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Elegir el lápiz antes de pintar

Por El equipo de Kodomi Club · 12 de septiembre de 2026 · 7 min

Elegir el lápiz antes de pintar

Casi todos los niños de tres años cogen el primer lápiz que pillan. Un modelo al lado convierte colorear en una decisión.

Colorear libre y colorear siguiendo un modelo se parecen en la foto y no se parecen en nada por dentro. En el primero se coge un lápiz; en el segundo hay que mirar, decidir cuál de los doce es ese y sólo entonces empezar.

Esa decisión es el ejercicio entero, y es la que trabaja Colorea como el modelo. A los tres años, casi todos cogen el primero que pillan.

Mirar, decidir, pintar

El orden importa y conviene decirlo en voz alta las primeras veces: se mira el modelo, se busca el lápiz que se le parece, se comprueba al lado y entonces se pinta.

El paso de comprobar es el que más se salta. Poner la punta del lápiz junto al modelo antes de empezar cuesta dos segundos y evita colorear media hoja del color equivocado.

Con niños muy rápidos, ayuda pedir que digan el color en voz alta antes de coger nada. Decirlo obliga a haberlo mirado.

El nombre debajo del modelo

Cada modelo lleva su nombre escrito. No es para que lo lea: es para que el adulto lo lea en voz alta cada vez y la palabra suene pegada al color.

Al cabo de unas hojas, muchos niños reconocen la palabra entera por su forma, sin descifrar ninguna letra. Es la primera lectura de verdad y llega sin proponérselo.

Conviene además usar los nombres exactos: rosa y rojo son colores distintos, y celeste y azul también. Un vocabulario de color pobre se nota después al describir cualquier cosa.

Zonas grandes y pocas

Tres figuras por fila y grandes a propósito. Con doce zonas pequeñas se abandona a la mitad, y una hoja abandonada enseña menos que una terminada.

Terminar es lo que hace que se saque la siguiente, y a los tres años eso vale más que la precisión. Un borde respetado a medias con la hoja acabada es mejor resultado que medio dibujo perfecto.

Y las figuras son geométricas y no dibujos: un círculo, un cuadrado, una estrella. Así el niño no se distrae con lo que representan y sólo tiene que ocuparse del color.

Rellenar es otro trabajo

Dentro de colorear hay dos cosas: elegir el color y cubrir la superficie. La segunda es de mano y se entrena con el tiempo.

Cubrir bien exige trazos en la misma dirección, apoyar la mano y no dejar claros. Es lo que después permite escribir una página entera sin que la mano se agote.

Conviene no pedir las dos cosas a la vez al principio. Si el color elegido es el correcto, la hoja ha cumplido su función aunque el relleno esté hecho a rayas.

Los lápices que hay en casa

Una caja de doce es mejor que una de treinta y seis a esta edad. Con treinta y seis hay cuatro azules y la decisión se vuelve imposible.

Las ceras gordas cubren antes y cansan menos, y son las mejores hasta los cuatro años. Los lápices finos piden más control y llegan después.

Y conviene que estén a la vista y ordenados por color, no metidos en una bolsa. Buscar un lápiz entre un montón revuelto gasta la mitad de las ganas antes de empezar.

Cuando el color no está

Pasa a menudo: el modelo es rosa y en casa no hay rosa. En vez de cambiar la hoja, es una oportunidad.

Se puede buscar el más parecido y decidir entre dos, que es un ejercicio de comparación mejor que el original. O fabricarlo: rojo flojito da rosa, y eso se descubre apretando menos.

Ahí aparece de paso la idea de tono: el mismo lápiz da dos colores según la presión. Es la primera vez que se ve, y con cinco años ya se puede nombrar.

Lo que viene después

Cuando elegir el color sale sin dudar, el paso siguiente es colorear por códigos: cada número o cada letra lleva un color asignado.

Ahí la decisión ya no es de percepción sino de leer una leyenda y aplicarla, que es una tarea distinta y bastante más exigente.

Y más adelante, colorear resolviendo cuentas: el color depende del resultado. Todo eso se apoya en el mismo hábito de mirar antes de coger el lápiz.

Fuera de la hoja

El ejercicio existe en la vida diaria y no cuesta nada: buscar un jersey del color de la mochila, elegir el plato que hace juego, ordenar los lápices por gama.

También sirve la colada: separar la ropa por colores es clasificar y comparar tonos a la vez, y es una tarea de casa de verdad.

Y en el supermercado, buscar tres cosas del mismo color entretiene un pasillo entero y deja el vocabulario de color repasado sin ninguna ficha.

Un modelo que elige él

El paso siguiente al modelo impreso es un modelo que se busca: colorear el dibujo del color de algo que hay en la habitación.

Pedirle que lo pinte del color de su jersey le obliga a mirar el jersey, recordar el color mientras vuelve a la mesa y buscar el lápiz. Hay memoria por medio, y eso lo hace bastante más difícil.

También funciona al revés: él elige el color, lo pinta y el adulto tiene que adivinar de qué cosa de la casa lo ha sacado. Ahí el ejercicio se convierte en un juego para dos.

Con hermanos y con prisa

Con dos niños delante de la misma hoja aparece la comparación, y con ella la prisa. El mayor termina antes y el pequeño acelera para alcanzarle.

La manera de evitarlo es dar tareas distintas sobre la misma lámina: el mayor colorea siguiendo el modelo y el pequeño sólo la figura grande, o al revés.

Y conviene no premiar la velocidad ni de broma. En una hoja de colorear, ir rápido es exactamente lo contrario de lo que se está entrenando.

Otra manera de alargarlo sin subir la dificultad: pintar la misma figura dos veces con colores distintos y decidir cuál queda mejor. Elegir es lo que se entrena, y elegir entre dos cosas propias es la versión más fácil de todas.

Antes y después de esto

El orden en que se aprenden los colores está en los colores: cómo se aprenden, y el trabajo de cubrir superficies, en rellenar y colorear.

Los tonos, cuando ya distingue colores, están en claro, oscuro y el tono de en medio. Y para la cifra que se elige entre varias, del número dicho a la cifra escrita. Para colorear largo y sin modelo, mandalas para los más pequeños.

Cómo practicarlo jugando

Colorea como el modelo obliga a elegir el color exacto y no uno parecido.

Adivina el color asienta los nombres, y Caza del arcoíris los busca en el mundo de alrededor.

Qué imprimir

Colorea igual que el modelo trae doce filas con el modelo pintado, su nombre y tres figuras en blanco.

Colorea por números fácil es el paso a la leyenda, y Mandalas para empezar trabaja la resistencia de mano.

Lo esencial

  • Colorear libre y colorear con modelo son dos tareas distintas.
  • Mirar, decidir, comprobar al lado y entonces pintar: el paso de comprobar es el que se salta.
  • El nombre escrito debajo se lee en voz alta cada vez, y acaba reconociéndose entero.
  • Zonas grandes y pocas: una hoja terminada enseña más que media hoja perfecta.
  • Doce lápices ordenados por color, no treinta y seis en una bolsa.

Para practicarlo jugando

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