Un niño de siete años recita el abecedario de corrido y es incapaz de decir si la eme va antes o después de la pe. No es una contradicción: recitar es una cadena que se sabe entera, y comparar dos letras exige entrar por el medio de esa cadena.
Por eso el orden alfabético empieza con la tira de letras a la vista y no de memoria. Y por eso se empieza por palabras que se diferencian en la primera letra, sin más. Poner cosas en orden es lo mismo que pide ¿Qué va antes?, con las letras como criterio.
La tira delante
Un abecedario escrito en una tira larga de papel, en la mesa, cambia por completo el ejercicio. Se busca cada letra, se ve cuál está más a la izquierda y ya está.
Sin la tira, el niño tiene que recitar desde la a cada vez, y eso consume toda la atención y hace que se pierda a la mitad.
Retirar la tira demasiado pronto es el error típico. Se retira sola: primero se mira mucho, después de vez en cuando, y un día ya no hace falta.
Sólo la primera letra
En la versión fácil, todas las palabras de cada grupo empiezan por letras distintas. Con eso basta mirar una letra y ordenar.
Si dos palabras empiezan igual, hay que pasar a la segunda letra, y eso es un procedimiento nuevo que conviene meter aparte y después.
Mezclar las dos dificultades desde el principio es lo que hace que el orden alfabético se viva como algo confuso cuando en realidad es muy mecánico.
Comparar por posiciones
Cuando llega la segunda letra, lo que se aprende es un procedimiento general: se comparan letra a letra desde el principio y decide la primera que se diferencia.
«Casa» y «carro» empatan en la ce y en la a, y lo decide la tercera: la ese va antes que la erre.
Y ese procedimiento es exactamente el mismo que ordena números de varias cifras: se compara la primera y sólo si empatan se pasa a la siguiente.
Para qué sirve de verdad
Sin orden alfabético no se puede buscar nada: ni en un diccionario, ni en un índice, ni en una lista de nombres, ni en una agenda.
Y esa utilidad conviene enseñarla pronto, porque un ejercicio de ordenar palabras sin motivo es de los más áridos que hay.
La lista de la clase, ordenada por apellido, es el ejemplo que todos tienen delante: por eso a uno le toca siempre el primero y a otro el último.
El diccionario como premio
Buscar una palabra en el diccionario es rápido o desesperante según se haya practicado esto. Con el orden asentado, se busca en veinte segundos.
Y hay una técnica que se enseña aparte: abrir por el medio, mirar por qué letra va y decidir hacia qué lado seguir. Eso es búsqueda binaria y se aprende con las manos.
Las palabras guía de la parte de arriba de cada página son la ayuda que casi nadie usa, y explicarlas una vez ahorra mucho tiempo.
La ñ, la ch y la ll
La eñe va después de la ene y eso hay que decirlo, porque no está en el abecedario que se aprende cantando en inglés.
La che y la elle ya no son letras del abecedario español, aunque en diccionarios antiguos tengan su propia sección. Si aparece uno viejo, conviene explicarlo.
Y las tildes no cuentan para ordenar: «árbol» va donde iría «arbol». Es una regla pequeña y evita bastantes dudas.
Ordenar cosas de casa
Los libros de una estantería por el título, las especias del armario, los cromos, la lista de la compra. Cualquier cosa que haya que encontrar después.
Ordenar por ordenar se abandona; ordenar para poder buscar tiene sentido y se mantiene.
Y da una comprobación inmediata: si después se encuentra rápido lo que se busca, el orden estaba bien hecho.
Los juegos que lo trabajan
El clásico es el de las categorías: una letra al azar y hay que decir un animal, un nombre, una ciudad y una comida que empiecen por ella.
Y el de la cadena: cada palabra empieza por la letra en la que acaba la anterior. Es otro trabajo, pero refuerza el manejo de las letras sueltas.
El más directo es el de las tarjetas: se escriben diez palabras en papelitos y se ordenan encima de la mesa. Con papelitos se puede rectificar, que en la hoja no.
Cuando se atasca
Si empieza a recitar desde la a cada vez, es que no está usando la tira. Se le señala y se sigue.
Si ordena bien grupos de cuatro y se pierde con ocho, es carga: conviene reducir el grupo y subir poco a poco.
Y si falla siempre con las mismas letras —la uve y la be, la ge y la jota—, no es orden alfabético: es que no tiene claro el nombre de esas letras.
Del alfabético al alfabetizado
Hacia los nueve años el orden alfabético deja de ser un tema y pasa a ser una herramienta que se usa sin pensar.
Ahí ya se pueden pedir cosas más finas: ordenar una lista de veinte, buscar en un índice temático, usar un glosario al final de un libro.
Y aparece la comparación con cómo ordena un ordenador, que hace exactamente lo mismo y por eso pone las mayúsculas antes que las minúsculas.
A qué edad
A los seis años, el abecedario cantado y buscar una letra en la tira. Ordenar todavía no.
A los siete y ocho, grupos de seis palabras con primeras letras distintas. Es la edad de esta ficha.
De nueve en adelante, la segunda y la tercera letra, el diccionario con palabras guía y los índices. Y ahí ya es una herramienta para toda la vida.
Los nombres de la clase
El material que mejor funciona son los nombres de sus compañeros: los conoce todos, le importan y se pueden ordenar de verdad.
Y da conversación inmediata: por qué a uno le toca siempre el primero en las listas y a otro el último, y qué pasaría si se ordenaran por el nombre en vez de por el apellido.
Escribirlos en papelitos y ordenarlos entre dos es media hora de trabajo con orden alfabético que no se siente como una ficha.
Antes y después de esto
El orden alfabético en general está en el orden de las letras, y el uso del diccionario, en buscar en el diccionario.
Las mayúsculas y minúsculas están en la mayúscula y su minúscula. Y los mensajes cifrados, en leer lo que está cifrado.
Cómo practicarlo jugando
Aprende las letras asienta el nombre de cada una, que es lo que hace falta para compararlas.
¿Qué va antes? entrena la idea de orden, y Forma la palabra, el manejo de las letras sueltas.
Qué imprimir
El orden alfabético, para empezar trae grupos con primeras letras distintas y una hoja de parejas.
Orden alfabético sube el nivel, y Usar el diccionario añade las palabras guía.
Lo esencial
- Recitar el abecedario y usarlo para ordenar son dos cosas distintas.
- La tira de letras a la vista es imprescindible al principio, y se retira sola.
- Primero palabras con la primera letra distinta; la segunda letra viene aparte.
- Comparar letra a letra hasta la primera que se diferencia es el mismo método que ordena números.
- Ordenar para poder buscar se mantiene; ordenar por ordenar se abandona.