En la bañera hay diez minutos diarios que casi nadie aprovecha, y son de los mejores del día: el niño está contento, no hay prisa por terminar y el material cuesta cero euros. Con tres vasos de distinto tamaño ya hay experimento.
No hace falta convertirlo en clase. Basta con poner dentro cosas que se puedan llenar, vaciar, pescar y comparar, y hacer alguna pregunta mientras. Lo de pescar, por cierto, es la misma tarea que A pescar: elegir uno concreto entre varios que se mueven.
Qué meter en la bañera
Vasos de plástico de tres tamaños, un colador, una botella vacía, una jarra pequeña, un embudo, unos cuantos juguetes que floten y otros que se hundan. Nada de eso es material didáctico y todo eso enseña.
Si hay peces de plástico o letras de espuma, mejor: con ellos se pueden dar consignas —«coge el pez amarillo», «busca la letra de tu nombre»— y el juego gana un objetivo.
Con una red de las de pecera pequeña, pescar se vuelve más difícil y más divertido, porque la presa se escapa y hay que apuntar. Esa dificultad es la parte que entrena.
Llenar y vaciar: la primera medida
Llenar un vaso grande con uno pequeño y contar cuántos caben es medir, aunque nadie lo llame así. La respuesta no se adivina: se comprueba, y a veces sorprende.
El mismo agua en un vaso ancho y en uno estrecho parece distinta cantidad, y la mayoría de los niños de cuatro o cinco años dirá que hay más en el estrecho. No es un error que se corrija explicándolo: se corrige vertiendo de uno a otro delante de ellos, muchas veces, a lo largo de meses.
De ahí sale vocabulario que no aparece en otro sitio: lleno, medio lleno, vacío, cabe, sobra, rebosa. Palabras que después hacen falta en clase.
Flota o se hunde
Antes de soltar cada cosa, preguntad: «¿flotará?». Que diga su apuesta en voz alta es lo importante, porque comprobarla después es lo que convierte el juego en experimento.
Las sorpresas son las que enseñan: la piedra pequeña se hunde y el barco grande flota, así que no es cuestión de tamaño. No hace falta explicar la densidad; basta con notar que la respuesta no era la que parecía.
Un truco bonito: el mismo envase vacío flota y lleno de agua se hunde. Ahí se ve que lo que cambia es lo que lleva dentro, no la forma.
Los colores en el agua
Con dos gotas de colorante alimentario en tres vasos hay una sesión entera de mezclas: azul y amarillo dan verde, y lo dan delante de él, no en una lámina.
Mientras tanto se nombran los colores sin que parezca un repaso, y se pueden pedir consignas: «dame el vaso naranja», «pon el pez rojo en el vaso azul».
El final sin lágrimas
La pelea del baño no suele ser entrar, es salir. Ayuda avisar antes —«cuando se acabe esta canción»—, y ayuda que la última tarea sea suya: vaciar los vasos, meter los juguetes en la red.
Quien termina haciendo algo sale mejor que quien termina porque se lo mandan. Y si la red cuelga del grifo, recoger dura veinte segundos.
Seguridad, en dos líneas
Un niño pequeño nunca se queda solo en la bañera, ni un momento, aunque haya poca agua. Y los envases de champú de verdad fuera: para jugar valen botellas limpias y vacías.
Contar mientras se lava
El baño es también el mejor sitio para contar partes del cuerpo, porque están todas a la vista y se tocan: dos manos, diez dedos, dos rodillas, una barriga.
Lavar por orden —primero los brazos, después la barriga, después las piernas— añade la idea de secuencia y hace que el baño sea previsible, que a muchos niños les tranquiliza.
Y da vocabulario que no aparece en otro sitio: codo, tobillo, muñeca, talón. Palabras que a los cuatro años suenan raras y con dos semanas de baño se quedan.
Si hay resistencia al agua en la cabeza, contar hasta cinco mientras se aclara convierte lo insoportable en algo con final conocido. El número hace de reloj.
Con una pastilla de jabón, un colador y un poco de paciencia se pueden hacer experimentos que parecen magia: espuma que crece, agua que pasa por los agujeros, cosas que desaparecen debajo de la espuma y reaparecen.
El niño aprende ahí una idea importante: las cosas siguen existiendo aunque no se vean. Es la misma que sostiene después los juegos de memoria y los objetos escondidos.
Y aprende que el agua toma la forma del recipiente, que es una de esas cosas obvias para un adulto y nueva para él. Se comprueba vertiendo el mismo vaso en tres botes distintos.
Cuando el baño da miedo
Hay etapas en que el agua deja de gustar, casi siempre alrededor de los dos o tres años. Forzar no funciona, y convertirlo en batalla diaria tampoco.
Lo que suele desatascarlo es bajar la exigencia: menos agua, un barreño dentro de la bañera, bañarse de pie, o una esponja sin bañera durante unos días. La vuelta se hace por etapas y con juguetes de por medio.
Y ayuda darle el control de alguna parte: que abra él el grifo, que decida qué juguete entra, que se eche él el jabón. Quien manda en un trozo se resiste mucho menos en el resto.
El pelo y las uñas, aparte
Lavar el pelo y cortar las uñas son dos batallas distintas del baño y conviene tratarlas por separado, porque los motivos no son los mismos: el pelo molesta por el agua en la cara, y las uñas, por el miedo a hacerse daño.
Con el pelo funcionan la visera de baño, echar la cabeza hacia atrás y contar hasta cinco mientras se aclara. Con las uñas funciona hacerlo después del baño, con las manos blandas, y cortar solo dos dedos si ese día no da para más.
Los dos casos mejoran con aviso y con turno: primero se juega, después toca esto, y se sabe desde el principio. Lo que sale por sorpresa es lo que se lleva peor.
Antes y después de esto
Los colores que se nombran en la bañera se afianzan después buscándolos por la casa: Buscar un color por toda la casa propone ese juego con lo que ya hay en el salón.
Y sobre cómo se aprenden los nombres de los colores y en qué orden suelen llegar, está Los colores: cómo se aprenden.
Cómo practicarlo jugando
A pescar lleva a la pantalla la parte de elegir bien: los peces nadan, la voz pide uno por su color o por su letra, y hay que sostener la consigna mientras se mueven.
Adivina el color afianza los nombres de los colores que se han estado diciendo en el agua, y Medimos es el paso siguiente de llenar y vaciar, ya con la idea de comparar cantidades.
Qué imprimir
Para jugar a nombrar colores fuera del agua, Bingo de figuras y colores se puede plastificar y dura años. Y si queréis dejar constancia de los experimentos, un folio partido en dos columnas, «flota» y «se hunde», con un dibujo en cada una.
Lo esencial
La bañera da medidas, colores y experimentos por el precio de tres vasos y un colador. Pedid la apuesta en voz alta antes de comprobar, verted de un vaso a otro delante de él sin explicar nada, poned consignas de color mientras pesca y dejad que la última tarea del baño sea suya.