Juegos y actividades

Comparar casilla por casilla

Por El equipo de Kodomi Club · 13 de septiembre de 2026 · 7 min

Comparar casilla por casilla

Mirar dos dibujos enteros y esperar a que salte la diferencia funciona a medias. Compararlos por partes funciona siempre.

En un «busca las diferencias» normal, los dos dibujos son escenas completas y hay que recorrerlas enteras. En esta versión las cosas están colocadas en el mismo sitio en las dos estanterías, así que se pueden comparar de una en una.

Parece una simplificación y es una lección de método: comparar por partes en vez de esperar a que la diferencia salte. Lo que en Encuentra las diferencias hay que descubrir, aquí viene servido por la disposición.

Esperar a que salte no funciona

La estrategia natural de un niño de cinco años es mirar los dos dibujos alternativamente y esperar. Con eso encuentra las diferencias grandes y se queda sin las otras dos.

No es falta de vista: es que sin recorrido no hay garantía de haber mirado todo. La mirada va a lo que llama la atención, y lo que no llama la atención no se mira.

Por eso el método importa más que la agudeza. Un niño que compara con orden encuentra las tres siempre; uno que mira a ver qué pasa, las encuentra según el día.

El recorrido que se enseña

Primero el hueco de arriba a la izquierda en las dos estanterías. Después el segundo. Después el tercero. Y así hasta el final, sin saltarse ninguno.

Se dice en voz alta la primera vez y se hace con el dedo. Al cabo de dos hojas, el niño lo hace solo y bastante más rápido de lo que parecía.

Lo interesante es que ese recorrido es el mismo que hace falta para revisar un ejercicio, comprobar una lista o buscar un dato en una tabla.

Saber cuántas hay

La hoja dice que hay exactamente tres, y ese número hace dos cosas. Da un final —se busca hasta tres y se para— y obliga a seguir cuando ya se han encontrado dos.

Sin el número, la mayoría de los niños se detienen en la segunda y dan la hoja por hecha. Con él, la tercera se busca de verdad.

Y permite comprobar: si encuentra cuatro, alguna no es una diferencia real y hay que volver a mirar. Eso también enseña.

La diferencia que no se ve

Casi siempre hay una que cuesta mucho más que las otras dos, y suele ser la que está en un sitio poco llamativo o la que cambia algo parecido por algo parecido.

Cambiar una taza por una tetera es más difícil de detectar que cambiar una taza por un coche, porque las dos son de la misma familia.

Ahí es donde se aprende a mirar de verdad: no basta con ver que hay algo, hay que reconocer qué es exactamente.

Nombrar antes de comparar

Con niños que se atascan, funciona nombrar las seis cosas de la primera estantería antes de mirar la segunda. Nombrar obliga a mirar cada una por separado.

Y después la comparación es casi automática: al recorrer la segunda, la que no coincide con el nombre esperado salta sola.

Es la misma técnica que sirve para notar qué falta en un grupo: sin lista no hay manera de detectar el hueco.

De las estanterías a las escenas

Cuando la versión ordenada sale sin dudar, se pasa a dos escenas de verdad, donde las cosas no están alineadas y hay que dividir el dibujo uno mismo.

Ahí el método cambia un poco: se recorre por zonas —arriba, medio, abajo— en vez de por casillas, pero la idea es la misma.

Y ese es el paso que da miedo si se salta el intermedio. Con la versión ordenada hecha muchas veces, el salto es cómodo.

El mismo trabajo con textos

A los ocho o nueve años, este ejercicio reaparece con palabras: comparar dos listas, comprobar que una copia coincide con el original, revisar si se han contestado todas las preguntas.

Y falla por lo mismo: sin recorrido no hay garantía. Un niño que revisa su ejercicio «mirándolo» no revisa nada.

Enseñar a revisar con el dedo, línea a línea, es exactamente lo que se ha entrenado aquí con dibujos.

Sin ficha, con dos fotos

La versión casera se hace con el móvil: una foto de la mesa, se cambian tres cosas y otra foto. Comparar las dos en la pantalla funciona igual de bien.

Y la versión sin fotos: el niño mira una habitación treinta segundos, sale, se cambian tres cosas y vuelve. Ahí hay memoria además de comparación, y es bastante más difícil.

Esa última es el juego que aguanta hasta los diez años y que se puede jugar en cualquier sitio: una mesa de restaurante, una estantería, una bandeja.

Cuando encuentra diferencias que no hay

Pasa a menudo y no es un error tonto: dos dibujos impresos no son idénticos al milímetro, y un niño que mira con lupa encuentra variaciones de impresión.

La respuesta es acotar: sólo cuentan las cosas que han cambiado de objeto, no las que están un poco torcidas.

Y de paso enseña algo útil: en una comparación hay que decidir qué cuenta como diferencia antes de empezar, porque si no, todo es diferente.

Lo que se entrena de fondo

Recorrer con orden, que es la habilidad de la que dependen la revisión, la búsqueda y la lectura de tablas.

Comparar por partes en vez de por impresión general, que es lo que separa a quien encuentra su propia falta de ortografía de quien no.

Y sostener la búsqueda hasta el final aunque ya se haya encontrado algo, que es lo contrario de lo que hace la mayoría.

A qué edad

A los cuatro años, dos filas de tres cosas y una sola diferencia. Nada más.

A los cinco y seis, seis cosas y tres diferencias, con las posiciones alineadas. Es la edad de esta ficha.

De siete en adelante, escenas completas, más diferencias y sin decir cuántas hay. Y la versión de memoria, que es la que se lleva a cualquier sitio.

Rodear las dos, no una

Un detalle que cambia la corrección: hay que rodear la cosa cambiada en las dos estanterías, no sólo en una.

Rodear las dos obliga a decir qué había y qué hay, y eso convierte el hallazgo en una comparación explicada: «aquí había una taza y ahora hay una tetera».

Con una sola marca se puede acertar por casualidad; con las dos, hay que haber identificado los dos objetos, que es lo que se quería.

Antes y después de esto

Qué entrena buscar diferencias está en encuentra las diferencias: qué entrena, y el recorrido con método, en buscar por zonas.

La trampa del color está en el color que despista. Y notar lo que falta, en darse cuenta de quién falta.

Cómo practicarlo jugando

Encuentra las diferencias es la versión con escenas completas, cuando el método ya está.

Encuentra el objeto entrena la búsqueda ordenada, y ¿Quién falta?, notar la ausencia.

Qué imprimir

Dos estanterías casi iguales trae tres hojas con las cosas alineadas y exactamente tres cambios.

Encuentra las diferencias fáciles pasa a las escenas, y Encuentra las diferencias sube el nivel.

Lo esencial

  • Esperar a que la diferencia salte encuentra dos de tres; recorrer encuentra las tres.
  • Con las cosas alineadas se compara hueco a hueco, que es el método en su forma más simple.
  • Saber cuántas hay da un final y obliga a buscar la última.
  • Cambiar una taza por una tetera cuesta más que cambiarla por un coche.
  • El mismo recorrido sirve después para revisar un ejercicio línea a línea.

Para practicarlo jugando

Seguir leyendo