Juegos y actividades

Diez huevos escondidos por la casa

Por El equipo de Kodomi Club · 11 de septiembre de 2026 · 7 min

Diez huevos escondidos por la casa

La búsqueda de Pascua se convierte en ejercicio si los huevos llevan número detrás. Cómo montarla y qué se entrena mientras se busca.

Esconder cosas por la casa y buscarlas es un juego que funciona a cualquier edad y en cualquier fecha. Con diez huevos de papel coloreados por el niño, además, sale gratis y dura dos tardes: una para hacerlos y otra para buscarlos.

Y con un detalle pequeño se convierte en ejercicio: un número escrito por detrás de cada huevo. Al final hay que ponerlos en orden, que es justo lo que entrena ¿Qué va antes? con otro material.

Primero se fabrican

El huevo es de las formas más agradecidas que hay para colorear: cerrada, simétrica y con rayas que ya reparten el dibujo en zonas. Cada franja de un color y el resultado queda bien siempre.

Se colorean, se recortan y se numera cada uno por detrás. Escribir del uno al diez en papel, con un motivo, es de esas prácticas que no se sienten como práctica.

Con niños de tres años, el adulto recorta y el niño colorea. Con cinco lo hace todo él, aunque el contorno salga irregular: un huevo torcido sigue siendo un huevo.

Buscar con método

Un niño que busca sin método da tres vueltas al mismo sofá. Buscar bien es recorrer por zonas: primero esta habitación entera, de la puerta a la ventana, y después la siguiente.

Esa manera de mirar no la tiene casi nadie de serie y se enseña diciéndola en voz alta mientras se juega. Al cabo de dos partidas, el niño la aplica solo.

Es la misma habilidad que después hace falta para encontrar una palabra en una sopa de letras, un país en un mapa o un dato en una página. Aquí se practica con premio.

El número por detrás lo cambia todo

Sin números, la búsqueda termina cuando se acaban los huevos y no queda nada más. Con números, empieza la segunda parte: ordenarlos del uno al diez sobre la mesa.

Y con ellos aparece la pregunta útil: ¿cuántos faltan? Si están el 1, el 2, el 4 y el 7, decir cuáles no han salido es un ejercicio de serie numérica bastante más exigente que contar.

Los que faltan dan además el final del juego. Sin números, nadie sabe cuándo parar; con números, se busca hasta que la fila está completa.

Dónde se esconden

Con tres y cuatro años, a la vista pero no evidentes: encima de una silla, apoyados en un libro, medio asomando por un cajón. Un huevo bien escondido a esa edad no se encuentra y el juego se hunde.

Con seis y siete ya se puede esconder de verdad, y ahí es donde el método de buscar por zonas se vuelve necesario. Diez huevos bien escondidos dan veinte minutos largos.

Conviene apuntar dónde se han puesto. Todos los años se queda alguno sin encontrar, y aparece en julio detrás de un mueble.

Las pistas escritas

Con niños que ya leen, las pistas cambian el juego entero: cada huevo lleva un papelito que dice dónde está el siguiente. «Donde se guardan las cucharas», «debajo de lo que se sienta».

Leer para hacer algo, en vez de leer para contestar preguntas, es la lectura más motivada que existe. Un niño que se atasca con un texto del colegio descifra una pista en cinco segundos.

Y escribir las pistas también vale: que el mayor esconda para el pequeño y escriba él los papelitos. Ahí la exigencia es mayor, porque hay que escribir para que otro lo entienda.

Un juego que se puede repetir

Los huevos se guardan y sirven el año siguiente, o el mes siguiente con otra excusa. Un juego que sólo se puede jugar un día del año se aprovecha poco.

Cambiando el número por una letra sale otra versión: se buscan las letras y se compone una palabra. Con seis letras y una palabra conocida es un ejercicio de lectura completo.

Y con operaciones detrás en lugar de números, sirve para repasar las tablas sin que lo parezca: cada huevo tiene una cuenta y hay que ordenarlos por el resultado.

Qué se hace con lo encontrado

Conviene decidir antes qué pasa al final, porque si el premio es un huevo de chocolate por cada uno de papel, la tarde acaba mal.

Lo que funciona es un premio único al completar la fila: un huevo de chocolate, una tarde de juego, elegir la merienda. El trabajo se paga una vez.

Y funciona todavía mejor si el premio no es comida: para muchos niños, esconderlos ellos para que los busque otro es mejor premio que cualquier chocolate.

La versión de fuera de casa

En un parque o en un jardín cambia la escala y el método: hay que acotar la zona antes de empezar y decirla en voz alta, o la búsqueda se pierde.

Con varios niños conviene repartir por colores en lugar de por cantidad —cada uno busca los de su color— porque si no, el más rápido encuentra ocho de diez y el pequeño ninguno.

Y al aire libre el papel dura poco: mejor plastificarlos con celo ancho por las dos caras, que además los hace reutilizables durante años.

Los huevos de verdad

Si además se tiñen huevos cocidos, la tarde se alarga y el experimento es de los buenos: agua caliente, vinagre y colorante, y ver cómo la cáscara va cogiendo color.

Con cebolla se consigue un marrón dorado y con col lombarda, un azul que sorprende a cualquiera. Que un color salga de una verdura que no es de ese color es la clase de cosa que un niño de siete años cuenta en el colegio al día siguiente.

Y hay un truco que da mucho juego: pegar una pegatina o atar una goma antes de teñir. Al quitarla queda la forma en blanco, y ahí aparece la idea de reserva, que es la misma que se usa al pintar con cera y acuarela.

Y si no hay ganas de teñir nada, la cáscara vacía también sirve: se vacía el huevo con un pinchazo en cada punta, se lava y se pinta con rotulador. Queda ligerísimo, se puede colgar de una rama y dura años guardado en una caja de huevos.

Antes y después de esto

Cómo se busca con método está en buscar por zonas, y la misma idea aplicada a otras cosas, en buscar de forma ordenada.

La otra fiesta con tareas cortas y medalla está en la tarde del 31 de octubre. Y para lo que se hace al aire libre en esa época, salir a buscar el otoño.

Cómo practicarlo jugando

A contar practica el conteo con el que se comprueba cuántos huevos faltan.

Encuentra el objeto entrena la búsqueda visual con método, y ¿Qué va antes?, el orden con el que se colocan al final.

Qué imprimir

Los huevos de Pascua trae dos láminas grandes para colorear y una hoja de tres tareas de contar y clasificar.

Contar hasta 20 asienta la serie que hace falta para ordenar los huevos, y Buscar por coordenadas lleva la búsqueda con método al papel.

Lo esencial

  • Los huevos se fabrican en una tarde y se buscan en otra: el juego dura el doble.
  • El número por detrás añade la segunda parte, ordenarlos, y da un final claro.
  • Buscar por zonas se enseña diciéndolo en voz alta mientras se juega.
  • Con niños que leen, las pistas escritas son la lectura más motivada que hay.
  • Un premio único al completar la fila funciona mejor que uno por huevo.

Para practicarlo jugando

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