Hay un salto que en casa se da por imposible: pasar de que el niño sepa
palabras sueltas a que diga algo. Y suele intentarse de la peor manera —
enseñándole a construir la frase con las palabras que tiene—, que es como lo
haría un adulto y no como lo hace un niño.
Un niño de cinco años no construye frases: repite bloques. What's your
name entra en su cabeza como una sola palabra larga, sin que él sepa que
tiene cuatro trozos ni qué significa cada uno. Y funciona: la usa correctamente
mucho antes de poder analizarla.
Qué es un bloque
Una frase que se aprende entera, con su melodía, y se suelta entera. No se
modifica, no se combina, no se entiende por partes.
Es exactamente como aprendió su lengua materna. Un niño español dice «¿me lo
das?» a los dos años sin tener ni idea de qué es un pronombre. La frase vino
entera y el desmontaje llegó años después, si es que llegó.
La ventaja práctica es enorme: un bloque se puede usar el mismo día en que se
aprende. Ocho palabras sueltas de vocabulario no permiten decir nada; una frase
hecha permite participar en algo. Y eso cambia bastante las ganas de seguir.
Las palabras sueltas siguen haciendo falta, claro — se trabajan aparte, con
juegos como Inglés, escucha y elige,
y las dos cosas avanzan en paralelo.
Qué frases van primero
El criterio es el mismo que con las palabras: que se pueda usar de verdad, hoy,
en algo que ya ocurre.
De saludo. Hello, good morning, see you
tomorrow. Se pueden meter en la rutina de casa sin cambiar nada: decir
good morning en el desayuno cuesta cero y ocurre todos los días.
De uno mismo. My name is…, I'm five,
I'm from Spain. Son las primeras frases que un niño quiere decir, porque
hablan de él.
De pedir. Can I have…?, I want…, more,
please. Estas se aprenden solas si se usan en la mesa: cuando pedir en inglés
funciona, se usa.
De no entender. I don't know, what's this?,
again, please. Se enseñan poco y son las más útiles de todas: son las que
permiten seguir en marcha cuando algo se atasca.
Cómo se practican
Siempre en la misma situación. Un bloque se pega a un momento:
good morning al desayuno, good night al acostarse. La situación
es la mitad del recuerdo, y por eso funciona tan bien meterlas en la rutina en
lugar de practicarlas en una sesión.
Sin traducir palabra por palabra. Se dice qué significa la
frase entera —«eso es "buenos días"»— y ya está. Explicar que good es
«bueno» y morning es «mañana» rompe el bloque y no aporta nada a los
cinco años.
Con gesto. Saludar con la mano al decir hello, señalar
al decir this. El gesto ancla la frase y además permite usarla sin
pronunciarla del todo bien, que a esta edad quita mucha presión.
Pocas a la vez. Dos o tres frases en un mes es un ritmo que se
sostiene. Diez frases aprendidas en una semana se olvidan en dos.
Por qué no se explica la gramática
Es la tentación del adulto que sí estudió inglés, y hace más daño que bien
antes de los ocho o nueve años.
Explicar que I'm es la contracción de I am convierte una frase
que el niño usaba sin pensar en un problema que hay que resolver cada vez. Empieza
a dudar, a construir, a ir despacio. Ha perdido el bloque y ha ganado una regla
que todavía no puede manejar.
La gramática llega sola y llega después: cuando un niño tiene treinta bloques
en la cabeza, empieza a notar que varios se parecen —I'm five, I'm
happy, I'm from Spain— y a hacer los suyos. Eso es aprender
gramática de verdad, y ocurre sin que nadie la explique.
Dónde meterlas en el día
Una frase hecha no necesita un rato reservado: necesita un momento fijo. Y en
una casa hay más momentos fijos de los que parece.
El desayuno, que es el mismo todos los días: good morning. La puerta
al salir: let's go. La mesa: can I have water, please?. La cama:
good night, see you tomorrow.
