Hay un momento raro en el que un niño ya lee todas las palabras de una frase y
sigue sin saber qué dice la frase. Descifra bien, palabra por palabra, y al
llegar al punto no queda nada — se le ha ido el principio mientras resolvía el
final.
Eso no es un fallo de comprensión. Es que descifrar todavía le cuesta
atención, y la atención que gasta ahí se la quita al significado. La lectura de
verdad empieza cuando descifrar deja de costar.
Las tres fases, y en cuál está
Descifra. Junta las letras y saca la palabra, despacio y en
voz alta. Puede leer cualquier cosa y no entiende casi nada de lo que lee. Es
normal y dura meses.
Lee palabras. Las conocidas ya salen enteras, de un golpe,
sin ir letra a letra. Las nuevas todavía se descifran. Aquí empieza a haber
comprensión, pero solo en frases cortas.
Lee. El descifrado es automático y toda la cabeza está en lo
que dice. Solo entonces se puede leer para enterarse de algo.
La comprobación es sencilla y no hace falta ninguna prueba: se le pide que lea
una frase corta y después, sin mirar, que cuente qué decía. Si puede, está en la
tercera fase. Si lee bien y no recuerda, está en la primera o la segunda — y
entonces lo que toca no es comprensión lectora sino más soltura.
Para esa soltura, lo que funciona es leer muchas palabras conocidas deprisa:
Leer por sílabas es exactamente ese
trabajo, y en español rinde mucho porque nuestra ortografía es regular.
Qué texto vale para las primeras veces
Casi cualquier libro infantil está pensado para que lo lea un adulto en voz
alta, y por eso falla como primera lectura. Lo que hace falta es distinto:
Frases muy cortas. De tres a cinco palabras. Si la frase no
cabe en la memoria mientras se descifra, no hay comprensión posible.
Letra grande y separada. Con líneas espaciadas. El salto de
renglón es un obstáculo real al principio, y una tipografía apretada hace que se
pierda la línea.
Palabras conocidas. Que las haya oído mil veces. La primera
lectura no es el sitio para vocabulario nuevo: bastante tiene con el
descifrado.
Dibujo que apoye, sin resolverlo todo. Si el dibujo cuenta la
frase entera, no hace falta leer. Si no hay dibujo, no hay descanso. El punto
medio es un dibujo que confirme lo que se acaba de leer.
Muy poco por página. Una o dos frases. Pasar página es un
premio, y a esta edad los premios frecuentes sostienen.
Lo que lo estropea
Corregir cada error. Si se interrumpe en cada sílaba
titubeante, la frase nunca llega entera y la comprensión no aparece. Mejor dejar
llegar al punto y comentar después — y muchas veces se corrige solo.
Hacer preguntas de examen. «¿De qué color era el gato?»
convierte la lectura en una prueba. Preguntar por lo que a uno le interesa de
verdad —«¿y por qué se fue?»— es otra cosa completamente distinta.
Leer demasiado rato. Cinco minutos al principio. Descifrar
cansa muchísimo, más de lo que parece desde fuera, y un niño agotado lee peor
cada línea que pasa.
Dejar de leerle en voz alta. Es el error más común en cuanto
un niño empieza a leer solo. Se necesitan las dos cosas durante años: lo que lee
él es sencillo por fuerza, y lo que le leen es donde está el vocabulario y las
historias que le importan.
La lectura compartida, que resuelve casi todo
El formato que mejor funciona en esta etapa es leer a medias.
El adulto lee la página y el niño lee la última frase. O el adulto lee todo
menos los diálogos. O una frase cada uno. El niño lee poco —lo que puede— y el
cuento avanza al ritmo de una historia de verdad, no al de un ejercicio.
Eso quita la parte más dura: la sensación de que quedan cuarenta páginas y va
por la segunda. Y mantiene lo que importa, que es que leer sirva para
enterarse de algo bueno.
Cuándo empieza esto
En español, antes que en casi cualquier otro idioma, y por un motivo
concreto: nuestra ortografía es regular. Cada letra suena casi siempre igual, así
que descifrar se automatiza en meses y no en años.
