Juegos y actividades

Cronometrar sin que sea un examen

Por El equipo de Kodomi Club · 6 de septiembre de 2026 · 8 min

Cronometrar sin que sea un examen

Un reloj puede arruinar un ejercicio o sostenerlo durante meses. Lo que decide es contra quién se compite.

Casi todo lo que se cronometra en el colegio se vive como un examen, y con razón: el tiempo se compara con el de los demás.

Una tabla de Schulte es lo contrario. El tiempo solo se compara con el propio de la semana pasada, y esa diferencia es lo que hace que el niño quiera repetir. En pantalla lo mismo lo hace Tablas de Schulte.

Qué es y qué entrena

Los números del 1 al 49 repartidos en desorden por una cuadrícula de siete por siete. Hay que tocarlos en orden lo más rápido posible.

Lo que entrena es el campo visual: ver una zona amplia de golpe en vez de recorrerla casilla por casilla.

Y de rebote, atención sostenida: cuarenta y nueve búsquedas seguidas sin distraerse es bastante más de lo que aguanta un ejercicio normal.

La vista quieta en el centro

Es la regla que hace que esto entrene algo, y sin ella la tabla es una lista de números desordenados.

La mirada se queda en el centro y los números se buscan con la visión periférica. Solo se mueve el dedo, no los ojos.

Cuesta al principio y se puede ayudar poniendo un punto en el centro para mirarlo. Con unas semanas sale sin pensar.

El reloj es el ejercicio

Sin cronómetro, una tabla de Schulte es una hoja de números y se abandona a la segunda. Con cronómetro, es un reto.

Se apunta el tiempo en la propia hoja, con la fecha. Ese registro es lo que sostiene las ganas durante meses.

Y no hace falta ningún premio: ver bajar el número es suficiente, porque el mérito es enteramente suyo.

Contra uno mismo, nunca contra otro

Es la única regla innegociable. En cuanto se comparan dos niños, el más lento deja de querer hacerlo, y aquí lo que importa es el número de repeticiones.

Con hermanos, cada uno lleva su hoja y su registro. Se pueden hacer a la vez, pero los tiempos no se comparan.

Un adulto puede hacerlo también, y eso ayuda: ver que a un mayor también le cuesta quita presión.

Dos por sesión y no más

A la tercera el tiempo empeora, y el niño acaba con la sensación de haber ido a peor cuando lo que pasa es que está cansado.

Dos tablas son tres o cuatro minutos en total. Es de los ejercicios con mejor relación entre lo que ocupa y lo que da.

Y conviene que sean dos distintas, no la misma dos veces: repetida se memoriza la posición de algunos números.

Cuándo hacerlo

Va muy bien al principio de una sesión de trabajo, como calentamiento: pone la atención en marcha en dos minutos.

Y va mal al final, cuando ya está cansado, porque el tiempo sale peor y estropea el registro.

Tres o cuatro veces por semana es un ritmo razonable. Todos los días acaba cansando.

Los tiempos que se pueden esperar

Con una tabla de cinco por cinco, un niño de siete años empieza por encima del minuto y baja bastante en pocas semanas.

Con siete por siete, los tiempos son mucho mayores y la mejora también se ve, pero más despacio.

Conviene no dar números de referencia: lo único que importa es el tiempo propio de la semana pasada.

Subir de tamaño

De cuatro por cuatro a cinco por cinco cuando los tiempos se estabilicen. De cinco a seis, y de seis a siete.

Al subir, el tiempo se dispara y eso conviene avisarlo antes: no se ha ido a peor, la tabla es más grande.

Sin ese aviso, el salto se vive como un retroceso y se abandona justo cuando empezaba a rendir.

Con el dedo o con la vista

Al principio, señalando con el dedo. Es más lento y ayuda a no perderse.

Después, solo con la vista y diciendo los números en voz alta. Es bastante más difícil y es donde el campo visual trabaja de verdad.

El paso de uno a otro llega solo cuando los tiempos con el dedo dejen de bajar.

Variantes cuando se agota

Al revés, del 49 al 1. Es más difícil porque la serie hacia atrás no está automatizada.

O alternando: uno por delante y uno por detrás. Esa versión es bastante dura y funciona bien a los nueve.

Y con letras en vez de números, que cambia lo suficiente como para que vuelva a apetecer.

Para qué sirve fuera de la hoja

Para leer: un campo visual amplio permite abarcar más palabras por fijación y por eso se lee más rápido.

Para copiar de la pizarra, que es donde muchos niños pierden tiempo mirando letra por letra.

Y para buscar cualquier cosa en una lista, un índice o un horario, que es lo mismo con otro material.

Lo que no hay que hacer

Convertirlo en deberes. Es un ejercicio de dos minutos que funciona porque apetece, y en cuanto se manda deja de apetecer.

Y comentar los tiempos malos. Un día se tarda más y no significa nada; señalarlo hace que el registro se viva como una nota.

Lo que sí conviene es celebrar cuando baja, con la hoja delante y sin exagerar.

Apuntarlo en la misma hoja

La fecha y el tiempo escritos al lado de cada tabla convierten hojas sueltas en un registro que se puede mirar.

Al mes hay ocho o diez tiempos y la bajada se ve de un vistazo, sin que nadie tenga que decir que ha mejorado.

Y guardarlas juntas en una funda hace que se relean solas, que es la mejor manera de que el niño quiera hacer la siguiente.

Qué edad

De cuatro por cuatro, desde los cinco o seis, en cuanto reconozca los números hasta el dieciséis.

De cinco por cinco, desde los seis o siete. De seis y de siete por siete, desde los ocho.

Y a cualquier edad como calentamiento: es de los pocos materiales que sirven igual a los seis y a los doce.

Antes y después de esto

Qué son las tablas de Schulte y cómo se empiezan está en las tablas de Schulte. Y por qué mirar sin mover los ojos cambia la lectura, en mirar sin mover los ojos.

Cómo practicarlo jugando

Tablas de Schulte es la versión en pantalla, con el cronómetro llevado por el propio juego.

Encuentra el objeto trabaja la búsqueda visual amplia y Recuerda la secuencia la atención sostenida.

Qué imprimir

Las Tablas de Schulte de siete son tres cuadrículas de cuarenta y nueve números con sitio para apuntar el tiempo.

Para empezar más pequeño, las Tablas de Schulte. Y para otra búsqueda cronometrable, la Encuentra las diferencias: difícil.

Lo esencial

  • La vista quieta en el centro y solo el dedo moviéndose: sin eso, la tabla es una lista de números.
  • El cronómetro no es un juez: es el motor. Sin él, la hoja se abandona a la segunda.
  • Contra uno mismo y nunca contra otro. Con hermanos, cada uno con su hoja y su registro.
  • Dos tablas por sesión: a la tercera el tiempo empeora y parece un retroceso.
  • Al subir de tamaño, avisar de que el tiempo se dispara. Si no, el salto se vive como ir a peor.

Para practicarlo jugando

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