Las tablas tienen mala fama y en buena parte se la ha ganado la forma en que
se enseñan: de corrido, del uno al diez, cantando y por orden. Así son cien
resultados que hay que meter en la cabeza a base de repetición, y el niño que
no las canta bien se siente torpe.
Bien contados no son cien. Son bastantes menos, y el orden en que se aprenden
cambia mucho lo que cuesta.
Antes de memorizar nada
Hay una condición previa que se salta muchísimo: el niño tiene que
saber qué es multiplicar. No la definición, sino la idea — que
«cuatro por tres» son cuatro grupos de tres cosas.
Se comprueba en un minuto. Se le pide que ponga tres platos con dos galletas
cada uno y que diga cuántas galletas hay. Si lo resuelve contando, perfecto: ya
entiende la operación y lo que falta es la velocidad. Si no sabe por dónde
empezar, memorizar la tabla es aprenderse una canción sin letra — y en cuanto
aparezca un problema con enunciado, no sabrá si multiplicar o sumar.
Lo mismo pasa con la suma: si sumar todavía le cuesta, multiplicar es
prematuro. Multiplicar es sumar en grupos, y sin lo primero lo segundo no se
sostiene.
Hay una forma muy rápida de saber si esa idea está o no: preguntarle
cuánto es 3 × 4 y, cuando conteste, preguntarle cuánto es 4 × 3. Si tiene que
volver a calcularlo desde cero, todavía no ha visto que multiplicar es lo mismo
mirado del otro lado — y ese descubrimiento vale por media tabla. El juego
Tablas de multiplicar pregunta las
dos formas mezcladas por ese motivo.
Conviene además tener a mano una forma de comprobarlo que no seáis vosotros.
Los dedos, las fichas de una caja, los cuadros de una hoja cuadriculada: cuatro
filas de tres cuadrados coloreados son doce cuadrados, y eso el niño lo puede
contar y verificar solo. Poder comprobar sin preguntar es lo que hace que se
atreva a arriesgar una respuesta.
Cien resultados que en realidad son veinte
Aquí está el cambio de perspectiva que más alivia. La tabla del 1 al 10
parece tener cien casillas, pero:
- La del 1 no hay que aprenderla: el número se queda
igual. Diez fuera.
- La del 10 tampoco: se añade un cero. Diez fuera.
- El orden no importa. 3 × 7 y 7 × 3 dan lo mismo, así que
cada resultado se aprende una vez y no dos. Eso quita casi la mitad de lo que
queda.
- La del 2 es sumar el número consigo mismo, y la del
5 acaba siempre en 0 o en 5 y sigue el reloj — las dos salen
casi solas.
Lo que queda de verdad difícil son unos veinte resultados, y los peores son
siempre los mismos: 6 × 7, 7 × 8, 6 × 8, 7 × 9. Merece la pena decírselo al
niño tal cual, porque cambia cómo se siente: no son cien cosas imposibles, son
veinte y ya sabe la mitad.
El orden que funciona
No es el orden numérico. Es el de menor a mayor dificultad:
- La del 2. Es sumar dos veces. Casi todos los niños la
tienen antes de empezar.
- La del 5. Termina en 0 o 5 y se apoya en el reloj: los
cinco minutos, los diez, los quince.
- La del 10. Un cero al final. Regalada, y da confianza.
- La del 4. Es el doble de la del 2, que ya se sabe.
- La del 3. La primera que hay que trabajar de verdad.
- La del 6. Es el doble de la del 3.
- La del 9. Tiene truco, y de los buenos.
- La del 8. Doble de la del 4.
- La del 7. La última, porque para entonces ya se sabe
casi entera por las otras.
Fijaos en lo que pasa al llegar a la del 7: 7 × 2, 7 × 3, 7 × 4, 7 × 5, 7 ×
6, 7 × 8, 7 × 9 y 7 × 10 ya se han aprendido antes desde el otro lado. Solo
queda 7 × 7. La tabla que todo el mundo teme resulta ser un resultado.
El truco de la del 9
Es el único truco que merece la pena enseñar, porque funciona siempre y se
entiende:
Se abren las diez manos con los dedos extendidos. Para 9 × 4 se baja el
cuarto dedo empezando por la izquierda. Quedan 3 dedos a la izquierda del
bajado y 6 a la derecha: 36. Sirve del 9 × 1 al 9 × 10 y no
falla nunca.
Hay otra regla que también ayuda: en la tabla del 9 las dos cifras del
resultado suman siempre 9 (18, 27, 36, 45…). Sirve para comprobar si lo que se
ha dicho es plausible.
Cuánto tiempo y con qué frecuencia
Cinco o diez minutos al día, y nunca una tarde entera. Las tablas se
consolidan durmiendo, no insistiendo: lo que se repasa un poco cada día durante
dos semanas se recuerda; lo que se machaca en dos horas un domingo, se olvida
el martes.
Y una recomendación que cambia bastante el ambiente: preguntarlas
mezcladas, no seguidas. Una tabla recitada de corrido se resuelve
sumando al resultado anterior sin saberse ninguna — el niño llega al 7 × 6
diciendo «7, 14, 21, 28, 35, 42» por dentro. Preguntadas en desorden, hay que
saberlas de verdad.
Cuando se atasca
Lo que no ayuda: cronómetros, competir con hermanos y las pruebas de
velocidad delante de otros. La prisa activa exactamente lo que impide recordar,
y a los siete años una humillación en público con las tablas se recuerda
veinte años.
Lo que sí ayuda: quedarse con los cuatro o cinco resultados que fallan
siempre y trabajar solo esos. Escribirlos en un papel pegado en la nevera y
preguntarlos al pasar. Es mucho más eficaz que repasar la tabla entera, donde el
90 % del tiempo se dedica a lo que ya se sabe.
Cómo practicarlo jugando
Aquí la pantalla tiene una ventaja concreta sobre el papel: puede preguntar
mezclado y sin que nadie se canse de corregir.
Tablas de multiplicar pregunta en
desorden y sube según cómo va, así que el niño no puede resolver sumando al
anterior. Antes de llegar ahí, si la suma todavía va justa,
Sumar jugando es el paso previo — multiplicar
sin sumar suelto no se sostiene.
Y hay un tercero que parece no tener nada que ver y sí lo tiene:
Descompón el número. Quien ve que el 12
son 6 y 6, o 4 y 4 y 4, tiene ya media multiplicación entendida antes de
llamarla por su nombre.
Qué imprimir
En papel, las fichas de
tablas del 2 al 5
traen sesenta multiplicaciones mezcladas en tres hojas — mezcladas a propósito,
por lo que decíamos: una hoja entera de la misma tabla se rellena sin saberse
ninguna.
Si la suma todavía no va suelta, el paso anterior son las
sumas hasta 10, y antes aún las
sumas hasta 5, que caben en los
dedos de una mano. Sobre cuándo un niño puede dejar de contar con los dedos va
este otro artículo.
Y para practicarlas sin que parezca una hoja de tablas, Colorea con las tablas: cada
zona del dibujo lleva una multiplicación y el resultado dice de qué color va. Si
un resultado no está en la leyenda, la cuenta está mal — y lo descubre él.
Lo esencial
Antes de memorizar, entender: cuatro por tres son cuatro grupos de tres. Sin
eso, la tabla es una canción sin letra.
El orden es 2, 5, 10, 4, 3, 6, 9, 8, 7 — de lo fácil a lo difícil, apoyándose
cada una en la anterior. Y no son cien resultados: quitando la del 1, la del 10 y
los repetidos, los que cuestan de verdad son unos veinte. Diez minutos al día,
preguntados en desorden y sin cronómetro.