Lectura y lenguaje

La hache, la ka y las letras que casi no salen

Por El equipo de Kodomi Club · 2 de septiembre de 2026 · 8 min

La hache, la ka y las letras que casi no salen

Nueve letras que casi no salen en las primeras lecturas y que después hacen falta. Por qué se dejan para el final y cuál de ellas da de verdad problemas.

Cuando un niño ya lee palabras sencillas quedan nueve letras que no ha visto casi nunca: la hache, la jota, la ka, la cu, la uve doble, la equis, la i griega, la zeta y la eñe.

Se dejan para el final a propósito — salen poquísimo en las primeras lecturas —, pero cada una tiene su propia peculiaridad, y saberlas de antemano ahorra bastantes explicaciones improvisadas.

Para presentarlas de una en una y con su sonido, Aprende las letras hace el trabajo de repetición que estas necesitan más que ninguna: al salir poco, hay que forzar los encuentros.

La hache: la que no suena

Es la más rara del abecedario español y conviene contarla tal cual: está escrita y no se lee. No hace ningún ruido.

Para un niño que acaba de entender que cada letra suena, eso es desconcertante y merece una explicación honesta: hace muchos años sí sonaba, y se ha quedado escrita aunque ya no se oiga. Con esa frase basta.

El problema práctico llega al escribir: como no suena, no hay manera de saber que está ahí. «Hola» y «ola» suenan igual. Eso no se resuelve con reglas — se resuelve viendo la palabra escrita muchas veces, que es como se guarda casi toda la ortografía española.

Y hay una excepción que sí conviene enseñar pronto: la hache con la ce forma la ch, y ahí sí suena. Es otra letra, no una hache con acompañante.

La cu, que nunca va sola

La cu siempre lleva una u detrás y esa u no se lee: que, qui. Nunca hay qa, qo ni qi.

Es una de las pocas reglas del español que no tiene excepciones, y por eso se puede enseñar como tal: la cu viene con su u pegada, forman un equipo y solo salen con e y con i.

El lío no está en la cu sino en su relación con la ce: casa, queso. El mismo sonido escrito de dos maneras según la vocal que venga después. Es de las cosas que más faltas de ortografía producen en primero, y se trabaja leyendo las dos seguidas para que el oído se acostumbre a decidir por la vocal.

La ka, la uve doble y la equis: las prestadas

Estas tres casi no aparecen en palabras españolas de verdad.

La ka sale en kilo, koala y poco más — casi todo son palabras que vienen de otros idiomas. Y hace el mismo sonido que la ce con a, o, u, así que no añade nada nuevo al oído.

La uve doble es directamente extranjera: wifi, waterpolo, web. Ninguna palabra patrimonial española la lleva, y por eso puede esperar sin ningún problema.

La equis es un caso curioso: vale por dos sonidos juntos —ks—, y por eso «taxi» tiene cuatro letras y cinco sonidos. Eso descoloca al contar sonidos, y merece señalarlo si el niño está trabajando conciencia fonológica.

La zeta y la ce: lo que depende de dónde se viva

Aquí hay algo que conviene decir sin rodeos, porque afecta a la mitad de los lectores.

En buena parte de España la zeta y la ce ante e, i suenan distintas de la ese —zapato, cielo—. En Canarias y en toda Hispanoamérica suenan igual que la ese, y eso se llama seseo y es igual de correcto.

La consecuencia práctica es distinta según dónde: donde se distingue, el oído ayuda a escribir bien. Donde se sesea, no ayuda nada — «casa» y «caza» suenan idénticas — y esas palabras hay que guardarlas por la vista, igual que pasa con la be y la uve en todas partes, contado en La b y la v suenan igual.

La eñe, que es nuestra

Es la única letra que el español no comparte con casi nadie, y a los seis años eso les hace gracia: no está en los teclados de fuera, no está en el abecedario inglés.

