Hay un motivo muy repetido para no hacer nada de inglés en casa, y es
razonable: «yo lo pronuncio fatal, prefiero no enseñarle mal».
La preocupación tiene fundamento —un niño imita lo que oye, y si lo que oye es
un inglés con acento español fuerte, eso es lo que aprende—. Pero la conclusión no
se sigue. La solución no es callarse: es dejar que el modelo lo dé una grabación y
quedarse uno en el papel de acompañante, que es distinto y bastante más útil. En
Inglés, escucha y elige, por ejemplo,
quien pronuncia es un hablante nativo y el adulto no tiene que decir ni una
palabra en inglés.
El reparto de papeles
Conviene tenerlo claro porque quita casi toda la presión:
El modelo lo da la grabación. La pronunciación de referencia
sale del audio, del vídeo o del juego. Ahí no hay que competir.
El adulto acompaña. Se sienta al lado, señala, se ríe, celebra,
repite la palabra en español si hace falta aclararla, y mantiene la
rutina. Ese trabajo no requiere saber inglés y es el que decide si el niño sigue
haciéndolo dentro de seis meses.
Dicho de otra forma: el inglés lo pone la grabación, la constancia la pone la
casa. Y de las dos, la que suele fallar es la segunda.
Lo que sí conviene evitar
Repetir la palabra después de la grabación con tu acento. Es lo
más natural del mundo y es justo lo que no ayuda: el niño ha oído la versión buena
y a continuación una peor, y se queda con la de la persona que le importa. Si hay
que repetir, se vuelve a poner el audio.
Leer en voz alta palabras inglesas escritas. Un adulto español
leyendo house o bicycle sin saber cómo suenan produce
exactamente lo que se quería evitar. Si aparece una palabra escrita que no se sabe
decir, se busca cómo suena antes o se salta.
Enseñar el nombre de las letras al principio. El abecedario
inglés es de las cosas que peor se pronuncian de oído, y además no hace falta para
nada al empezar. Cuando llegue el momento, Abecedario en inglés lo da con la
pronunciación correcta.
Los cuatro sonidos que a un español le cuestan
No para practicarlos con el niño —eso lo hace la grabación— sino para saber por
qué a veces suena raro y no preocuparse de más.
Las vocales largas y cortas. El español tiene cinco vocales y
el inglés más del doble. Ship y sheep son dos palabras distintas
que a un oído español le suenan igual. Un niño pequeño sí las distingue si las oye
suficientes veces; un adulto ya casi nunca.
La s inicial con consonante. En español ninguna
palabra empieza por «sp» o «st», así que la boca añade una e: «espanish»,
«estreet». Es de los rasgos más marcados del acento español y aparece solo.
La h aspirada. Nuestra hache es muda, así que
house tiende a salir sin nada delante. Es fácil de corregir cuando se
oye, precisamente porque el sonido sí existe en español —es parecido a la jota
suave de algunas zonas—.
El sonido de th. No existe en español salvo en el
seseo del norte, y por eso the acaba siendo «de» o «ze». Este se aprende
tarde y con el oído, no con explicaciones.
Lo que sí se puede decir en español
Hay una idea muy extendida de que en el rato de inglés hay que hablar solo en
inglés, y para una casa donde nadie lo domina eso es imposible y además
innecesario.
El español sirve perfectamente para todo lo que no es la palabra que se está
aprendiendo: organizar el rato, explicar el juego, comentar el dibujo, celebrar el
acierto. Lo único que conviene que vaya en inglés es la palabra inglesa, y esa la
pone la grabación.
De hecho, decir la traducción en español ayuda y no estorba, siempre que vaya
después y no antes: primero se oye «cat», después se ve el gato, y solo si hace
falta se aclara que es «gato». Al revés —«gato se dice cat»— el niño memoriza una
pareja de palabras y aprende a pasar siempre por el español, que es lo que después
cuesta quitar.
Qué hacer cuando el niño pregunta
Va a pasar: «¿cómo se dice X?» y el adulto no lo sabe. Lo que funciona es
decirlo sin más — «no lo sé, vamos a buscarlo»— y buscarlo juntos en el momento.
Eso hace dos cosas buenas a la vez. Le enseña que no saber algo es normal y
tiene arreglo, que es una lección mejor que la palabra en cuestión. Y le enseña
dónde se busca, que a los siete u ocho años ya puede hacer solo.
Lo que no conviene es inventar la pronunciación para salir del paso. Una palabra
mal aprendida cuesta más de corregir que de aprender.
Los hermanos mayores y los abuelos
En muchas casas hay alguien que sí sabe algo de inglés —un hermano de doce
años, un tío, un abuelo que lo estudió—, y conviene saber cómo aprovecharlo sin
que salga mal.
Un hermano mayor funciona muy bien haciendo de compañero de juego, y bastante
mal haciendo de profesor. Que jueguen juntos a la partida de inglés es
estupendo; que le corrija la pronunciación al pequeño acaba en pelea, y encima el
mayor tampoco tiene una pronunciación de referencia.
Con un adulto que estudió inglés hace treinta años pasa algo parecido: sabe
gramática y vocabulario, y su pronunciación es la de entonces. Sirve muchísimo
para explicar qué significa algo y para acompañar; el modelo sonoro sigue siendo
mejor que lo ponga la grabación.
El adulto que sí quiere mejorar
Hay una manera de aprovechar todo esto que suele funcionar bastante bien:
aprender con él. No en plan curso, sino simplemente prestando atención a las
grabaciones y repitiendo por dentro.
Un adulto que hace las mismas ocho palabras que su hijo durante un año acaba
con ochenta palabras bien pronunciadas y, sobre todo, con el oído bastante más
despierto. Y para el niño, ver a un adulto aprendiendo algo que no sabe vale más
que cualquier discurso sobre el esfuerzo.
Cómo practicarlo jugando
Inglés, escucha y elige es el que
resuelve el problema de raíz: todo el inglés lo pone la grabación y el niño solo
señala. Es el juego que hay que usar cuando en casa no se habla inglés.
Inglés, palabra y dibujo viene
después, cuando la palabra ya suena bien de oído y se puede ver escrita sin
riesgo de leerla a la española.
Y Abecedario en inglés para cuando
hagan falta las letras — que es más tarde de lo que casi todo el mundo cree.
La regla de la e muda, con voz nativa, está en La e mágica: kit o kite.
Qué imprimir
Los animales en inglés, con una
advertencia de uso importante en esta situación: la hoja de vocabulario no se lee
en voz alta por el adulto. Se mira mientras suena el audio del juego, o se usa
después de haber oído las palabras.
Las otras hojas —caligrafía, letras que faltan, unir dibujo y palabra— no piden
pronunciar nada, así que se pueden hacer sin ningún problema aunque en casa nadie
hable inglés. Ahí el trabajo es de mano y de reconocimiento.
El planteamiento general de cómo montar el inglés en casa está en Inglés en casa sin saber inglés, y qué
palabras elegir, en A qué edad
empezar con el inglés.
Lo esencial
No hablar inglés no impide acompañar a un niño que lo está aprendiendo: el
modelo lo da la grabación y la casa pone la constancia. Lo que sí conviene evitar
es repetir la palabra con acento español después del audio, leer en voz alta
palabras inglesas escritas y empezar por el nombre de las letras. Cuando el niño
pregunte algo que no se sabe, se dice y se busca juntos. Y aprender con él es la
mejor versión de todo esto.