Los cinco años son la edad en la que más se compara. El niño lleva ya un
tiempo en el colegio, las diferencias con los compañeros empiezan a verse, y
falta poco para Primaria — así que cualquier cosa que no haga se lee como un
aviso.
Conviene empezar por lo más importante: entre dos niños de cinco años
puede haber un año entero de diferencia madurativa y estar los dos
perfectamente. Uno nacido en enero y otro en diciembre van a la misma
clase y se llevan casi doce meses, que a esta edad es muchísimo.
Dicho eso, aquí va lo que suele hacer un niño de cinco años, por áreas.
Lenguaje
- Habla con frases completas y se le entiende casi todo, también fuera de
casa.
- Cuenta algo que ha pasado con principio y final, aunque se le vaya el
orden.
- Pregunta el significado de palabras nuevas.
- Oye con qué empieza una palabra y da palmadas a las sílabas.
- Reconoce bastantes letras, sobre todo las de su nombre.
Lo que no tiene por qué hacer: leer. Muchos niños de cinco
leen palabras sueltas y muchos otros no, y esa diferencia se iguala en primero.
Lo que sí conviene mirar es lo de oír los sonidos — eso predice la lectura
bastante mejor que reconocer letras, y se entrena con juegos como
Primer sonido.
Algunos sonidos siguen costando y es normal: la r fuerte de
perro es la última en llegar y puede tardar hasta los seis.
Números
- Cuenta hasta diez sin saltarse ni repetir, tocando los objetos.
- Sabe que el último número que dice es cuántos hay.
- Reconoce las cifras escritas del 0 al 9.
- Compara dos grupos: dónde hay más, menos o igual.
- Resuelve sumas pequeñas con objetos delante.
Lo que no se espera: sumar de cabeza, escribir operaciones
ni conocer los números de dos cifras. Y una confusión frecuente: recitar hasta
treinta no es contar. Lo que cuenta es lo otro — asignar un número a cada cosa
y saber que el último es el total, que es lo que trabaja
A contar.
La mano
- Coge el lápiz con tres dedos, aunque a veces se le escape al puño.
- Colorea sin salirse demasiado.
- Recorta siguiendo una línea, con tijeras de punta roma.
- Copia un círculo, un cuadrado y una cruz. El triángulo llega algo
después.
- Escribe su nombre en mayúsculas, con las letras bailando.
Lo que no se espera: letra bonita, escribir en minúscula ni
mantenerse dentro del renglón. Todo eso es de los seis o siete.
Pensar
- Agrupa cosas por una propiedad y sabe decir cuál.
- Continúa una serie sencilla: rojo, azul, rojo, azul.
- Dice qué sobra en un grupo y por qué.
- Ordena tres o cuatro escenas de una historia.
- Aguanta en una tarea unos quince minutos si le interesa.
Ese «si le interesa» no es una trampa: la atención a esta edad depende
muchísimo de la motivación, y un niño que no aguanta cinco minutos con una ficha
puede pasar cuarenta construyendo. No son datos contradictorios.
Las series son de lo más útil que se puede trabajar aquí, porque es
razonamiento puro sin necesitar leer ni contar:
Qué viene después va justo de eso.
Autonomía y relación
- Se viste y se desviste solo; los cordones todavía no.
- Va al baño sin ayuda y se lava las manos.
- Come solo con cuchara y tenedor.
- Juega con otros niños con reglas compartidas, no solo al lado de ellos.
- Espera turno, más o menos, y aguanta perder — con protesta.
Esta es, con diferencia, el área que más se nota el primer día de Primaria y
la que menos se trabaja en casa. Un niño que lee de maravilla pero no sabe abrir
su almuerzo lo pasa peor que uno que aún confunde letras y se apaña solo.
Una nota sobre cómo leer todas estas listas, porque se prestan a lo
contrario de lo que buscan. No son un examen ni un orden de llegada: describen
lo que hace la mayoría de los niños de esa edad, y «la mayoría» quiere decir que
hay muchos que no hacen algunas cosas y están perfectamente. Un niño puede ir
adelantado en lenguaje y justo en la mano, y ser eso lo más normal del mundo —
las áreas no van al mismo ritmo ni tienen por qué.
Lo que sí conviene mirar no es una casilla suelta, sino el conjunto: un niño
que va bien en todo menos en una cosa está bien; uno que va justo en todas las
áreas a la vez es el que merece una conversación con el tutor.
Lo que no significa nada
Cosas que preocupan mucho y no son señal de nada a los cinco años:
- Escribir letras o números en espejo. Normal hasta los
siete. Es orientación espacial, no lectura.
- Confundir la b y la d. Lo mismo: la misma forma
girada.
- No leer todavía. No es un requisito de nada.
- Cambiar de mano al dibujar. La dominancia puede tardar
hasta los seis en fijarse.
- Ir por detrás de un compañero de enero. Se llevan casi un
año.
- No saberse los colores en inglés. Ni en español pasa
nada si falla alguno poco frecuente.
Cuándo sí merece preguntar
Nada de lo anterior es una alarma. Estas cosas sí valen una conversación con
el pediatra o con el tutor — no para asustarse, sino porque cuanto antes se
mira, más sencillo es todo:
- No se le entiende al hablar fuera de casa.
- No junta frases de varias palabras.
- No reconoce ninguna letra pese a haberlas visto durante meses.
- No consigue oír con qué empieza una palabra ni con ayuda.
- No cuenta cinco objetos tocándolos.
- No juega con otros niños de ninguna manera.
- Pierde cosas que ya hacía antes.
Cómo practicarlo jugando
A los cinco años lo que más rinde no es adelantar contenidos, es afianzar lo
que está a medio hacer. Tres juegos que cubren las tres áreas de arriba:
A contar para el conteo de verdad — tocar cada
objeto y decir el total, que es donde se ve si está asentado.
Primer sonido para el oído, que es lo que
prepara la lectura sin necesitar ninguna letra.
Y Qué viene después para el
razonamiento: encontrar la regla de una serie y seguirla es la misma operación
que hay debajo de clasificar y de ordenar.
Los tres duran menos de siete minutos, que es lo que un niño de cinco años
sostiene bien.
Qué imprimir
Para la mano, las fichas de
escribir las vocales
son lo que corresponde a esta edad: las cinco letras que llevan la voz de cada
sílaba, con el punto por donde se empieza.
Y para el rato de mesa con lápiz sin exigir letras,
une los puntos junta dos cosas a la
vez — repasar la serie de números y trazar líneas rectas — y termina en un
dibujo que se puede colorear y colgar.
Sobre cuándo empezar concretamente con las letras y qué señales mirar antes,
va este artículo.
Lo esencial
A los cinco años se espera lenguaje suelto, contar hasta diez de verdad,
pinza de tres dedos, series sencillas y bastante autonomía. Leer, escribir en
minúscula y sumar de cabeza no entran todavía.
Las letras en espejo, la b y la d cambiadas y no leer aún no significan nada a
esta edad. Lo que sí conviene consultar es que no se le entienda al hablar, que
no oiga los sonidos dentro de las palabras o que pierda algo que ya hacía. Y
sobre todo: la comparación con el compañero de clase es la peor vara de medir
que hay — puede llevarle casi un año.