Con las sílabas directas dominadas —hacia los cinco o seis años— ya se pueden
leer frases sencillas. La fase de descifrar dura entre seis meses y un año, y a
los siete la mayoría lee de corrido lo que está a su nivel.
Comparar entre niños aquí es especialmente inútil: la diferencia entre uno que
arranca a los cinco y otro a los seis y medio desaparece por completo en tercero,
y no predice nada. Sobre el método y por dónde se empieza está Cómo enseñar a leer por
sílabas.
Leer en voz alta o en silencio
Al principio no hay elección: se lee en voz alta porque el niño necesita
oírse para juntar las sílabas. La voz forma parte del método.
Hacia los siete u ocho empieza a poder leer en silencio, y ahí aparece una
duda razonable: si se le deja, ¿está leyendo de verdad o pasando páginas? La
respuesta es que las dos maneras hacen falta, y por motivos distintos.
En voz alta se ve cómo va el descifrado y se corrige la entonación, que no es
un adorno: leer respetando los puntos es lo que permite entender la frase. En
silencio se lee mucho más deprisa y se aguanta mucho más rato, así que es donde
de verdad se lee un libro entero.
El equilibrio práctico: un rato corto en voz alta con un adulto delante y el
resto en silencio y a su aire. Y no convertir lo de en voz alta en el único
formato, porque es el que cansa.
Cuando se atasca en una palabra
Es el momento en que más se estropea la lectura, y hay una manera y muchas
malas.
Lo que no funciona: decirle la palabra al segundo, deletrearla, o pedirle que
la mire mejor. Lo primero le quita el trabajo, lo segundo le devuelve a
descifrar letra a letra y lo tercero no da ninguna información.
Lo que sí: esperar tres o cuatro segundos en silencio —son muchos más de los
que parece cuando uno está al lado—, y si no sale, tapar la palabra dejando solo
la primera sílaba. Con esa sílaba y el sentido de la frase, la mayoría de las
veces la saca sola.
Y si aun así no sale, se dice y se sigue. Parar una lectura tres minutos por
una palabra hace más daño que la palabra.
Cómo practicarlo jugando
Leer por sílabas es el que da soltura:
muchas repeticiones de sílabas conocidas, que es lo que automatiza el
descifrado.
Forma la palabra trabaja el sentido
contrario —componer en vez de descomponer—, y eso consolida la relación entre
sonido y letra desde el otro lado.
Y Letra que falta obliga a mirar la
palabra como una unidad, que es justo lo que hace un lector con soltura y lo
contrario de ir letra a letra.
Cinco minutos. Y lo que más rinde no está en la pantalla: es leer una frase de
verdad, en un cuento de verdad, cada día.
Qué imprimir
Sopa de letras para
empezar encaja bien en este momento, y por un motivo que no es evidente: hay
que leer la lista de palabras antes de buscarlas, así que se leen cinco palabras
por rejilla sin que parezca leer. Con palabras cortas y solo en horizontal y
vertical.
Tablas de sílabas es la base
de todo esto y conviene tenerla a mano — está explicado cómo se usa en La tabla de sílabas.
Crucigrama con dibujos
junta leer y escribir en un formato que se acaba: se ve el dibujo, se busca la
palabra y se escribe.
Y Colorea por sílabas para
los días en que no apetece leer: se leen cien sílabas sin darse cuenta, porque
lo que interesa es ver qué dibujo sale.
Lo esencial
Descifrar y leer son fases distintas, y en medio hay un tramo largo en que el
niño lee todas las palabras y no retiene la frase — porque descifrar todavía le
ocupa la cabeza entera. La comprobación es pedirle que cuente qué decía sin
mirar. Para las primeras lecturas hacen falta frases de tres a cinco palabras,
letra grande y palabras que ya conozca. No hay que corregir cada titubeo ni
convertirlo en examen, y sobre todo no hay que dejar de leerle en voz alta:
las dos cosas hacen falta durante años.