Con ocho figuras por lámina, las diferencias se encuentran mirando: el ojo salta de una a otra y las pilla. Con veinticinco, eso deja de funcionar.
Ahí hace falta un método: recorrer las dos láminas por zonas, en el mismo orden, comparando trozo con trozo. Y ese método es lo que de verdad se está enseñando. La búsqueda entre muchos elementos la trabaja también Encuentra el objeto.
Por zonas y siempre igual
La esquina de arriba a la izquierda de una lámina y la misma de la otra. Después la de arriba a la derecha. Después las de abajo.
Cuatro cuadrantes es lo razonable, y el orden tiene que ser siempre el mismo para que no quede nada sin mirar.
Enseñarlo señalando con el dedo la primera vez basta. A partir de la segunda hoja lo hace solo y no hay que volver a decirlo.
Rodear en cuanto se encuentra
Sin marcarlas, se vuelven a encontrar las mismas dos veces y se pierde la cuenta de cuántas faltan. Eso es lo que hace abandonar la hoja.
Rodear con lápiz en las dos láminas, no solo en una. Así se ve la pareja completa y queda claro qué se ha comparado.
Es el mismo hábito que tachar palabras en una sopa de letras: marcar lo hecho es parte del método.
Saber cuántas hay cambia el ejercicio
Si el enunciado dice que hay siete, mientras falte una hay que seguir buscando con método en vez de dar por hecho que ya están todas.
Esa última diferencia es la que de verdad entrena la atención, porque es la que obliga a repasar zonas ya miradas.
Sin el número, cualquier momento es un buen momento para dejarlo, y el ejercicio pierde justo su parte útil.
Los tres tipos de diferencia
Algo que está y no está. Algo que ha cambiado de color. Y algo que ha cambiado de tamaño o de posición.
Las primeras se ven enseguida; las de color cuestan más; las de tamaño son las que se resisten hasta el final.
Decirlo antes de empezar ayuda, porque el niño que solo busca cosas que faltan no encuentra las otras dos clases.
Comparar por parejas de figuras
El nivel de detalle que funciona: no comparar zonas enteras, sino figura por figura dentro de la zona.
«Este círculo de aquí, ¿está igual en la otra? Sí. El siguiente». Es más lento y encuentra todas.
Con niños que se rinden pronto, hacer las dos primeras juntos así deja el método puesto para el resto.
Para los que se dispersan, un truco físico: tapar con un papel todo menos la franja que se está comparando.
Reduce el campo y obliga a mirar lo que toca. Se va bajando el papel a medida que se avanza.
Es una ayuda temporal y se retira sola en cuanto el recorrido por zonas se haga sin ella.
Lo que entrena de verdad
Atención al detalle, sí, pero sobre todo búsqueda sistemática: recorrer algo entero sin saltarse nada y sin repetir.
Esa habilidad es la misma que hace falta para revisar una cuenta larga, para releer un texto buscando faltas y para comprobar un ejercicio antes de entregarlo.
Y es de las pocas que se pueden entrenar directamente, con un material que además apetece.
Cuando no encuentra la última
Antes de señalarla, una pista de zona: «está en la mitad de abajo». Con eso, el trabajo sigue siendo suyo.
Si aun así no sale, una pista de tipo: «es un cambio de color». Casi siempre con eso aparece.
Dar la posición exacta es lo último, y conviene evitarlo: la sensación de haberla encontrado es la mitad del premio.
Hacer una lámina propia
Con papel de calco o doblando una hoja: se dibuja algo sencillo dos veces y en la segunda se cambian cuatro cosas.
Dibujar dos veces lo mismo es un ejercicio de observación completo, bastante más difícil que encontrar diferencias.
Y después hay que dárselo a alguien y apuntar cuántas hay, que obliga a contarlas y a comprobar que están.
Con fotos y con la habitación
Funciona sin papel: se mira la mesa un minuto, el niño sale, se cambian tres cosas y vuelve.
Es lo mismo con memoria en vez de con dos láminas delante, y por eso es bastante más difícil.
Conviene empezar con tres cambios y con pocos objetos: con la habitación entera no encuentra ninguno y se desanima.
Cuánto tiempo
Una lámina son diez o quince minutos de atención continua. Dos seguidas no: la segunda se mira peor.
Si tarda mucho y se pone nervioso, casi siempre la lámina tiene demasiadas figuras para su edad, no demasiadas diferencias.
Bajar el número de figuras y mantener las diferencias funciona mejor que al revés.
Qué edad
Con ocho o diez figuras y tres diferencias, desde los cuatro o cinco. Con veinte figuras y cinco, desde los seis o siete.
Con veinticinco y siete u ocho diferencias, incluidas las de tamaño, desde los siete u ocho.
Es material que aguanta muchos años porque solo cambian el número de figuras y la sutileza de los cambios.
Decir en voz alta lo que se compara
Un truco que ordena el trabajo sin ninguna preparación: ir diciendo qué se está mirando. «La casa: igual. El árbol: igual. La nube: le falta un trozo».
Hablando no se salta nada, porque el ritmo de la voz obliga a ir uno por uno en vez de barrer con la vista.
Y de paso se practica nombrar lo que se ve, que en niños que dicen «esto» y «eso» para todo hace bastante falta.
Cuando las dos láminas están lejos
Si están en páginas distintas o muy separadas, el ejercicio cambia: hay que llevar en la cabeza lo que se acaba de ver.
Eso ya no es comparar, es memoria de trabajo, y es mucho más difícil. Conviene saberlo antes de elegir el material.
Con las dos láminas una al lado de otra, el ejercicio es de atención; separadas, de memoria. Los dos sirven y no son lo mismo.
Cuánto por sesión
Una lámina. Va bien como cierre de una sesión, cuando ya no queda cabeza para algo que exija pensar pero sí para mirar con cuidado.
También funciona en viajes y salas de espera, porque no necesita explicación ni corrección de nadie.
Y conviene alternar con sopas de letras y tablas de Schulte, que entrenan la misma búsqueda con otro material.
Antes y después de esto
Qué entrena exactamente este material está en encuentra las diferencias: qué entrena. Y el mismo método de recorrer sin saltarse nada, aplicado a otras búsquedas, en buscar de forma ordenada.
Cómo practicarlo jugando
Encuentra las diferencias es la versión en pantalla, con la comprobación inmediata de cada acierto.
Encuentra el objeto entrena la búsqueda entre muchos elementos y Recuerda y encuentra la misma comparación con memoria de por medio.
Qué imprimir
Encuentra las diferencias: difícil trae láminas con más de veinte figuras y hasta ocho diferencias, con la hoja de respuestas.
Para empezar, Encuentra las diferencias fáciles. Y para la misma búsqueda con letras, la Sopa de letras de la casa.
Lo esencial
- Con muchas figuras, mirar las dos láminas a la vez deja de funcionar: hay que recorrer por zonas y siempre en el mismo orden.
- Rodear cada diferencia en cuanto se encuentra, y en las dos láminas.
- Saber cuántas hay obliga a seguir buscando la última, que es la que de verdad entrena.
- Hay tres tipos: lo que falta, lo que cambia de color y lo que cambia de tamaño. Los dos últimos se resisten.
- Si se pone nervioso, suelen sobrar figuras, no diferencias.