Hay tres cosas distintas y se llaman todas «contar»: recitar la serie de números, señalar objetos diciendo uno por objeto, y reconocer la cifra escrita. Un niño puede tener las dos primeras y fallar la tercera sin que nadie lo note.
La hoja que las une es muy simple: unos dibujos a la izquierda, tres números a la derecha y hay que rodear el que toca. Es el mismo puente que construye A contar, con la cantidad delante y la cifra al lado.
El dedo encima de cada dibujo
Se cuenta señalando y diciendo un número por dibujo. Suena obvio y es exactamente donde está el fallo a los tres y cuatro años.
Los dos errores típicos no son de número: señalar dos veces el mismo objeto, o saltarse uno. Con el dedo encima los dos se ven, y el niño los corrige solo si vuelve a empezar.
Ayuda mucho ir apartando lo contado cuando son objetos de verdad. En papel no se puede apartar, y por eso conviene ir tachando o poniendo el dedo con firmeza.
El último número es la respuesta
Es la regla más difícil de las tres y la que más tarda. Muchos niños cuentan «uno, dos, tres» perfectamente y, al preguntarles cuántos hay, vuelven a contar desde el principio.
No es un despiste: es que han hecho la operación sin quedarse con el resultado. La serie es un recorrido y todavía no es una respuesta.
Se instala repitiendo la pregunta siempre después de contar, y respondiendo por él las primeras veces: «uno, dos, tres… hay tres». Con la frase entera dicha veinte veces, la idea entra.
Hasta tres, y por algo
Las primeras hojas llegan sólo hasta tres porque hasta tres un niño no cuenta: ve. Un grupo de dos o de tres se reconoce de un vistazo, sin recorrer nada.
Eso hace que el ejercicio se pueda resolver sin la parte difícil, y por eso funciona: lo que se practica aquí es la otra mitad, reconocer la cifra escrita.
Cuando esto sale sin dudar, se sube a cinco y ahí ya hace falta contar de verdad. Y después a diez, que es donde el conteo se vuelve una técnica.
Las cifras que se confunden
El dos y el cinco se parecen bastante escritos, y el seis y el nueve son el mismo dibujo girado. Son las tres confusiones que aparecen siempre.
Con el seis y el nueve conviene decir en voz alta dónde está la barriga: abajo el seis, arriba el nueve. Un gesto con la mano vale más que una explicación.
Y el cero merece atención aparte: es el único que no se puede señalar. «Ninguno» es un concepto y tarda; que un niño de cuatro años no entienda el cero es completamente normal.
Escribir la cifra viene después
Rodear el número correcto es reconocerlo. Escribirlo es otra cosa y llega más tarde, porque exige además el trazo.
Mezclar las dos cosas es lo que hace que un niño de cuatro años se atasque: está intentando recordar cómo es el tres y cómo se dibuja al mismo tiempo.
Por eso conviene un orden: primero reconocer entre tres cifras, después señalar la cifra en un montón, después repasarla por puntos y sólo al final escribirla suelta.
Los números por la casa
Están por todas partes y casi nadie los señala: el número del portal, el del ascensor, el del microondas, las páginas de un libro, el mando de la tele.
El ascensor es el mejor de todos porque hay que elegir uno y pasa algo cuando se aprieta. Un niño de cuatro años que pulsa el botón de su piso está leyendo una cifra con consecuencias.
Y las velas de la tarta: la cantidad, la cifra y la edad juntas. Es la primera vez que un número significa algo sobre él mismo, y por eso el número de su edad es el que antes reconoce.
Contar cosas que no se ven
Cuando contar objetos sale bien, el paso siguiente es contar cosas que no están quietas: pasos, palmadas, saltos, campanadas.
Es bastante más difícil porque no se puede señalar ni volver atrás. Hay que llevar la cuenta mientras pasa, que es una carga distinta.
Se empieza por tres palmadas y se sube. Y funciona muy bien con los ojos cerrados: contar sonidos obliga a la cuenta pura, sin ninguna ayuda visual.
Qué se puede pedir a cada edad
A los tres años: reconocer hasta tres de un vistazo y traer «dos» de algo. La cifra escrita puede empezar a aparecer, sin exigirla.
A los cuatro: contar hasta cinco señalando, responder «cuántos» sin volver a empezar y reconocer las cifras del uno al cinco.
A los cinco: contar hasta diez, reconocer las diez cifras y empezar a escribirlas. Con eso, primero de primaria empieza con lo básico resuelto.
Los dedos y las cifras
Un puente que funciona muy bien: enseñar la cantidad con los dedos y buscar la cifra que le corresponde. Tres dedos arriba y el tres rodeado.
Con los dedos, la cantidad se prepara antes de mostrarla, y eso es distinto de contar de uno en uno. Es el mismo salto que después permite ver un grupo y saber cuántos hay.
Y sirve al revés, que es más difícil: se dice una cifra y él tiene que enseñar esa cantidad de dedos. Ahí se ve enseguida quién reconoce el número y quién lo recita.
Cuando cuenta bien y escribe mal
Es lo más común a los cinco años: cuenta perfectamente, reconoce las cifras y al escribirlas le salen giradas o del revés.
Eso no es un problema de números: es de orientación, el mismo que hace que escriba la ese al revés. A esa edad es esperable y se corrige con el trazo, no con más conteo.
Lo que ayuda es marcar por dónde se empieza cada cifra y repasarla grande antes de escribirla pequeña. Y no corregir cada número girado: señalar uno, el que más se repite, y dejar el resto.
Antes y después de esto
La diferencia entre recitar y contar está en contar no es recitar, y el paso de la cantidad a la cifra, en del punto a la cifra.
La idea de cantidad que va antes está en antes de contar, la cantidad. Y para elegir bien delante de varias opciones, elegir el lápiz antes de pintar.
Cómo practicarlo jugando
A contar une la cantidad con su cifra, que es exactamente lo que pide la hoja.
Repasar los números asienta cómo se lee y se escribe cada uno, y Encuentra la misma cantidad compara grupos sin contar.
Qué imprimir
Cuenta y rodea el número trae doce filas de hasta tres dibujos con las cifras al lado.
Contar hasta 10 sube el tramo, y Escribir los números da el paso al trazo.
Lo esencial
- Recitar, contar señalando y reconocer la cifra son tres cosas distintas.
- Los fallos típicos son señalar dos veces o saltarse uno, no equivocarse de número.
- «El último número es la respuesta» es la regla que más tarda en llegar.
- Hasta tres se reconoce sin contar: por eso las primeras hojas llegan sólo ahí.
- Reconocer la cifra va antes que escribirla, y conviene no mezclarlas.