Ordenar alfabéticamente parece pedir que se sepa el abecedario de memoria, y por eso se practica recitándolo. No es eso lo que hace falta.
Lo que hace falta es una regla que casi nunca se dice en voz alta: las palabras se comparan letra a letra, y decide la primera que no coincide. Reconocer las letras es el paso previo y lo trabaja Aprende las letras; ordenar es lo que viene después.
La regla, dicha entera
Se miran las primeras letras de las dos palabras. Si son distintas, ya está decidido. Si son iguales, se pasa a las segundas, y así.
«Casa» y «carro» empatan en la ce y en la a. Lo decide la tercera: la ese va después de la erre, así que carro va antes.
Dicha así, en treinta segundos, la regla se entiende. Sin decirla, el niño ordena por intuición y falla justo en las que empatan.
El abecedario delante, no en la cabeza
Tener la tira de letras impresa arriba de la hoja no es hacer trampa: es lo que hay que aprender a usar.
Buscar dos letras en la tira y ver cuál está más a la izquierda es el gesto exacto que después se hace con el diccionario abierto.
Con el tiempo la tira sobra, y sobra sola. Retirarla antes de tiempo solo produce bloqueos.
Las que empatan son el ejercicio
Ordenar «pera, luna, sol, casa» es fácil porque todas empiezan por letras distintas. Ahí se practica el abecedario y poco más.
El ejercicio de verdad son las parejas que empiezan igual: mesa y mano, tren y trigo, río y risa. Ahí hay que ir a la segunda o a la tercera letra.
Conviene hacer primero las fáciles para coger el método y después las difíciles, y no mezclarlas el mismo día.
La eñe y las tildes
La eñe va después de la ene y antes de la o. Es lo único raro del abecedario español y basta con señalarlo en la tira.
Las vocales con tilde valen por la vocal sin ella: «árbol» se ordena como si fuera «arbol». En el diccionario van juntas.
La che y la elle ya no son letras aparte desde hace décadas: «chico» va dentro de la ce. Vale la pena decirlo porque los abuelos lo aprendieron al revés.
Lo mismo que ordenar números
Comparar 372 y 358 se hace igual: primera cifra, empatan; segunda cifra, siete contra cinco, decidido.
Es literalmente el mismo procedimiento, y conviene nombrarlo. Un niño que lo ve en los dos sitios entiende que no está aprendiendo dos cosas, sino una.
De hecho, quien ordena bien palabras suele ordenar bien números de tres cifras, y al revés. Cuando uno falla, merece la pena mirar el otro.
Copiar en orden, no solo numerar
Poner números encima de las palabras revueltas es más rápido y enseña menos. Copiarlas en orden obliga a mirarlas otra vez.
Y de paso se practica la copia, que a los siete y ocho años sigue haciendo falta. Dos ejercicios en el mismo rato.
Si la mano se cansa, mejor tres grupos de seis que seis grupos de tres: se aprovecha mejor el arranque.
Para qué sirve de verdad
Sin orden alfabético no se puede buscar nada: ni en un diccionario, ni en un índice, ni en una lista de clase, ni en la agenda del móvil.
Decirlo cambia la actitud ante la hoja. No se está ordenando por ordenar: se está aprendiendo a encontrar cosas.
Enseñar el índice de un libro y buscar juntos una palabra es la manera más rápida de que eso se entienda.
La lista de la compra
Un ejercicio doméstico que funciona: escribir la lista de la compra en orden alfabético.
Es raro, es inútil y por eso mismo divierte. Y hace exactamente lo que hace la hoja, con la ventaja de que las palabras las elige él.
Lo mismo con los nombres de la clase, los de la familia o los de los equipos de fútbol.
Cuando se atasca
Casi siempre es en las que empatan, y casi siempre porque compara la palabra entera de un vistazo en vez de ir letra a letra.
La ayuda que desatasca: tapar todo menos la primera letra de las dos, decidir, y destapar la siguiente si hacía falta.
Hecho así dos o tres veces, el método se instala y ya no se pierde.
Qué edad
Desde los siete, con palabras que empiezan por letras distintas. Ese primer nivel es casi un juego.
Las que empatan en la primera letra, desde los siete u ocho. Las que empatan en dos, desde los ocho.
Y las palabras guía del diccionario, desde los ocho o nueve, cuando ya haya un diccionario de verdad en casa.
Un juego para el coche
Sin papel: uno dice dos palabras y el otro contesta cuál va antes. Se puede jugar en cualquier sitio y dura lo que haga falta.
La gracia está en elegir parejas que empaten: «plato y plaza», «carta y carne». Ahí es donde se piensa.
Y se puede subir el nivel pidiendo tres palabras en orden, que ya obliga a comparar dos veces.
Lo que no hace falta
Aprenderse el abecedario de carrerilla no es un requisito. Ayuda, pero se puede ordenar perfectamente con la tira delante.
Tampoco hacen falta listas de veinte palabras: seis por grupo es lo razonable y lo que se copia sin que la mano se resienta.
Y no hace falta insistir todos los días. Es una técnica, no una automatización: cuando se entiende, se queda.
Ordenar por la segunda letra a propósito
Un ejercicio que sube el nivel sin cambiar de material: dar seis palabras que empiecen todas por la misma letra y pedir que se ordenen.
Ahí la primera letra deja de dar información y hay que trabajar siempre con la segunda, que es lo que en las hojas normales solo pasa de vez en cuando.
Con nombres de la clase funciona muy bien, porque hay varios que empiezan igual y el resultado se puede comprobar con la lista del colegio.
Cuánto por sesión
Tres grupos de seis palabras, o diez parejas. Son diez minutos y da tiempo a copiar con la letra cuidada.
Conviene separar en dos días la parte de ordenar grupos y la de decidir parejas: son dificultades distintas y juntas cansan.
Y volver un par de veces al mes, sobre todo si hay un diccionario cerca donde aplicar lo aprendido.
Antes y después de esto
Lo que viene después, con un diccionario abierto delante, está en buscar en el diccionario. Y el mismo procedimiento aplicado a números, en comparar números de dos cifras.
Cómo practicarlo jugando
Aprende las letras asienta el reconocimiento, que es lo que hay que tener antes de poder ordenar nada.
Forma la palabra obliga a colocar las letras en un orden concreto y Letra que falta afina la atención a la posición de cada una.
Qué imprimir
Orden alfabético son dos hojas de grupos para copiar en orden y una de parejas que empatan en la primera letra, con el abecedario impreso y las soluciones.
El paso siguiente es Usar el diccionario, con las palabras guía. Y para el reconocimiento previo, Busca la letra.
Lo esencial
- Se compara letra a letra y decide la primera que no coincide. Esa regla, dicha en voz alta, es todo el ejercicio.
- El abecedario impreso arriba no es trampa: usarlo es exactamente lo que se hace con el diccionario abierto.
- Las palabras que empatan en la primera letra son el ejercicio de verdad; las demás son calentamiento.
- Es el mismo procedimiento que ordenar 372 y 358, y conviene decirlo: no son dos cosas, es una.
- Copiar en orden enseña más que numerar las palabras revueltas.