Se le pide que traiga el vaso, apague la luz y cierre la puerta, y vuelve con el vaso. No es desobediencia ni despiste: es que tres encargos seguidos no le caben, y el tercero se ha ido mientras cumplía el primero.
Eso se puede entrenar, y con un formato que se parece mucho a la situación real. En La lista de la compra una voz pide tres o cuatro productos, la lista se ve unos segundos y desaparece, y después hay que recorrer la estantería y meter en la cesta lo que se ha retenido.
Memoria de trabajo, no memoria a secas
Lo que aquí se usa no es la memoria de acordarse de un cumpleaños. Es la que sostiene una información unos segundos mientras se hace otra cosa con ella, y se vacía en cuanto la tarea termina.
Es la que se usa al sumar de cabeza llevando una decena, al copiar una frase del encerado, al buscar en el índice el número de página que acaba de leer. Cuando falla, todo eso se vuelve trabajoso a la vez.
Y tiene un tamaño que crece con la edad. Tres puntos son un techo razonable en preescolar; cuatro y cinco, ya de colegio. Pedir cinco a un niño de cinco años no entrena nada: solo enseña que no se puede.
Por el oído es más difícil
Casi todos los juegos de memoria del catálogo son visuales: mira este dibujo y búscalo después. Este entra por otro canal, y el canal cambia bastante la dificultad.
Una lista dicha no se puede volver a mirar. Existe mientras suena y luego solo queda lo que uno se haya repetido por dentro, que es precisamente la estrategia que hay que aprender.
Es también el canal por el que llegan casi todos los encargos de la vida real: en casa nadie escribe «trae el vaso y cierra la puerta». Se dice, una vez, mientras el niño está haciendo otra cosa.
El producto parecido no es una maldad
En la estantería, al lado de la leche hay yogur, y al lado de las galletas, caramelos. Quien retuvo «algo de lácteos» en vez de «leche» cae ahí, y ese fallo dice más que un acierto.
Retener la idea general en lugar del dato concreto es lo que pasa después con los enunciados: «era de repartir» en lugar de «entre cuántos». El señuelo obliga a guardar la palabra exacta.
Cuando el niño falla por el vecino de grupo, la conversación es fácil y útil: «te han pedido leche, ¿el yogur es leche?». No hace falta más; la próxima vez retiene el punto y no la impresión.
Repetirlo por dentro se enseña
La estrategia que separa a los niños que retienen tres cosas de los que retienen una tiene nombre casero: repetírselo. Decir la lista entre dientes dos veces mientras se camina hacia la cocina.
No es evidente por sí sola, y muchos niños no la descubren hasta bastante tarde. Se enseña haciéndola en voz alta delante de ellos: «leche, pan, manzanas... leche, pan, manzanas», y ya está.
La otra estrategia es agrupar: dos cosas de la nevera y una del armario. Con cuatro y cinco puntos es la única que sostiene, y aparece sola en cuanto la lista se hace larga.
Cuando conviene dejar apuntar
Apuntar la lista es lo que hace cualquier adulto sensato, y no hay nada que objetar. Pero conviene tener claro qué se está entrenando cada vez: con la lista escrita se entrena organizarse, sin ella se entrena retener.
Las dos cosas hacen falta y no compiten. Lo razonable es alternar: los recados largos de verdad, escritos; los de tres cosas, de cabeza, porque es donde el músculo crece.
Y hay una tercera opción que funciona muy bien con niños pequeños: que repita el encargo antes de salir de la habitación. Repetirlo en voz alta es media tarea hecha.
Los mismos tres puntos en el colegio
Un enunciado con dos preguntas es exactamente este ejercicio: hay que resolver la primera sin perder la segunda. El niño que contesta solo a una casi nunca ha fallado el cálculo.
Copiar del encerado también lo es. Quien retiene dos palabras por viaje levanta la cabeza cinco veces por frase; quien retiene seis, dos veces, y termina antes con menos faltas.
Y los deberes apuntados de corrido al final de la clase, con prisa, son un encargo de tres o cuatro puntos en el peor momento posible. Ahí ayuda un cuaderno, no la memoria.
Cuántos puntos por edad
A los cuatro y cinco años, dos encargos seguidos ya son un logro y tres es el techo en un día bueno. Conviene que sean cosas distintas entre sí: dos objetos del mismo cajón se mezclan.
A los seis y siete, tres se sostienen casi siempre y cuatro se pueden si están agrupados —«dos cosas de la nevera y dos del cajón»—. Es la edad en la que aparece sola la costumbre de repetírselo.
De ocho en adelante, cuatro y cinco puntos son el trabajo normal, y lo que sube ya no es la cantidad sino la interferencia: retener la lista mientras pasa algo más, que es exactamente lo que ocurre en una clase.
Cómo jugarlo en casa
La versión de mesa es sencilla: se ponen ocho o diez objetos en la encimera, el adulto pide tres sin señalar ninguno y el niño los trae juntos. Si trae dos, se repite la lista y se vuelve a intentar.
Se sube de nivel de dos maneras: añadiendo un cuarto punto o metiendo entre los objetos alguno parecido —dos cucharas de distinto tamaño, dos vasos de distinto color—. La segunda es más exigente que la primera.
Y en el supermercado de verdad funciona igual de bien: tres cosas de la lista se las lleva él en la cabeza y las va cogiendo. Es un ejercicio disfrazado de ayuda, que es la mejor manera de que dure.
Antes y después de esto
Qué es la memoria de trabajo y dónde se nota está en memoria de trabajo en niños, y la atención por el oído, en escuchar sin mirar.
La misma tarea con la consigna escrita en vez de dicha es la frase entera antes de mover la mano. Y para pasar de la cabeza al papel, escribir para no acordarse.
Cómo practicarlo jugando
La lista de la compra es el encargo entero: lista dicha, unos segundos para verla y una estantería con señuelos parecidos.
Recuerda la secuencia trabaja el orden además del contenido, y Recuerda y encuentra hace lo mismo por el canal visual.
Qué imprimir
La lista de la compra es la versión de papel para llevar al súper, con hueco para dibujar lo que toca.
Preparo la mochila convierte en lista lo que cada tarde se olvida, y Memori de números entrena la memoria por el otro canal.
Lo esencial
- Volver con un encargo de tres no es desobediencia: es el tamaño de la memoria de trabajo.
- Una lista dicha no se puede volver a mirar; por eso el oído es más exigente que la vista.
- El señuelo parecido pilla a quien retuvo la impresión y no el dato.
- Repetírselo por dentro y agrupar son estrategias que se enseñan, no aparecen solas.
- Un enunciado con dos preguntas es el mismo ejercicio con otro nombre.