Un niño de tres años dice que su hermano es grande y que el perro del vecino es grande, y tiene razón las dos veces aunque midan cosas distintas. Grande no es una propiedad de un objeto: es lo que resulta de compararlo con otro.
Esa idea, que parece obvia, es la primera comparación de su vida y la que sostiene después «más», «menos», «más largo» y todos los símbolos que llegan al colegio. Comparar dos cosas del mismo tipo es justo lo que pide Grande o pequeño.
Siempre en pareja
La regla que más rinde al hablar de tamaño es decirlo siempre en comparación: «este es más grande que este». Suelto —«este es grande»— no informa de nada, porque falta respecto a qué.
Los adultos lo decimos suelto todo el rato, y por eso muchos niños tardan en pillar la idea. Cambiar la manera de decirlo cuesta una semana y se nota enseguida.
Y funciona también al revés: preguntar «¿más grande que cuál?» cuando el niño lo dice suelto. La pregunta le obliga a buscar el término de comparación, que es exactamente lo que se quería.
Dos cosas iguales, un tamaño distinto
El ejercicio limpio es el mismo objeto dos veces, uno grande y otro pequeño. Sin nada más que cambie: mismo dibujo, mismo color, misma orientación.
Si además cambia el color o la forma, la tarea deja de ser de tamaño y pasa a ser de «encuentra la diferencia», que es otra cosa y llega antes.
Por eso las hojas repiten el mismo dibujo en las dos columnas. Parece pobre y es exactamente lo que hace falta a los tres años: una sola variable.
Cambiar lo que se pide
Un niño que hace tres hojas seguidas de «rodea el grande» acaba rodeando sin mirar. La costumbre le resuelve la tarea y deja de comparar.
Por eso conviene alternar: en una hoja el grande, en la siguiente el pequeño. Y decirlo en voz alta cada vez, antes de empezar.
El fallo típico después de cambiar la consigna no es un error de comparación: es haber seguido con la anterior. Se corrige repitiendo la instrucción, no explicando los tamaños otra vez.
Antes del papel, las manos
Todo esto se aprende antes con objetos: dos cucharas, dos vasos, dos peluches. Poner uno al lado del otro y decidir cuál es más grande.
Y sobre todo, encajar: cazuelas que entran unas dentro de otras, vasos apilables, muñecas rusas. Cuando una cosa cabe dentro de otra, el tamaño deja de ser una opinión.
La versión de la bañera es la mejor de todas y no necesita comprar nada: tres botes de distinto tamaño, y llenar el pequeño con el grande y al revés.
De dos cosas a una fila
Comparar dos es el principio. Ordenar tres, cuatro y cinco de menor a mayor es el escalón siguiente, y es bastante más difícil: cada pieza hay que compararla con las que ya están puestas.
Ahí aparece el fallo clásico: coloca bien los extremos y mete los del medio al azar. Los extremos se ven de lejos; el medio exige comparar de verdad.
La ayuda que funciona es quitar piezas. Con tres casi nadie falla, y con tres se aprende el método de ir insertando. Después se vuelve a cuatro.
Las otras palabras de tamaño
Grande y pequeño son las primeras, pero no son las únicas ni sirven para todo. Un lápiz no es grande: es largo. Una caja no es grande: es alta, o ancha.
Largo y corto, alto y bajo, ancho y estrecho, grueso y fino. Son cuatro parejas más y cada una compara en una dirección distinta, lo cual es una idea nueva.
Conviene meterlas de una en una y con objetos reales: dos palos para largo y corto, dos torres para alto y bajo. Mezcladas todas a la vez no entra ninguna.
Igual también hace falta
Entre grande y pequeño está igual, y se olvida siempre. Un niño que sólo maneja dos opciones tiene que elegir una aunque las dos cosas midan lo mismo.
Merece la pena poner a propósito parejas iguales de vez en cuando y aceptar «son iguales» como respuesta. Esa tercera opción es la que después se convierte en el signo de igual.
Y da pie a comprobar: si son iguales, uno cabe exactamente encima del otro. Superponer es la manera más honesta de comparar y se puede hacer con las manos.
A qué edad
A los dos y tres años, dos objetos muy distintos y con las manos. La palabra llega con el objeto, no con un dibujo.
A los tres y cuatro, dos dibujos del mismo objeto y la consigna que cambia. Es la edad de esta hoja.
A los cinco, ordenar tres o cuatro por tamaño y las otras parejas de palabras. Y a partir de ahí ya se puede comparar sin ver: «¿qué es más grande, un elefante o un coche?», que es el paso a la comparación abstracta.
Adónde lleva esto
A comparar cantidades, que es la misma operación con otra propiedad: dónde hay más y dónde hay menos. Y de ahí, a comparar números escritos.
Un niño que no ha comparado tamaños con las manos llega a «7 es mayor que 5» sin nada debajo, y se lo aprende de memoria. Uno que sí lo ha hecho tiene una intuición sobre la que apoyarse.
Y llega también a la medida: cuando comparar a ojo ya no basta —dos cosas casi iguales—, hace falta una regla. Esa necesidad se descubre sola después de muchas comparaciones.
El mismo objeto cambia de bando
Un zapato es grande al lado de un tapón y pequeño al lado de una caja de zapatos. El objeto no ha cambiado: ha cambiado con qué se compara.
Enseñar eso a propósito es fácil y vale mucho: se coge una cosa y se pone primero junto a algo menor y después junto a algo mayor, preguntando las dos veces.
La cara que ponen la primera vez merece el rato. Es de las pocas ocasiones en las que se ve cómo se cae una idea vieja y entra una nueva delante de uno.
Antes y después de esto
El orden y los patrones antes de los números están en las series antes que los números, y comparar números escritos, en comparar números de dos cifras.
El escalón siguiente en cantidad está en antes de contar, la cantidad. Y para clasificar por una regla, la primera regla para clasificar.
Cómo practicarlo jugando
Grande o pequeño es la comparación directa, con la consigna cambiando de ronda en ronda.
Mayor, menor o igual es el mismo trabajo con cantidades, y Clasifica en cestas añade decidir por una propiedad.
Y cuando ya no se comparan dos cosas sino cinco, está Torre de cubos: hay que montarlas de la más grande a la más pequeña, y la torre mal ordenada se tambalea y devuelve el cubo, así que el niño se corrige mirando en vez de esperar a que alguien se lo diga.
Qué imprimir
Grande o pequeño, para empezar trae quince filas con el mismo dibujo en dos tamaños.
Series para empezar trabaja el orden, y Medir con la regla es el paso cuando comparar a ojo ya no basta.
Lo esencial
- Grande no es una propiedad: es el resultado de comparar con otra cosa.
- Se dice siempre en pareja: «más grande que este», nunca «es grande».
- Un solo cambio por vez: mismo dibujo, mismo color, sólo el tamaño distinto.
- La consigna se alterna, o el niño rodea por costumbre sin mirar.
- «Iguales» tiene que ser una respuesta aceptable: de ahí sale el signo de igual.