Cada noviembre, en las escuelas de México, los niños escriben calaveritas literarias: poemas cortos y rimados en los que la muerte, la Catrina o la Flaca, viene a buscar a alguien conocido y se lo lleva por algún motivo gracioso. Al maestro, por dejar demasiada tarea. Al hermano, por no dejar el control de la tele.
Son una de las mejores puertas a la poesía que hay, porque tienen tres cosas que a un niño le encantan: humor, un personaje real y un poco de travesura permitida. Para escribirlas hay que contar sílabas y encontrar la sílaba fuerte, lo que trabajan Cuántas sílabas y Sílaba fuerte.
De dónde vienen
Las calaveritas literarias empezaron en el siglo XIX como versos satíricos que se publicaban en periódicos y hojas sueltas, burlándose de políticos y personajes conocidos.
Con el tiempo pasaron a las casas y a las escuelas, y hoy se escriben sobre la familia, los amigos o los compañeros de clase.
La idea de fondo sigue siendo la misma: reírse un poco de todos, porque ante la muerte todos somos iguales.
La estructura más sencilla
Una calaverita básica tiene cuatro versos. En los dos primeros aparece la muerte buscando a alguien; en los dos últimos, el motivo gracioso por el que se lo lleva.
Para empezar, basta con que rimen el segundo y el cuarto verso. Es la rima más fácil y la que menos atasca.
Con más práctica se pueden hacer estrofas de ocho versos, contar una pequeña historia y cerrar con un remate.
Elegir al personaje
El primer paso es decidir de quién se escribe. Tiene que ser alguien que se preste a la broma y del que el niño conozca algún rasgo divertido.
La abuela que siempre dice que falta sal, el primo que no para de hablar de fútbol, el perro que se come los calcetines.
Conviene explicar la regla de oro: la calaverita hace reír a la persona de la que habla, no la hace sentir mal.
Buscar el motivo
El chiste de la calaverita está en por qué la muerte se lleva a esa persona. Cuanto más concreto, mejor.
Una lista de cinco costumbres del personaje, escrita antes de empezar, suele dar el motivo sin buscarlo.
«Se lo llevó por comer tacos a todas horas» funciona mejor que «se lo llevó porque era gracioso».
Encontrar las rimas
La rima se busca al revés: primero se elige la palabra final del último verso y después se busca con qué rima.
Si el último verso termina en «tamal», las rimas pueden ser «igual», «final», «especial», «portal». Hacer la lista en voz alta, entre dos, es muy divertido.
Hay que explicar que riman las palabras que suenan igual desde la sílaba fuerte: «tamal» y «final» riman, «tamal» y «mesa» no.
Rima perfecta y rima de vocales
La rima consonante repite todos los sonidos desde la sílaba fuerte: «calavera» y «escalera». La asonante solo repite las vocales: «calavera» y «tela».
Para una calaverita las dos valen. Con niños pequeños, la asonante quita presión y deja más opciones.
Descubrir la diferencia con ejemplos propios es una lección de métrica que ningún libro explica mejor.
Contar las sílabas
Muchas calaveritas tradicionales usan versos de ocho sílabas, que es el ritmo natural de los romances y de muchas coplas.
No hace falta exigirlo a los siete años. A los diez, contar sílabas con palmas y ajustar un verso que se ha quedado largo es un ejercicio estupendo.
Y ahí aparece un detalle de métrica que sorprende: si el verso acaba en palabra aguda, se cuenta una sílaba más.
Leerla en voz alta
Una calaverita se escribe para leerse delante de alguien. Leerla en voz alta antes de darla por buena ayuda a notar dónde se tropieza el ritmo.
Si un verso cuesta leerlo, casi siempre tiene sílabas de más o la sílaba fuerte en mal sitio.
Y leerla a la persona retratada, que se ríe, es el mejor premio posible.
Escribir en grupo
Con niños de seis o siete años funciona escribir una calaverita entre toda la familia. Uno propone el personaje, otro el motivo y todos buscan rimas.
El adulto escribe y el niño decide. Así se aprende la estructura sin la carga de escribir.
Después se copia en limpio con buena letra y se decora, que es otro ejercicio completo.
La calaverita del maestro
Muchas escuelas hacen concursos de calaveritas y las publican en el periódico mural. Escribir la del maestro es un clásico.
Tiene un reto añadido: hacer una broma respetuosa, que haga reír sin ofender. Es una lección de tono que vale para toda la vida.
Y enseña algo sobre el público: la misma broma funciona con los compañeros y no con el director.
Presentarla
La calaverita se copia en una hoja con buena letra, a veces con un dibujo de la Catrina o de calaveras con flores alrededor.
Esa presentación obliga a cuidar la caligrafía y a distribuir el texto en la hoja, dos cosas que se practican poco.
Y colgarla en el altar de casa o en la puerta de la habitación le da un lugar visible, que motiva a escribir la del año siguiente.
Más allá de noviembre
La misma técnica sirve para otros versos de humor: coplas de cumpleaños, rimas para una tarjeta, bombas de Guanacaste o cuartetas de murga.
Un niño que ha escrito una calaverita ya sabe elegir un personaje, buscar un motivo y cerrar con una rima. Es la base de cualquier poema.
Y ha aprendido que escribir puede ser divertido, que es probablemente lo más importante.
Un banco de rimas
Un cuaderno con listas de palabras que riman, agrupadas por terminación, ayuda mucho a la hora de escribir: palabras en -ón, en -ado, en -ita.
Cada vez que el niño descubre una rima nueva, la apunta en su lista.
Al año siguiente, el banco de rimas está lleno y la calaverita sale mucho más rápido.
Corregir sin quitar la gracia
Revisar un poema es buscar sílabas de más, rimas forzadas y palabras repetidas, sin perder lo que lo hace gracioso.
Conviene que el adulto señale y el niño decida cómo cambiarlo: así el poema sigue siendo suyo.
Y leer la versión corregida junto a la primera muestra cuánto mejora un texto con una segunda vuelta.
Antes y después de esto
Escribir para un lector concreto está en escribir para alguien, y el juego con las palabras, en adivinanzas y trabalenguas.
La fiesta está en el Día de Muertos con niños, y las coplas de otro carnaval, en las murgas del carnaval uruguayo.
Cómo practicarlo jugando
Cuántas sílabas y Sílaba fuerte son la base de la métrica y de la rima.
Forma la palabra ayuda a buscar palabras que rimen.
Qué imprimir
Cuántas sílabas tiene trabaja el conteo, y Agudas, llanas y esdrújulas, la sílaba fuerte.
Copiar un poema sirve para pasar la calaverita a limpio.
Lo esencial
- Una calaverita es un poema corto y gracioso en el que la muerte se lleva a alguien conocido.
- Se empieza con cuatro versos y rima en el segundo y el cuarto.
- La rima se busca desde la última palabra, y riman las palabras que suenan igual desde la sílaba fuerte.
- El motivo concreto es lo que hace reír; la regla es no hacer sentir mal a nadie.
- Leerla en voz alta es la mejor forma de ajustar el ritmo.