Escribir un texto libre es difícil de corregir: casi todo es opinable. Un diálogo, no. Tiene una regla concreta y se cumple o no se cumple, y eso lo convierte en un ejercicio de escritura poco frecuente.
La regla es corta: cada vez que habla alguien distinto, punto y aparte y raya al empezar el renglón. El resto es contenido. Las palabras que enlazan lo que dicen los dos las trabaja Une las frases.
La regla, dicha entera
Punto y aparte cuando cambia quien habla, y raya al principio del renglón nuevo. Eso es todo.
No hacen falta comillas. Y no hace falta escribir quién habla si los dos se turnan, porque la raya ya lo dice.
Conviene decirla completa antes de empezar y enseñar dos renglones escritos como ejemplo. Con eso se entiende.
El error de siempre
Meter las dos voces en el mismo renglón: «Hola dijo el panadero buenos días dijo la niña».
Si pasa, no hace falta corregir: basta con leerlo en voz alta haciendo las dos voces. Se oye enseguida que están pegadas.
Y entonces el niño lo arregla solo, que es mucho mejor que una marca roja en el margen.
La raya no es un guion
Es un detalle que a esta edad da igual y conviene no insistir: la raya de diálogo es más larga que el guion de separar palabras.
A mano se hace una raya y ya está. La distinción tipográfica llega mucho después y no aporta nada ahora.
Lo que sí importa es que esté al principio del renglón y pegada a la primera palabra.
Escenas con dos personajes
Con tres ya hace falta decir quién habla y el ejercicio se complica de golpe. Al principio, dos.
Y dos que tengan algo que resolver: uno quiere una cosa y el otro otra. Sin conflicto, el diálogo se queda en «hola, adiós».
La panadería, el médico, dos amigos que no se ponen de acuerdo. Escenas de la vida, no de fantasía.
Corto y bueno
Cuatro o cinco intervenciones por escena. Con más, la letra se descuida y el diálogo se vuelve una lista.
Es exactamente lo que se pide en el colegio, y da tiempo a cuidar la ortografía y el trazo.
Y permite hacer dos escenas en una sesión, que enseña más que una larga.
Que se oiga distinto a cada uno
El salto de calidad no está en la puntuación: está en que el panadero y la niña no hablen igual.
Basta con una diferencia: uno usa frases cortas, otro pregunta mucho; uno dice «buenos días» y el otro «hola».
Señalarlo una vez y dejarlo. Es de las cosas que un niño de ocho años capta enseguida cuando se le enseña un ejemplo.
Los signos de pregunta
En un diálogo hay muchas preguntas, y ahí aparece la de abrir con el signo invertido, que se olvida siempre.
Conviene trabajarlo aquí y no en una hoja aparte: en un diálogo las preguntas tienen sentido y se ve para qué sirve el signo.
La comprobación es rápida: contar los signos de abrir y los de cerrar. Tienen que ser los mismos.
Al teléfono
Es una variante que obliga a algo interesante: como no se ve a quien habla, hay que decir quién es uno al empezar.
Eso enseña una idea de fondo de toda la escritura: hay que dar la información que el otro no tiene.
Y es una escena que todos conocen, así que las frases salen solas.
Leerlo en voz alta a dos
Terminado el diálogo, leerlo entre dos, cada uno una voz, es la mejor comprobación y además es divertido.
Si al leer hay que dudar sobre quién dice qué, la puntuación falla y se ve sin explicar nada.
Y si suena raro, el contenido falla. Las dos cosas se detectan en un minuto de lectura.
De la conversación al cuento
Un diálogo es la parte de un cuento donde pasan las cosas, y por eso es buen punto de entrada para quien se bloquea escribiendo.
Escribir «dos amigos discuten sobre a qué jugar» es mucho más fácil que escribir «un cuento», y produce texto de verdad.
Después se puede añadir una frase al principio diciendo dónde están, y ya hay una escena completa.
Copiar diálogos de libros
Abrir un cuento por una página con diálogo y copiar cinco renglones enseña la puntuación mejor que cualquier explicación.
Y de paso se ve cómo lo resuelven los escritores: dónde ponen «dijo», cuándo lo omiten, cómo describen entre medias.
Copiar bien un modelo es un ejercicio infravalorado y aquí rinde especialmente.
Lo que no hay que corregir todavía
Los verbos de habla variados —«exclamó», «murmuró»— pueden esperar. A los ocho años «dijo» está perfectamente bien.
Y las acotaciones entre rayas, que son la parte difícil de la puntuación del diálogo, se dejan para los diez u once.
Con la raya al principio y el punto y aparte se cubre todo lo que se pide a esta edad.
Qué edad
Escribir dos o tres intervenciones con la raya, desde los siete.
Escenas completas de cuatro o cinco, desde los ocho. Y con acotaciones, desde los diez.
Antes de los siete se puede hacer oralmente: inventar la conversación entre dos y que la cuente, sin escribir nada.
Cuando no se le ocurre qué decir
La ayuda que funciona es empezar tú la primera frase. Con la escena arrancada, el resto sale.
Y si se queda parado a mitad, preguntar qué contestaría él si estuviera ahí. Casi siempre lo desbloquea.
Lo que no funciona es pedir que lo invente todo desde cero delante de una hoja en blanco.
Dar el diálogo revuelto
Un ejercicio de calentamiento que cuesta poco preparar: escribir las cinco réplicas de una conversación desordenadas y pedir que se coloquen en orden.
No hay que inventar nada, así que se puede atender solo al orden, y ahí se ve enseguida si entiende que una pregunta va antes que su respuesta.
Después se copian en orden con la raya delante, con lo cual el ejercicio de puntuación viene ya hecho.
Cuánto por sesión
Una escena, que son doce renglones. Quince o veinte minutos con la letra cuidada.
Dos escenas seguidas no: la segunda se escribe deprisa y se pierde la puntuación, que es lo que se estaba practicando.
Y conviene guardarlas todas juntas: al cabo de unas semanas hay un cuadernillo de escenas que se relee con gusto.
Antes y después de esto
Escribir sabiendo que alguien lo va a leer está en escribir para alguien. Y la puntuación de base, que hay que tener antes, en la mayúscula y el punto.
Cómo practicarlo jugando
Une las frases trabaja las palabras que enlazan dos ideas, que es lo que sostiene una réplica detrás de otra.
En una palabra afina el vocabulario preciso y Qué va antes el orden de lo que pasa, que en un diálogo importa.
Qué imprimir
El diálogo y la raya son cuatro escenas con la consigna, las palabras de ayuda y los renglones pautados.
Para el paso previo, La mayúscula y el punto. Y para escribir una historia entera, Escribir un cuento en tres partes.
Lo esencial
- Cada vez que habla otro: punto y aparte y raya. No hacen falta comillas ni decir quién habla.
- El error de siempre es meter las dos voces en el mismo renglón, y se detecta leyéndolo en voz alta.
- Dos personajes y algo que resolver. Sin conflicto, el diálogo se queda en «hola, adiós».
- Cuatro o cinco intervenciones por escena: con más se descuida la letra y se pierde la puntuación.
- Copiar cinco renglones de diálogo de un cuento enseña la puntuación mejor que cualquier explicación.