Decidir si 83 es mayor que 79 parece inmediato y para muchos niños de siete años no lo es. Cuentan, comparan las unidades o se fijan en el nueve, que es la cifra más grande que ven.
La regla es concreta y se dice en una frase: se mira la primera cifra y solo si empatan se pasa a la segunda. Mayor, menor o igual la entrena a velocidad, y un laberinto la convierte en un camino.
La regla, dicha entera
Primera cifra contra primera cifra. Ocho contra siete: gana el ocho, y ya está decidido sin mirar nada más.
Solo si empatan —83 y 87— se pasa a la segunda. Entonces manda esa, y por el mismo motivo.
Dicho así, con dos ejemplos, se entiende en un minuto. Sin decirlo, el niño compara mirando el número entero y se guía por lo que le llama la atención.
Por qué manda la primera
Porque no son dos cifras sueltas: la primera dice cuántas decenas hay. Ochenta y tres son ocho decenas y tres unidades.
Ocho decenas es ochenta, y setenta y nueve no llega a ochenta por mucho nueve que tenga. Dicho así se ve, y además explica la regla en vez de imponerla.
Si eso no está claro, comparar no se va a automatizar nunca: se estará adivinando cada vez.
El nueve que despista
Es el error más común y tiene explicación: el nueve es la cifra más grande y llama la atención estén donde estén.
Por eso 79 parece mayor que 83 a primera vista. No es un fallo de razonamiento, es que ha mirado la cifra equivocada.
Señalarlo así —«te has fijado en el nueve; mira la primera»— corrige mucho mejor que decir que está mal.
Lo mismo que el diccionario
Ordenar «casa» y «carro» se hace igual: primera letra, empatan; segunda, empatan; tercera, decidido.
Es literalmente el mismo procedimiento y conviene decirlo. Un niño que lo ve en los dos sitios entiende que está aprendiendo una cosa, no dos.
Y cuando uno de los dos falla, merece la pena mirar el otro: a menudo el problema es el mismo.
Con tres cifras es igual
372 y 358: primera cifra empatan, segunda decide. La regla no cambia, solo hay una posición más.
Por eso conviene dejarla bien puesta con dos cifras: lo que se aprende aquí se aplica tal cual a las centenas y a los millares.
El único añadido es que hay que contar cuántas cifras tiene cada número: uno de tres cifras es mayor que uno de dos, siempre.
Un laberinto donde el camino solo pisa números mayores que treinta obliga a comparar unas treinta veces para llegar a la salida.
La diferencia con una lista de treinta comparaciones es todo: aquí la comparación es el peaje y lo que se quiere es salir.
Y como el camino es único, cada decisión importa. Equivocarse tiene consecuencia y hay que volver.
Decir que el camino es único
Es una información que cambia cómo se resuelve. Si el niño sabe que hay un solo camino y que los números de fuera nunca cumplen la regla, puede fiarse de lo que deduce.
Sin saberlo, va probando, y probar no es razonar. La misma hoja da un ejercicio distinto según se diga o no.
Conviene decirlo la primera vez y ya no repetirlo: a la segunda hoja lo da por hecho.
Volver sobre los pasos
Si se mete por una rama equivocada, lo que hay que hacer es deshacer hasta la última casilla buena, no empezar de cero.
Deshacer lo hecho es una habilidad en sí misma y aquí se practica sin coste: no hay nada escrito que borrar.
Es exactamente lo que hace falta en un problema de matemáticas atascado, y ahí sí cuesta enseñarlo.
Mayor que, menor que
Los signos son un lío aparte y conviene no mezclarlos con la comparación. Primero se decide cuál es mayor; después se escribe el signo.
El truco de la boca que se abre hacia el más grande funciona y no hace daño. Es una muleta y se cae sola.
Lo que no conviene es corregir el signo antes de comprobar que la comparación estaba bien: son dos errores distintos.
Compararlo con algo conocido
Una ayuda que desatasca: preguntar cuál está más cerca de cien, o cuál está más cerca de cincuenta.
Eso obliga a colocar los números en la recta mentalmente, que es una manera de comparar más rica que aplicar la regla.
Las dos hacen falta. La regla es rápida y la recta es la que da la intuición de tamaño.
El juego de la carta más alta
Con una baraja: cada uno saca dos cartas, forma un número de dos cifras y gana el mayor. Se juega en cinco minutos.
La versión buena es dejar elegir el orden de las cifras: con un tres y un ocho, ¿ochenta y tres o treinta y ocho? Ahí ya hay estrategia.
Veinte manos son cuarenta comparaciones y nadie ha protestado.
Cuando el problema es otro
Si a los ocho o nueve sigue costando comparar, casi nunca es la comparación: es que las decenas y las unidades no están claras.
La comprobación es rápida: preguntar cuántas decenas tiene 83. Si no lo sabe, hay que volver ahí antes de insistir con comparaciones.
Es un caso claro de que el ejercicio que falla no siempre es el que hay que practicar.
Qué edad
Hasta veinte, desde los cinco o seis. Hasta cien, desde los seis o siete. Hasta mil, desde los ocho.
Los signos de mayor y menor, desde los seis o siete, y siempre después de que la comparación esté hecha.
Y a los nueve conviene que sea instantáneo, porque a partir de ahí se usa como paso intermedio en casi todo.
Ordenar una lista entera
Comparar de dos en dos es el paso previo; ordenar seis números de golpe es el ejercicio completo, y es bastante más difícil.
El método que funciona es buscar primero el mayor de todos, apartarlo, y repetir con los que quedan. Dicho así, un niño de ocho lo sigue sin problema.
Y es la primera vez que aplica un procedimiento repetido hasta acabar, que es una idea que reaparece en todo lo que viene después.
Cuánto por sesión
Un laberinto, que son unas treinta comparaciones. O cinco minutos de partida con cartas.
Es un ejercicio de reconocimiento rápido y se entrena con frecuencia, no con volumen: mejor cinco minutos cuatro días que media hora un día.
Y conviene volver a él aunque parezca sabido, porque es la base de ordenar, de estimar y de comprobar cualquier resultado.
Antes y después de esto
El mismo procedimiento aplicado a palabras está en poner palabras en orden. Y lo que hay debajo de todo esto, que son las decenas y las unidades, en decenas y unidades.
Cómo practicarlo jugando
Mayor, menor o igual entrena la comparación a velocidad, que es como hay que tenerla.
Laberinto mantiene la mecánica de buscar el camino y Repasar números asienta la lectura de los números de dos cifras.
Qué imprimir
El Laberinto de los mayores son tres laberintos donde el camino solo pisa números mayores que 30, que 50 y que 70, con las soluciones sombreadas.
Para comparar en formato de operación, Comparar operaciones. Y para las decenas, Números hasta 1000.
Lo esencial
- Se mira la primera cifra; solo si empatan se pasa a la segunda. Es toda la regla.
- Manda la primera porque dice cuántas decenas hay: 79 no llega a ochenta por mucho nueve que tenga.
- El nueve despista porque es la cifra más grande: el fallo es haber mirado la cifra equivocada, no razonar mal.
- Es el mismo procedimiento que ordena «casa» y «carro» en el diccionario, y conviene decirlo.
- Si a los nueve sigue costando, el problema son las decenas y las unidades, no la comparación.