Lo práctico es que la rayita de encima —la virgulilla— es lo que la distingue de la ene, y se olvida constantemente al escribir. Merece la pena tratarla como parte de la letra y no como un adorno: la eñe se escribe con la rayita, igual que la i se escribe con el punto.

Y aparece bastante más de lo que su fama sugiere: niño, año, mañana, pequeño, señor. Son palabras del día a día, así que esta sí conviene no dejarla para el final del todo.

La i griega, que cambió de nombre

Un detalle que confunde a los adultos más que a los niños: la Academia recomienda llamarla «ye», aunque casi todo el mundo diga «i griega». Las dos se entienden y no hay que hacer campaña por ninguna.

Lo que sí importa es que hace dos cosas: suena como una i cuando va sola —«y» la conjunción, «hoy»— y suena distinta cuando va con vocal: ya, yo, ayuda. Eso se aprende con ejemplos y no con reglas.

La ge y la jota, el lío que sí da problemas

No están en la lista de las raras porque salen bastante, pero merecen aparecer aquí porque son la fuente número uno de faltas de ortografía en primaria.

La ge suena de dos maneras: suave con a, o, u —gato, goma— y fuerte con e, i —gente, gira—. Y esa segunda suena exactamente igual que la jota: «gente» y «jefe» empiezan con el mismo sonido escrito de dos formas.

Eso significa que el oído no ayuda. Al escribir «girasol» no hay manera de saber si va con ge o con jota, y esas palabras hay que guardarlas por la vista, igual que las de la hache.

Lo que sí se puede enseñar como regla es lo otro: para que la ge suene suave ante e o i hay que meterle una u —guerra, guitarra— y esa u no se lee, igual que en «que». Es la misma solución que el español aplica dos veces.

En qué orden se meten estas nueve

No todas a la vez ni en cualquier momento. Hay dos que conviene adelantar y el resto puede esperar tranquilamente.

La eñe primero, porque sale en niño, año, mañana y pequeño — palabras del día a día que un niño quiere escribir pronto.

Después la hache, porque aparece en hola, hoy y hermano, y porque cuanto antes se entienda que hay letras mudas, menos sorpresa da luego.

La cu y la jota van con las reglas de ortografía cuando toquen. Y la ka, la uve doble, la equis y la i griega pueden esperar a que aparezcan solas en alguna palabra que le interese: no hay ninguna prisa y forzarlas es gastar el rato en lo menos rentable.

Cómo practicarlo jugando

Aprende las letras fuerza los encuentros que estas letras no tienen por su cuenta.

Letra que falta es especialmente útil aquí: obliga a mirar la palabra entera y notar el hueco, que es como se detecta una hache olvidada.

Y Forma la palabra trabaja el sentido contrario, componer, que es donde de verdad se ve si la ortografía de estas letras está.

Cinco minutos. Y cuando aparezca una de estas en un cartel o en un envase, señalarla: al salir poco, cada encuentro cuenta doble.

Qué imprimir

Las letras que salen menos las reúne todas: h, j, k, q, ñ en una hoja, w, x, y, z en otra, y las mayúsculas de las más difíciles en la tercera. Con modelo, contorno para repasar y renglón libre.

Van después de Escribir las consonantes y de Escribir más consonantes, que traen los dos grupos que sí salen a diario.

Para la parte de ortografía —qué letra va aunque no se oiga—, Sopa de letras: buscar una palabra obliga a mirar cómo está escrita, que es como se guarda por la vista.

Lo esencial

Nueve letras salen poquísimo al empezar a leer y por eso van al final, pero cada una tiene lo suyo. La hache no suena y por tanto no se puede deducir: se guarda por la vista. La cu nunca va sin su u y solo aparece con e y con i. La ka, la uve doble y la equis son casi todas palabras prestadas. La zeta suena distinta o igual que la ese según dónde se viva, y eso cambia si el oído ayuda a escribir. Y la eñe, que sale mucho más de lo que parece, se escribe con la rayita igual que la i con el punto.

Para saber más, las fuentes

Para practicarlo jugando

Seguir leyendo