prepara el oído.
Y cuando esas palabras aparezcan en una baraja, ya suenan a algo, que es media batalla ganada.
Qué edad
Desde los cuatro o cinco, hablado. Es de lo poco de un idioma que funciona antes de saber leer.
Desde los seis o siete con la palabra escrita, y desde los ocho escribiéndola de memoria.
Y a cualquier edad como calentamiento: dos minutos de colores antes de otra cosa arranca la sesión con algo que sale seguro.
Cuando ya se saben
El riesgo de un campo que sale fácil es dejarlo ahí. Los colores se saben, se dan por hechos y nunca se usan para nada más.
La manera de aprovecharlos es engancharlos a lo siguiente: colores con números, colores con ropa, colores con animales. Cada combinación es una frase.
Así el campo fácil se convierte en la base de todos los demás, en vez de en una lista terminada.
Cuánto por sesión
Una partida de memori o cinco minutos de nombrar cosas. Los colores no dan para más y no hace falta.
Lo que rinde es la frecuencia: todos los días un par de minutos, mejor que una sesión larga a la semana.
Y conviene volver a ellos aunque parezcan sabidos. Son la base sobre la que se apoya todo lo que venga después.
Antes y después de esto
El campo que viene justo después, y por los mismos motivos, está en la fruta en inglés. Y cómo se aprenden los colores en español, que es lo que sostiene esto, en los colores, cómo se aprenden.
Cómo practicarlo jugando
Memoria en inglés es la versión en pantalla del memori, con la palabra pronunciada al levantar la carta.
Adivina el color y Tonos de color trabajan la discriminación en español, que es lo que sostiene el vocabulario inglés.
Qué imprimir
El Memori de los colores en inglés son seis parejas para recortar, con la palabra inglesa y la española.
Para las tarjetas con dibujo y la caligrafía, Los colores en inglés. Y para seguir, La fruta y la verdura en inglés.
Lo esencial
- Seis colores, no doce. Red, blue, green, yellow, black y white cubren casi todo al principio.
- Señalar y decir «red», sin añadir «rojo»: así la palabra se pega a la cosa y no al español.
- «Red car», no «car red». La regla se instala repitiéndola bien, no explicándola.
- Un memori de doce cartas da treinta encuentros por partida, repartidos por minutos.
- El orden es oír, decir, leer y por último escribir. «Yellow» y «white» tienen ortografía difícil.