Llega el Día de la Madre o del Padre y en muchas casas se resuelve comprando algo con dinero del propio adulto que lo va a recibir. Funciona, pero el niño no ha hecho nada, y él lo sabe perfectamente.
Las tres formas que sí puede hacer solo son sencillas: algo escrito, algo que se cumple y algo dibujado. Escribir dos frases legibles pide tener la letra en la mano, que es lo que trabaja Traza las letras desde antes.
Algo escrito
Una postal con cuatro renglones dentro es el regalo más agradecido que existe y el que peor fama tiene, porque suena a poco. En la práctica es lo que se guarda años.
Lo que la hace valiosa es que diga algo concreto. «Te quiero mucho» lo escribe cualquiera; «me gusta cuando me llevas al parque los sábados» lo escribe alguien que ha pensado en esa persona.
Con cuatro años se dicta y él firma; con siete escribe una frase suya; con nueve, tres. Y no se corrige: una postal con faltas es un regalo, una postal corregida es un ejercicio devuelto.
Algo que se cumple
Los vales de ayuda son la parte que más se agradece y la que menos se hace: «vale por poner la mesa», «vale por un desayuno en la cama», «vale por una tarde sin discutir por la pantalla».
Se recortan, se guardan y se cobran un día cualquiera, que es cuando de verdad valen algo. Un vale entregado en mayo y cobrado en julio sigue siendo el regalo de mayo.
La condición es que sean cosas que el niño puede cumplir de verdad. Un vale imposible se queda sin cobrar y el regalo entero se desinfla.
Algo dibujado
Un dibujo con marco y una frase debajo funciona a cualquier edad, y a los cuatro años es lo único que sale bien del todo.
Ayuda mucho pedir un dibujo concreto en lugar de uno libre: «dibuja algo que hagáis juntos», «dibuja el sitio donde mejor lo pasáis». La consigna concreta produce dibujos mucho mejores que «dibuja lo que quieras».
Y ayuda que el papel sea bueno y grande. El mismo dibujo en un folio arrugado y en una cartulina se ve distinto, y el niño trata mejor el papel que parece importante.
El secreto es la mitad del regalo
Para un niño de cinco años, guardar el secreto tres días es tan emocionante como el regalo mismo. Y es una experiencia poco frecuente: casi siempre es él quien recibe sorpresas.
Conviene organizar el escondite: una carpeta en un armario alto, un cajón concreto. Y avisar al otro adulto de la casa para que no lo saque a relucir sin querer.
También conviene aceptar que se va a chivar. Muchos niños no aguantan y lo cuentan la víspera; la reacción correcta es hacer como que no se ha oído nada.
Prepararlo con tiempo
Dos o tres días antes, no la misma mañana. Un regalo hecho con prisa el domingo a las nueve sale mal y se vive como una tarea.
Con tres tardes cortas da tiempo a todo: una para el dibujo, otra para los vales y otra para escribir la postal. Cada una de veinte minutos.
Y conviene poner la fecha en algún sitio del regalo. Dentro de cinco años, un dibujo fechado vale el doble que uno sin fecha, porque se sabe de qué año era.
Qué parte hace el adulto
La respuesta corta: la que no se ve. Imprimir, comprar la cartulina, tener las tijeras a mano, recordar la fecha.
Lo que no debe hacer es mejorar el resultado. Un adulto que redondea las letras o remata el dibujo convierte el regalo en algo compartido, y el niño deja de sentirlo suyo.
La única excepción razonable son los cortes peligrosos y los agujeros. Ahí se ayuda y se dice que se está ayudando; el resto es suyo, con sus torceduras.
Cuando no hay madre o no hay padre
La fecha del calendario es dura en algunas casas, y en el colegio se hace igual. Conviene decidir antes a quién va dirigido y decirlo con naturalidad.
Un abuelo, una tía, un vecino, la persona que cuida: el formato funciona con cualquiera y el trabajo del niño es el mismo. Lo que hay que evitar es la escena de última hora.
Y si el niño quiere escribirle a alguien que ya no está, se le deja. Escribir a quien no puede leerlo es una forma de recordar que los adultos usan y que a los niños no siempre se les permite.
Que no acabe en un cajón
Un regalo hecho por un niño necesita verse durante un tiempo: en la nevera, en la mesilla, en el corcho de la cocina. Guardarlo directamente es la única manera de estropearlo.
Al cabo de unas semanas se archiva, y ahí conviene una caja por año en vez de una carpeta por hijo. Todo lo del año junto se mira mucho mejor.
Y merece la pena decirle en voz alta qué se ha hecho con su regalo: «los vales están en mi cartera», «el dibujo lo tengo en la oficina». Saber dónde ha ido a parar es lo que hace que repita al año siguiente.
Si el niño quiere comprar algo
Antes o después dice que quiere comprarlo, casi siempre porque lo ha visto en otra casa. No hace falta prohibirlo: basta con que sea con su dinero y que él elija.
Ahí el regalo cambia de sentido y sigue siendo suyo: ir a la tienda, mirar lo que cuesta, ver si le llega y decidir. Es una lección de dinero de las buenas, y de las que no se olvidan.
Lo que conviene mantener es la parte escrita. Un objeto comprado con dos líneas de su letra dentro vale mucho más que el objeto solo, y el niño lo nota cuando ve la reacción.
Antes y después de esto
Por qué escribir para alguien cambia el trabajo está en escribir para alguien, y cómo se habla de lo que se siente, en poner nombre a las emociones.
Los vales, que son la parte que más se cobra, están en los vales que se cobran. Y la postal, en una postal escrita a mano.
Cómo practicarlo jugando
Traza las letras prepara la letra que hará falta para escribir dentro de la postal.
Adivina la emoción da el vocabulario con el que se dice lo que uno siente, y Une las frases trabaja la frase completa.
Qué imprimir
La postal del Día de la Madre reúne las tres formas: la postal, los vales y la hoja de dibujo.
Los vales para el Día del Padre trae seis vales para elegir, y Escribir una postal trabaja el formato el resto del año.
Lo esencial
- Las tres formas que puede hacer solo: algo escrito, algo que se cumple y algo dibujado.
- Una frase concreta vale más que «te quiero mucho», y no se corrige.
- Guardar el secreto tres días es la mitad del regalo para un niño de cinco años.
- El adulto hace lo que no se ve; mejorar el resultado se lo quita.
- Decirle dónde ha acabado su regalo es lo que hace que repita al año siguiente.