Un niño con un diccionario delante hace casi siempre lo mismo: lo abre por la mitad y empieza a pasar hojas de una en una. Tarda cinco minutos y acaba harto.
Le falta una técnica que se enseña en un cuarto de hora: las dos palabras de arriba de cada página dicen qué hay dentro. Con eso, cualquier palabra se encuentra en tres saltos. El vocabulario para buscar lo va dando En una palabra.
Abrir el diccionario primero
Antes de cualquier hoja conviene abrir uno de verdad y enseñarle las dos palabras de arriba. Sin haberlas visto, el ejercicio no significa nada.
Con haberlas visto una vez, se entiende en diez segundos: esa página empieza en la de la izquierda y acaba en la de la derecha.
Es de las pocas cosas que se explican mejor con el objeto en la mano que con cualquier dibujo.
Las dos mitades del razonamiento
Para que una palabra esté en esa página tienen que cumplirse dos cosas: ir después de la de la izquierda y antes de la de la derecha.
Los fallos casi siempre son de comprobar solo una. Se ve que «cesta» va después de «casa» y se da por hecho que cabe, sin mirar que la página acaba en «cielo».
Conviene pedir las dos comprobaciones en voz alta las primeras veces: «después de casa, sí; antes de cielo, sí».
Los tres saltos
La técnica completa: abrir por donde caiga, leer las palabras guía, decidir si hay que ir hacia delante o hacia atrás, y saltar un buen puñado de páginas.
Repetido tres veces, se llega. Pasar hojas de una en una es lo que hay que desaprender.
Ayuda saber por dónde va cada letra en el volumen: la eme está por la mitad, la ese en el último tercio. Eso se coge en una tarde.
Cronometrar, pero de la manera buena
Buscar cinco palabras con reloj y apuntar el tiempo convierte el ejercicio en un reto contra uno mismo, no contra nadie más.
La semana siguiente se repite con otras cinco y se compara. La mejora se ve enseguida y es lo que engancha.
Lo que no funciona es competir entre hermanos: el que va más lento deja de querer buscar, y aquí lo que importa es el número de búsquedas.
Qué diccionario
Uno de papel y escolar. Los de adulto tienen la letra diminuta y definiciones que no se entienden, y el resultado es que se abandona.
El de papel es el que enseña la técnica; el del móvil resuelve la duda pero no entrena nada, porque no hay que buscar.
Conviene que esté a mano, no guardado. Un diccionario en la estantería alta se consulta cero veces.
Leer la definición entera
Encontrada la palabra, queda la otra mitad: entender lo que pone. Las definiciones están escritas en un estilo raro y hay que acostumbrarse.
Ayuda leerlas en voz alta y después decirlas con palabras propias. Si no sabe decirla con las suyas, no la ha entendido.
Y ayuda mirar el ejemplo, que casi siempre aclara más que la definición.
Las palabras con varios significados
«Banco» sale con tres o cuatro acepciones numeradas, y elegir la que toca es un ejercicio en sí mismo.
La pista está en la frase donde apareció la palabra. Leerla otra vez y comparar con cada acepción es exactamente lo que se hace al usar un diccionario de verdad.
Es también la primera vez que ve que una palabra no significa una sola cosa, y esa idea da para mucho.
Cómo se busca un verbo
«Corriendo» no está en el diccionario; está «correr». Eso hay que decirlo, porque no se deduce.
Los verbos se buscan en infinitivo, los sustantivos en singular y los adjetivos en masculino singular. Tres reglas y ya está.
Sin ellas, el niño busca «gatos» o «altas», no lo encuentra y concluye que el diccionario no sirve.
Cuándo usarlo y cuándo no
No para cada palabra desconocida de un texto: eso mata la lectura. Primero se intenta deducir por el contexto y solo se busca si sigue sin entenderse y es importante.
Sí para las palabras que van a volver, para las que se han encontrado dos veces la misma semana y para las que se quieren usar al escribir.
Esa distinción es la que hace que el diccionario se use, en vez de convertirse en un castigo.
Un juego con el diccionario
Uno lee una definición sin decir la palabra y los demás adivinan. Funciona con cualquier edad y con cualquier número de jugadores.
La versión difícil es al revés: se da la palabra y cada uno escribe una definición inventada; después se leen todas mezcladas con la real.
En las dos hay que leer definiciones con atención, que es justo lo que cuesta.
Qué edad
Desde los ocho, cuando el orden alfabético esté hecho y las palabras que empatan en dos letras no atasquen.
Antes se puede usar el diccionario con ayuda, buscando el adulto y leyendo el niño. Eso ya enseña para qué sirve.
Y a los nueve conviene que sea automático: es la edad en la que empiezan a mandar buscar palabras en el colegio.
Los índices, que son lo mismo
Lo que se aprende aquí sirve para el índice de un libro, para una guía telefónica y para cualquier lista ordenada.
Enseñar el índice de un libro de texto y buscar un tema por su letra hace la conexión en un minuto.
También el buscador del navegador funciona por otro camino, y decirlo ayuda: no todo se busca igual, y saber cuál toca es parte de la técnica.
Anotar lo que se busca
Un cuaderno pequeño donde apuntar las palabras buscadas, con la fecha, cambia bastante el asunto.
Primero porque se ven: al mes hay treinta palabras nuevas escritas de su puño y letra, y eso convence más que cualquier elogio.
Y segundo porque se pueden repasar. Una palabra buscada y nunca vuelta a mirar se olvida en una semana; releída dos veces, se queda.
Cuánto por sesión
Cinco búsquedas cronometradas, o una hoja de palabras guía. Diez minutos como mucho.
Lo que rinde no es la cantidad, es la frecuencia: dos veces por semana durante un mes deja la técnica puesta para siempre.
Y después basta con que el diccionario siga estando a mano cuando haga falta.
Antes y después de esto
El paso previo, que es ordenar palabras que empatan en la primera letra, está en poner palabras en orden. Y qué hacer con la definición una vez encontrada, en el artículo sobre las definiciones.
Cómo practicarlo jugando
En una palabra pide encontrar la palabra que corresponde a una descripción, que es lo mismo que hace una definición.
Forma la palabra y Aprende las letras asientan el manejo de las letras y su orden, que es el requisito de todo esto.
Qué imprimir
Usar el diccionario trae parejas que empatan en la primera letra y cuatro páginas con sus palabras guía para decidir qué cabe en cada una.
El paso previo es Orden alfabético. Y para trabajar las definiciones, Describir un dibujo.
Lo esencial
- Las dos palabras de arriba dicen qué cabe en esa página: es toda la técnica y casi nadie la enseña.
- Hay que comprobar las dos mitades: después de la de la izquierda y antes de la de la derecha.
- Los verbos se buscan en infinitivo y los sustantivos en singular. Sin esas reglas, no encuentra nada.
- Cinco búsquedas cronometradas por semana enseñan más que cualquier explicación.
- No se busca cada palabra desconocida: primero se deduce por el contexto, y solo se busca si importa.