Grafomotricidad

Rasgar, pegar y otros trabajos de dedos

Por El equipo de Kodomi Club · 20 de septiembre de 2026 · 6 min

Rasgar, pegar y otros trabajos de dedos

Antes de la pinza del lápiz hay que tener dedos fuertes y coordinados. Media docena de trabajos con papel, pinzas y plastilina.

La pinza con la que se sujeta el lápiz no se enseña: se construye usando los dedos en cosas que no tienen nada que ver con escribir. Rasgar un papel, apretar una pinza y despegar una pegatina hacen más por la escritura que repasar letras antes de tiempo.

Lo bueno es que todo ese material está en cualquier casa y no cuesta nada. Y lo que se entrena —fuerza, precisión, las dos manos coordinadas— es lo mismo que después hace falta para colocar una pieza en su sitio, como en Encaja las figuras.

Rasgar papel

Rasgar exige las dos manos haciendo cosas distintas a la vez: una sujeta y la otra tira. Esa disociación es un requisito de la escritura, donde una mano sujeta el papel y la otra escribe.

Se empieza con papel fino —revistas, papel de seda— y tiras largas. Después, trozos pequeños, que piden más control, y por último rasgar siguiendo una línea dibujada.

Los trozos rasgados sirven para el paso siguiente: pegarlos dentro de una silueta grande. Rellenar una forma con trocitos entretiene mucho y obliga a mirar el borde.

Pegar con barra y con cola

La barra de pegamento se maneja con toda la mano y es la primera. La cola blanca con pincel llega después y añade dosificar la cantidad, que es una lección en sí misma.

Pegar cosas pequeñas —lentejas, trocitos de papel, gomets— obliga a usar la pinza de verdad. Los gomets tienen una ventaja adicional: despegarlos del papel es un ejercicio fino que a los niños les encanta.

Y hay un trabajo muy completo que casi nadie propone: pegar por la línea, es decir, poner los trocitos siguiendo un camino dibujado en vez de rellenando una zona.

Pinzas, tapones y palillos

Con pinzas de la ropa se pueden trasladar pompones de un bol a otro, colgar calcetines en una cuerda o poner pinzas en el borde de una caja. Es el gesto de la pinza con resistencia, que es lo que da fuerza.

Enroscar y desenroscar tapones de botella entrena la muñeca. Meter palillos por el agujero de un bote de especias pide puntería fina. Ensartar cuentas o macarrones en un cordel junta las dos manos y la vista.

Todos esos trabajos tienen algo en común: son repetitivos, tienen final claro y se pueden hacer solo. Por eso enganchan sin que nadie esté al lado animando.

Amasar y apretar

La plastilina y la masa de pan trabajan la fuerza de la palma, que es la que sostiene el lápiz sin cansarse. Aplastar bolitas con un dedo concreto —solo el índice, solo el pulgar— es un ejercicio más fino y muy útil.

Las esponjas mojadas que hay que escurrir, los pulverizadores de agua y las jeringuillas sin aguja para trasvasar líquidos hacen lo mismo con otro envoltorio.

Las tijeras, a su tiempo

Recortar es más difícil de lo que parece: hay que abrir y cerrar con una mano mientras la otra gira el papel. Suele llegar hacia los cuatro años y no conviene forzarlo antes.

Se empieza con cortes sueltos en tiras estrechas, donde cada tijeretazo corta entero. Después, líneas rectas gruesas; después, curvas y formas.

Si las tijeras no cortan bien, no hay técnica que valga: unas tijeras escolares afiladas y del tamaño de su mano resuelven la mitad de los problemas.

Cuánto y cuándo

Diez minutos al día de cualquiera de estos trabajos rinden más que una tarde entera el fin de semana. Y funcionan bien como transición: entre la merienda y los deberes del hermano mayor, por ejemplo.

No hace falta convertirlos en manualidad con resultado. Trasladar pompones de un bol a otro no produce nada que colgar en la nevera, y sirve igual o más.

Las dos manos, cada una con su papel

Casi todos estos trabajos tienen algo en común que no se ve: una mano hace y la otra sostiene. Esa división del trabajo no es automática y se entrena.

Se nota en quien intenta recortar sin girar el papel, o en quien pega sin sujetar la hoja. No es torpeza: es que las dos manos todavía hacen lo mismo.

Los ejercicios que más ayudan son los que obligan a sujetar algo con firmeza mientras la otra mano trabaja: abrir un bote, desenroscar un tapón, enhebrar un cordel.

Trabajos con final visible

Un niño repite mucho más un trabajo que tiene un final claro: llenar una bandeja de tapones, colgar diez pinzas, rellenar una silueta entera. El final visible es lo que da ganas de terminar.

Por eso conviene preparar la tarea con una cantidad concreta y no con un «haz un rato». Diez pinzas es una tarea; «pon pinzas» es un pasatiempo.

Y conviene dejar el material montado en una bandeja para que pueda cogerlo solo. Lo que hay que pedir a un adulto se hace la mitad de veces.

La fuerza de la mano y el cansancio

Si se queja de que le duele la mano al escribir, el problema casi siempre está antes: poca fuerza de agarre y poca resistencia. Escribir más no lo arregla.

Lo que lo arregla es amasar, apretar esponjas, jugar con pistolas de agua, colgar pinzas y abrir botes. Cinco minutos al día durante unas semanas se notan.

Y ayuda alternar: dos renglones de escritura, un minuto de otra cosa, dos renglones más. Se avanza más que forzando una página entera de una vez.

Media hora sin pantallas

Estos trabajos tienen una ventaja colateral: ocupan las manos y la cabeza a la vez, así que sirven para los ratos en los que un niño pequeño reclama atención constante.

Una bandeja preparada con pinzas y pompones, o con papel y pegamento, sostiene veinte minutos sin intervención. Y como no hay resultado que juzgar, tampoco hay frustración.

Conviene tener dos o tres bandejas montadas y rotarlas. Lo que se guarda y reaparece al cabo de unos días vuelve a interesar.

Qué mirar para saber si avanza

Tres señales sencillas: si sujeta el papel con la otra mano sin que nadie se lo diga, si puede pinzar con el pulgar y el índice sin usar los demás dedos, y si aguanta cinco minutos sin sacudir la mano.

Cuando las tres aparecen, la mano está lista para el lápiz. Y si alguna no está, se sabe exactamente qué trabajo hace falta esa semana.

Antes y después de esto

La secuencia completa del trazo —garabato, círculo, línea dirigida— está en Del garabato a la línea, que sirve para saber qué toca pedir en cada momento.

Y cuando la mano ya está preparada, el paso siguiente es trazar sin lápiz: El dedo antes que el lápiz cuenta cómo y dónde.

Cómo practicarlo jugando

Encaja las figuras pide colocar cada pieza en su hueco, que es el mismo gesto de puntería fina con corrección automática: si no es, no entra.

Puzle añade girar la pieza y mirar el borde, y Repasa el camino trabaja el trazo cuando la mano ya viene entrenada de las pinzas y la plastilina.

Qué imprimir

Recortar por la línea tiene tiras y líneas gruesas para las primeras tijeras, y Mi primer collage da siluetas grandes para rellenar con papel rasgado.

Lo esencial

La pinza del lápiz se construye rasgando, pegando, pinzando y amasando, no repasando letras antes de tiempo. Dad papel fino para rasgar, pinzas y tapones para la fuerza, gomets para la precisión y tijeras afiladas de su tamaño cuando llegue el momento; diez minutos al día bastan.

Para practicarlo jugando

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