Es el consejo más repetido y el más fácil de seguir: pon los dibujos en inglés.
No cuesta nada, no hay que organizar nada y da la sensación de estar haciendo algo
por el idioma mientras el niño está entretenido.
Aporta, y bastante menos de lo que se supone. Merece la pena entender qué da
exactamente y qué le falta, para no confiarlo todo a eso.
Lo que da y lo que no
Lo que da: el oído. Ritmo, entonación, los sonidos que no
existen en español. Un niño que oye inglés varias horas a la semana desde pequeño
distingue cosas que otro no distingue, y eso se conserva. Es un beneficio real y
es difícil de conseguir de otra manera en una casa donde nadie habla el idioma.
Lo que no da: vocabulario que pueda usar. Y aquí está el
malentendido. Un niño puede ver cien horas de dibujos en inglés y no ser capaz de
decir «apple», porque escuchar sin más no fija palabras: para que una palabra se
quede hace falta atención dirigida a ella y algo que obligue a recuperarla.
De ahí que los dibujos funcionen como fondo y no como método. Ponen el
oído; el vocabulario hay que trabajarlo aparte, y para eso están los ratos cortos
del tipo de Inglés, escucha y elige,
donde cada palabra se oye, se busca y se confirma.
Qué hace que un dibujo sirva más
No todos valen lo mismo, y hay tres criterios que cambian mucho el rendimiento.
Que ya lo conozca en español. Un episodio que ha visto veinte
veces se entiende sin entender el idioma, así que el niño puede dedicar toda la
atención a cómo suenan las cosas en vez de a enterarse de la historia. Empezar por
sus dibujos de siempre en inglés funciona mucho mejor que estrenar algo.
Que hablen despacio y de cosas visibles. Las series para
preescolares están hechas así a propósito: frases cortas, mucha repetición y lo
que se nombra está en pantalla. Una serie para niños mayores, con diálogo rápido y
chistes, es ruido agradable y poco más.
Que se repita. Un mismo episodio cinco veces aporta más que
cinco episodios distintos. Es contraintuitivo y es la clave: la repetición es lo
que convierte un sonido en una palabra reconocible.
Las canciones, que son otra cosa
Merecen párrafo aparte porque funcionan distinto de los dibujos.
Una canción se aprende entera, con su melodía, y eso hace que se quede
muchísimo mejor que una frase suelta. Un niño canta correctamente frases inglesas
completas años antes de poder construirlas, y ese material almacenado es útil
después.
El límite es que lo que se aprende cantando queda pegado a la canción: el niño
no saca «head, shoulders, knees and toes» de su melodía para usarlo en otro sitio.
Sirve como depósito, no como vocabulario disponible.
Lo que ayuda a despegarlo es hacer los gestos —tocarse la cabeza, los
hombros—, porque entonces la palabra se asocia también a una cosa real y no solo a
un compás. Las canciones con gestos rinden bastante más que las de escuchar
sentado.
Cómo convertir el rato de dibujos en algo más
Hay tres cosas que cuestan un minuto y multiplican lo que se saca de un
episodio, y ninguna consiste en interrumpir mientras se ve.
Elegir una palabra antes de empezar. «Hoy escuchamos a ver
cuántas veces dicen dog.» Con eso el niño pasa de oír un ruido continuo a
buscar algo concreto, que es la diferencia entre oír y escuchar. Una palabra, no
cinco.
Comentarlo después, en español. Dos preguntas al terminar
—«¿qué palabra hemos oído?», «¿qué crees que quería decir?»— obligan a recuperar
algo, y recuperar es lo que fija. Durante el episodio, en cambio, mejor no hablar:
interrumpir corta justamente la escucha.
Repetir el mismo episodio. Lo que a un adulto le parece
aburridísimo es lo que a un niño le permite entender un poco más cada vez. La
tercera vez ya no está siguiendo la historia y puede oír cómo se dicen las
cosas.
Subtítulos: cuándo sí y cuándo no
Con un niño que aún no lee, ninguno: no aportan nada y quitan atención de la
pantalla.
Con un niño que lee en español, los subtítulos en español son
contraproducentes para el idioma. Leer va más rápido que escuchar, así que el niño
lee y deja de oír; el inglés pasa a ser un ruido de fondo detrás del texto.
Los subtítulos en inglés tienen sentido bastante más tarde —a partir de los
ocho o nueve, y con un nivel decente— porque entonces ayudan a unir lo que se oye
con cómo se escribe. Antes de eso son letras que no se pueden leer.
Cuánto tiempo y a cambio de qué
Aquí conviene ser honestos: poner los dibujos en inglés no reduce el tiempo de
pantalla, y no lo convierte en tiempo educativo. Sigue siendo pantalla, con las
mismas consideraciones de siempre — están en Cuánto tiempo de pantalla de los 3 a los 8
años.
Lo razonable es cambiar el idioma de lo que ya se ve, no añadir media hora
porque ahora es en inglés. Y complementar con algo activo, aunque sean cinco
minutos: un rato en el que el niño tenga que responder vale más para el
vocabulario que veinte de mirar.
La proporción que funciona bien en casa es simple: los dibujos que ya se ven,
en inglés, y cinco o diez minutos diarios de algo donde haya que contestar.
Cómo practicarlo jugando
Lo que le falta a los dibujos es exactamente lo que dan estos tres: obligar a
recuperar la palabra en lugar de solo oírla.
Inglés, escucha y elige es lo más
parecido a la escucha pasiva pero con respuesta: se oye y hay que señalar, así que
la palabra se procesa de verdad.
Inglés, palabra y dibujo añade la
forma escrita, y Memoria en inglés obliga
a sostener palabra y dibujo a la vez, que es un escalón más.
Diez minutos de esto a la semana cambian más el vocabulario disponible que
diez horas de dibujos, sin que eso quite valor a las diez horas para el oído.
Qué imprimir
Los animales en inglés tiene un
uso muy concreto en combinación con los dibujos: si la serie que ve trae animales,
la hoja convierte lo que ha oído de pasada en ocho palabras que puede nombrar.
Ese es en general el papel del papel aquí — recoger y fijar lo que la pantalla
ha ido dejando suelto. Una hoja después de una semana de dibujos rinde mucho más
que la misma hoja sin nada detrás.
Y la estrategia general de por dónde empezar está en A qué edad empezar con el
inglés.
Para la canción de head, shoulders, knees and toes, que es la que
más se canta en todas las casas, está el cuerpo en inglés: en las
tarjetas, la parte de la que habla cada palabra va marcada sobre la misma
figura, y eso despega la palabra de la melodía.
Lo esencial
Los dibujos en inglés dan oído —ritmo, entonación, sonidos que no existen en
español— y no dan vocabulario que el niño pueda usar, porque escuchar sin más no
fija palabras. Rinden más si ya conoce el episodio en español, si hablan despacio
de cosas visibles y si se repiten. Las canciones se quedan mejor pero pegadas a su
melodía, y los gestos ayudan a despegarlas. Los subtítulos en español son
contraproducentes. Y poner los dibujos en inglés no convierte el tiempo de
pantalla en otra cosa: hace falta además un rato corto y activo.