La C y la c son la misma forma en dos tamaños. La A y la a no se parecen en nada, y sin embargo son la misma letra y suenan igual. Eso no es evidente, y a los cinco años hay que aprenderlo pareja por pareja.
Es un trabajo distinto del de aprender el sonido de cada letra, que es lo que hace Aprende las letras. Aquí lo que se construye es la idea de que una letra tiene dos caras.
Las que se parecen y las que no
Se parecen: C c, O o, S s, X x, Z z, V v, W w, P p, U u. Prácticamente son la misma forma cambiada de tamaño, y no dan trabajo.
No se parecen en nada: A a, B b, D d, E e, G g, Q q, R r, T t. Estas hay que aprenderlas de memoria, una a una, como parejas.
Conviene separarlas y no darlas todas juntas. Las fáciles se ven en un minuto y las difíciles necesitan repetición, y mezclarlas hace que las difíciles pasen desapercibidas.
Las que se lían entre sí
La b y la d minúsculas son la misma forma reflejada, y es el error más común de los seis años. La p y la q, igual.
Y hay un cruce que despista mucho: la d minúscula se parece a una b y la mayúscula D no se parece a ninguna de las dos.
Con esas conviene un truco físico, no una explicación. El de la cama —las dos manos formando b y d— funciona porque se puede comprobar en cualquier momento.
Por qué hacen falta las dos
Porque los textos las mezclan desde la primera línea: la mayúscula al principio de la frase, en los nombres propios, en los carteles.
Un niño que sólo conoce las mayúsculas lee los carteles de la calle y se atasca con el primer libro. Uno que sólo conoce las minúsculas no reconoce su propio nombre escrito.
De ahí que casi todos los métodos empiecen por las mayúsculas —son más fáciles de trazar— y metan las minúsculas enseguida, en paralelo.
Un juego de parejas boca abajo es el mejor formato para esto, y no por la memoria: es porque obliga a decir la letra en voz alta cada vez que se levanta una carta.
Sin esa condición, el juego entrena memoria visual y no letras. Con ella, en una partida de veinte minutos se dicen ochenta letras.
Y se puede empezar boca arriba: buscar las parejas a la vista ya es trabajo suficiente a los cinco años, y la versión con memoria llega cuando esa sale.
Cuántas de una vez
Doce parejas es el tamaño de una partida completa. Con más, se alarga y se pierde el interés antes del final.
Conviene que en cada tanda haya de los dos tipos: unas fáciles, que dan aciertos rápidos, y unas difíciles, que son las que se están trabajando.
Una tanda entera de difíciles frustra; una entera de fáciles no enseña nada. La mezcla es lo que hace que la partida se termine y sirva.
En la calle, todo el rato: los carteles en mayúsculas, los letreros de las tiendas mezclados, las matrículas, los titulares.
Buscar la misma letra en sus dos formas por el camino al colegio es un juego de cinco minutos que se repite todos los días sin preparar nada.
Y en casa, con los envases: cereales, botellas, cajas. Casi todos llevan la misma palabra escrita de dos maneras en el mismo paquete.
Además de la mayúscula y la minúscula de imprenta está la ligada, que es otra cosa: la a ligada no se parece del todo a la de imprenta.
Con tres formas por letra, la cosa se complica, y por eso conviene no meter la ligada hasta que las dos primeras estén asentadas.
Cuando llega, ayuda ponerlas en fila —A a a— y decir que son tres maneras de escribir la misma cosa, como tres letras distintas de una fuente.
Su nombre es el mejor material
El nombre propio lleva la mayúscula inicial y el resto en minúsculas, y es la palabra que más veces va a escribir en su vida.
Escribirlo bien —una sola mayúscula, al principio— es un ejercicio completo y tiene consecuencia inmediata: es su nombre.
Y da pie a la regla de los nombres propios, que es la primera de ortografía que se aprende y una de las pocas que no tiene excepciones.
Cuando escribe todo en mayúsculas
Es normal a los cinco y seis años y no hay que alarmarse: las mayúsculas son más fáciles de trazar porque son rectas y curvas simples, sin enlaces.
Lo que sí conviene es no dejarlo indefinidamente. Un niño que a los siete escribe todo en mayúsculas está evitando las minúsculas, y evitar no las mejora.
La transición se hace por palabras completas y no por letras sueltas: escribir su nombre bien, después una palabra corta, después una frase.
Los juegos que funcionan
La pesca de letras: se recortan las veinticuatro cartas y se pescan con un clip y un imán. Cada una que sale, se dice y se busca su pareja.
El dominó de letras, donde cada ficha lleva una mayúscula y una minúscula y hay que encadenar. Es más difícil que el memori y llega después.
Y el más barato: escribir el abecedario en dos tiras, una en mayúsculas y otra en minúsculas, recortarlas y emparejarlas encima de la mesa.
A qué edad
A los cuatro años, las mayúsculas de su nombre y poco más. Emparejar todavía no.
A los cinco y seis, las parejas, empezando por las que se parecen y siguiendo por las que no. Es la edad de esta ficha.
De siete en adelante, la letra ligada como tercera forma y la regla de cuándo va mayúscula. Y para entonces, emparejarlas ya no es un ejercicio: es algo que se sabe.
Las dos en el mismo cartel
Un abecedario colgado con las dos formas juntas —A a, B b— vale más que cualquier ficha, porque se consulta cien veces sin que nadie lo pida.
Conviene que esté a la altura del niño y cerca de donde escribe, no en lo alto de una pared del pasillo.
Y conviene que sea sobrio: un abecedario con un dibujo enorme por letra se mira por los dibujos y las letras pasan desapercibidas.
Antes y después de esto
Cuál se enseña primero está en mayúsculas o minúsculas: cuál primero, y el trazo de las mayúsculas, en las mayúsculas.
Las primeras consonantes están en las cuatro primeras consonantes. Y las letras que se confunden, en la b y la d.
Cómo practicarlo jugando
Aprende las letras asienta el nombre y el sonido de cada una.
La letra que falta trabaja el reconocimiento dentro de una palabra, y Encuentra la pareja, el formato del memori.
Qué imprimir
Memori de las letras trae doce parejas para recortar, con las fáciles y las difíciles mezcladas.
Escribir las mayúsculas trabaja el trazo, y Busca la letra, el reconocimiento entre otras.
Lo esencial
- Unas parejas son la misma forma en dos tamaños y otras no se parecen en nada.
- Conviene separarlas: las difíciles necesitan repetición y las fáciles no.
- En el memori hay que decir la letra en voz alta, o entrena memoria y no letras.
- Doce parejas por partida, mezclando fáciles y difíciles.
- El nombre propio es el mejor material: una mayúscula al principio y el resto minúsculas.