Lectura y lenguaje

La b y la d: las letras que se dan la vuelta

Por El equipo de Kodomi Club · 3 de septiembre de 2026 · 8 min

La b y la d: las letras que se dan la vuelta

Un niño que confunde la b con la d no ve mal. Está aplicando algo que vale para todo lo demás del mundo menos para las letras.

Un niño de seis años lee «bado» donde pone «dado» y el adulto se preocupa. Casi nunca hay motivo: está haciendo algo perfectamente razonable.

Toda su vida, una silla girada ha seguido siendo una silla. Las letras son lo primero que se encuentra donde girar una cosa la convierte en otra distinta.

Por qué pasa

Porque el cerebro está entrenado desde bebé para reconocer objetos independientemente de cómo estén puestos. Una taza de perfil, del revés o de lado sigue siendo una taza.

Esa habilidad es utilísima y es exactamente la que estorba con la b y la d, que son el mismo dibujo mirando a un lado o a otro.

Por eso pasa con b, d, p y q, y también con el 6 y el 9. Y por eso no pasa con la m o la s, que no tienen gemela.

Lo que hay que aprender no es a ver mejor: es una excepción a una regla que funcionaba. Y eso lleva su tiempo.

Hasta cuándo es normal

Hasta los siete años, con tranquilidad. Es de las cosas más frecuentes en primero de primaria y se resuelve sola en la mayoría de los casos.

A partir de los siete y medio o los ocho, si sigue pasando a menudo y en las mismas letras, ya conviene mirarlo con más atención.

Lo que sí merece observarse antes es la frecuencia: no es lo mismo confundirlas de vez en cuando al escribir deprisa que no distinguirlas nunca.

Y conviene no llamarle la atención cada vez. Un niño al que se le corrige veinte veces al día empieza a evitar esas letras.

Lo que hay que trabajar primero

No es la letra: es la forma. Antes de nada, distinguir dibujos girados y reflejados.

Buscar entre varios dibujos iguales el que está del revés. Encontrar diferencias entre dos imágenes casi idénticas. Comparar figuras que solo se distinguen por la orientación.

Eso es Encuentra las diferencias y Encuentra el objeto, y no lo parece pero es exactamente el mismo trabajo.

Con eso rodado, distinguir dos letras es un caso más y cuesta bastante menos.

Los trucos que sí funcionan

La cama. Con los dos puños cerrados y los pulgares arriba, se forma «bed» en inglés: la b a la izquierda y la d a la derecha, como la cabecera y los pies. Sirve igual en español.

La panza. La b tiene la panza a la derecha, mirando hacia donde se escribe. La d la tiene a la izquierda.

La palabra ancla. Se elige una palabra que el niño sepa segurísimo con cada letra —«dedo», «bota»— y se recurre a ella ante la duda.

El que funcione depende del niño, así que conviene probar los tres y quedarse con uno solo. Tres trucos a la vez confunden más que ninguno.

Escribirlas es más fácil que leerlas

Es un detalle práctico que conviene aprovechar: al escribir hay un movimiento, y el movimiento se recuerda.

La b empieza con una raya de arriba abajo y después la panza. La d empieza por la panza y después la raya. Son dos gestos distintos.

Por eso trazarlas con el dedo en la mesa, o en arena, ayuda más que mirarlas. La mano distingue lo que el ojo confunde.

Y por eso conviene enseñarlas en momentos distintos: la b bien asentada antes de tocar la d. Enseñarlas juntas para «comparar» es la manera más eficaz de mezclarlas.

Lo que no hay que hacer

Ponerlas juntas en la misma hoja el primer día. Se aprenden por separado y se comparan cuando cada una esté.

Corregir cada vez. Se corrige una de cada tres, y siempre señalando la letra sin decir cuál es.

Ponerle una etiqueta delante. A los seis años esto es lo normal, y nombrarlo como un problema hace daño a algo que se va a resolver solo.

Repetir la palabra entera. Si lee «bado», no sirve decir «dado» diez veces: sirve tapar la primera letra y mirarla sola.

Cuándo consultar

Merece mirarlo con un profesional si a los ocho años sigue pasando a diario, y sobre todo si viene con otras cosas.

Que le cueste mucho aprenderse el orden de los días o de los meses. Que confunda izquierda y derecha bastante más que sus compañeros. Que la lectura vaya muy por detrás del resto de la clase.

Ninguna de esas cosas por separado significa nada. Juntas y a los ocho años, sí conviene preguntar.

Y preguntar no es diagnosticar: es que alguien que ve muchos niños diga si esto entra dentro de lo esperable a esa edad.

Las otras letras que se confunden

No son solo la b y la d, y conviene saber cuáles vigilar.

p y q. El mismo problema, y menos frecuentes en español, así que se trabajan después.

b y v al oído. Es otra cosa completamente distinta: ahí no hay giro, hay dos letras que suenan igual.

m y n. Se parecen por el número de patas, no por el giro, y se distinguen contando.

El 6 y el 9. El mismo caso que la b y la d, y se trabaja igual — está en El orden de las letras.

El renglón y el dedo

Hay una parte del asunto que no es de letras y que a veces lo explica entero: perder el sitio en la línea.

Un niño que va saltando de renglón lee palabras sueltas de sitios distintos, y entre eso y las letras parecidas la frase acaba sin sentido.

Se arregla con algo muy tonto: el dedo debajo de la línea, o una cartulina tapando lo de abajo. Y no es una muleta que haya que quitar deprisa: se retira sola cuando deja de hacer falta.

Conviene probarlo antes de sacar conclusiones sobre las letras. Bastantes lecturas que parecían un problema de b y d mejoran mucho con el dedo puesto.

Leer despacio a propósito

Estas confusiones se disparan con la velocidad, y eso da una pista útil: si lee despacio y no falla, el problema no es de reconocer las letras.

Un niño que quiere leer rápido —porque le sale, o porque compara con otros— adivina las palabras por la primera letra y la forma general. Con «bota» y «dota» eso falla.

La manera de decirlo sin desanimar es enmarcarlo como una opción y no como una corrección: «esta la vamos a leer despacio, que tiene trampa».

Y leer en voz alta ayuda por lo mismo: obliga a pasar por cada palabra en vez de saltar de una a otra.

Cómo practicarlo jugando

Encuentra las diferencias entrena comparar dos imágenes casi iguales, que es la base de todo esto.

Encuentra el objeto trabaja la búsqueda ordenada, y Letra que falta el fijarse en cada letra de la palabra.

Cinco minutos. Y una letra por sesión, no dos.

Qué imprimir

Busca la letra pide encontrar todas las de una letra entre otras muy parecidas: la B entre D, P, R y E. Una letra por hoja, a propósito.

Escribir las mayúsculas trabaja el trazo, que es lo que la mano recuerda cuando el ojo duda.

Y Encuentra las diferencias para la fase previa, sin letras de por medio.

Lo esencial

Confundir la b y la d no es ver mal: es aplicar a las letras algo que vale para todo lo demás, porque una silla girada sigue siendo una silla y una b girada no. Hasta los siete años es normal y se resuelve sola casi siempre. Se trabaja primero sin letras, comparando dibujos girados, y después una letra cada vez, nunca las dos juntas el primer día. Escribirlas ayuda más que mirarlas, porque el movimiento se recuerda. Y a los ocho, si sigue a diario y viene con otras cosas, conviene preguntar.

Para saber más, las fuentes

  • Dislexia — Asociación Española de Pediatría (En Familia)

Para practicarlo jugando

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