Cuatro momentos son cuatro frases practicadas siete veces por semana sin haber
dedicado un solo minuto extra. Comparado con eso, una sesión de veinte minutos el
sábado no compite.
Y hay una regla que evita el desgaste: se cambia de frase cuando la anterior
sale sola, no antes. Una frase que todavía cuesta y ya se ha sustituido por otra
no llega a quedarse en ninguna parte.
Cuando dice la frase mal
Va a decirla mal, y buena parte de la gracia está en cómo se corrige.
Lo que funciona es repetirla bien, en tono normal, dentro de una respuesta:
«— My name Pablo. — Ah, your name is Pablo. Nice!» Sin señalar el error, sin
pedirle que repita. El niño oye la versión correcta a continuación de la suya, que
es exactamente como se corrige el idioma materno.
Lo que no funciona es interrumpir para arreglarlo. Un niño corregido cada vez
que abre la boca en inglés deja de abrirla, y ahí se acaba la conversación — que
era lo único que estábamos intentando conseguir.
Cuando el bloque empieza a romperse solo
Llega un momento, hacia los siete u ocho años, en que el niño hace algo que no
se le ha enseñado: cambia una pieza de una frase que sabía.
Sabía I want water y un día dice I want milk. Nadie le ha
explicado que water se puede sustituir; lo ha deducido de tener varios
bloques parecidos guardados. Ese es el momento en que el idioma empieza de verdad
a construirse, y llega solo si antes hay material suficiente.
Lo que conviene entonces no es explicarle la regla —«has puesto un sustantivo
en lugar de otro»— sino darle más piezas: más vocabulario que encaje en los huecos
que él ya está encontrando. Si dice I want milk, se le enseñan cinco
palabras más de bebidas y se le deja jugar con la frase.
Y si se equivoca al combinar, que se equivocará —I want to water—, se
aplica lo mismo de antes: se repite bien en la respuesta y se sigue. Un intento
fallido de construir una frase vale más que diez repeticiones correctas de un
bloque cerrado.
Cómo practicarlo jugando
Las frases hechas no se aprenden en la pantalla, se aprenden en la mesa y en la
puerta de casa. Lo que sí sale de los juegos es el vocabulario que después las
llena.
Inglés, escucha y elige da las
palabras por el oído, que es como tienen que llegar. Inglés, palabra y dibujo añade la forma
escrita cuando ya suenan bien.
Y Memoria en inglés es el que más se
parece a una conversación: hay que recuperar la palabra en el momento, sin que
nadie la haya dicho antes. Esa recuperación rápida es la que después permite meter
la palabra dentro de una frase sin que la frase se pare.
Qué imprimir
El vocabulario que rellena las frases: la comida encaja especialmente bien
aquí, porque las frases de pedir —can I have…?— piden justo esas palabras
y se usan en la mesa todos los días.
Y los colores, que entran en
cualquier frase sin esfuerzo: I want the blue one es un bloque más y se
usa en el supermercado.
Lo demás —cuánto tiempo, con qué frecuencia y qué no hacer— está en A qué edad empezar con el
inglés.
Y cuando ya haya vocabulario que comprobar, Crucigrama en inglés: las
definiciones son dibujos, así que la palabra se recuerda a partir de la imagen y
no traduciendo una frase. Solo entran palabras que ya haya oído — un crucigrama
no es sitio para aprender vocabulario nuevo.
Lo esencial
Un niño no construye frases juntando palabras: repite bloques enteros, con su
melodía, sin saber de cuántos trozos están hechos. Por eso se enseñan frases
completas y no se explica la gramática, que solo consigue que empiece a dudar de
lo que decía bien. Van primero las de saludo, las de hablar de sí mismo, las de
pedir y —sobre todo— las de no entender. Se pegan a un momento fijo del día, dos
o tres al mes, y se corrigen repitiéndolas bien dentro de la respuesta, nunca
interrumpiendo.