Seis dibujos del mismo objeto, todos con alguna diferencia salvo dos que son idénticos. Suena parecido a buscar la sombra y pide algo bastante distinto.
Allí había un modelo con el que comparar; aquí no hay ninguno, así que hay que comparar unos con otros. Y eso obliga a llevar la cuenta de lo ya descartado. Emparejar se practica en Encuentra la pareja.
Un detalle cada vez
La técnica es elegir un detalle —el tejado, la vela, la cola— y recorrer los seis mirando solo ese. Con eso se forman grupos y se descartan varios de golpe.
Mirar cada dibujo entero y compararlo con los otros cinco son quince comparaciones; mirar un detalle en seis dibujos es una pasada.
Enseñar esa diferencia con el dedo, señalando el mismo punto en los seis, es lo que convierte el ejercicio en método.
Marcar lo descartado
Una crucecita en los que ya se sabe que no valen. Sin marca, se vuelve a mirar lo mismo tres veces y se pierde la cuenta.
A los seis años eso no aparece solo: hay que enseñarlo una vez, y después se usa en todos los ejercicios de este tipo.
Apuntar para no tener que recordar es una habilidad aparte de mirar bien, y esta es una buena ocasión para instalarla.
Cuando quedan dos
Ahí se comparan solo entre ellos, con un dedo en cada uno, recorriendo el borde por partes.
Es el momento satisfactorio del ejercicio y conviene llegar a él por descarte y no por intuición.
Si los dos que quedan resultan distintos, es que se ha descartado mal alguno antes y hay que volver.
Los cambios que menos se ven
Una pieza dada la vuelta es lo que menos se detecta, mucho más que una pieza más grande o corrida de sitio.
Merece avisarlo antes de empezar: mira también si algo está al revés, porque el ojo no lo señala solo.
Es exactamente la dificultad que después aparece con las letras espejo, y practicarla aquí transfiere.
Empezar con objetos claros
A los cinco años, los seis dibujos tienen que ser de algo reconocible: una casa, un pez, una seta.
Con formas abstractas el ejercicio se vuelve un test y deja de ser un juego, y a esa edad eso se nota enseguida.
Además, poder nombrar las partes —«el tejado», «la cola»— es la mitad de la técnica.
Nombrar en voz alta
Decir lo que se mira mientras se mira ayuda muchísimo: «este tiene la chimenea a la derecha, este también, este no».
Poner palabras obliga a separar las partes en vez de mirar el conjunto y decidir por impresión.
Y permite al adulto ver dónde se atasca sin tener que preguntarlo.
Preguntar en vez de señalar
Cuando falle, la pregunta útil no es cuáles eran, sino qué tiene la letra c que no tenga la a.
Las diferencias son siempre de una pieza concreta, así que la pregunta tiene respuesta y el niño la encuentra.
Así la corrección la hace él, que es la diferencia entre aprender a mirar y aprender a acertar.
Con calcetines de verdad
Una bolsa de calcetines desparejados encima de la cama es el mismo ejercicio con material infinito y utilidad inmediata.
Y aparece la parte difícil de verdad: con veinte calcetines no se pueden comparar todos con todos, hay que agrupar por color primero.
Agrupar antes de comparar es la estrategia real, y en la cama se descubre sola.
Empezar por el que parece raro
Casi siempre hay uno que llama la atención a la primera. Ese se descarta enseguida y quedan cinco, que ya es un problema más pequeño.
Dejarse llevar por esa primera impresión al principio está bien; lo que no vale es decidir con ella cuál es la pareja buena.
Usar la intuición para descartar y el método para decidir es exactamente el equilibrio que hay que enseñar.
Recortar y superponer
Con los dibujos recortados se pueden poner uno encima de otro a contraluz, y las diferencias aparecen solas.
No es hacer trampa: es una comprobación, y conviene enseñarla después de haber decidido, para verificar y no para resolver.
Y hace ver de golpe qué significa que dos cosas sean idénticas: que encajan punto por punto.
Contar cuántos hay de cada
Otra manera de atacarlo: agrupar los seis según un detalle y contar cuántos van en cada grupo. Si un grupo tiene uno solo, ese ya está descartado.
Los que buscamos están en el grupo que tenga más de uno, y eso reduce el trabajo antes de comparar nada entero.
Es clasificar antes de comparar, que es exactamente la estrategia de los calcetines.
Qué edad
Con seis dibujos de objetos claros, desde los cinco.
Con diferencias de una sola pieza pequeña, a los seis o siete.
Con ocho o más dibujos y diferencias finas, a los ocho.
Antes de esto
Hace falta emparejar dos figuras iguales entre pocas, que se hace desde los tres o cuatro años.
Y ayuda haber trabajado buscar la sombra, donde sí hay un modelo con el que comparar.
Ese orden —primero con modelo, después sin él— es el que hace que el salto se aguante.
Los errores típicos
Comparar dibujos enteros de dos en dos, que son quince comparaciones y agota.
No marcar los descartados y volver a mirarlos.
Y decidir deprisa porque dos se parecen mucho, sin comprobar la última pieza.
Fabricar uno en casa
Se dibuja un objeto sencillo, se calca seis veces y se cambia una cosa en cuatro de las copias.
Preparar el ejercicio para otro obliga a pensar qué diferencia se ve y cuál no, que es entender el juego desde dentro.
Y después hay que resolverlo, que es la mejor parte.
Para qué sirve
Para distinguir letras y números parecidos, que es la aplicación inmediata en primero y segundo.
Y para revisar el trabajo propio: comparar lo escrito con el modelo, parte por parte, es el mismo gesto.
Esa transferencia conviene decirla en voz alta, porque si no el ejercicio parece un pasatiempo suelto.
Cuánto por sesión
Tres bloques de seis dibujos, quince minutos. Es atención sostenida y se agota antes de lo que parece.
Mejor parar cuando aún hay ganas que acabar la hoja señalando al azar.
Y siempre con la pregunta final de qué tenían de distinto los descartados.
Antes y después de esto
El ejercicio con modelo, que va antes, está en la sombra de las cosas. Y otro donde hay que notar algo que no encaja, en leer y notar el disparate.
Cómo practicarlo jugando
Encuentra la pareja trabaja el emparejado con memoria añadida.
Encuentra las diferencias entrena comparar por partes y Encuentra el objeto la búsqueda ordenada.
Qué imprimir
Busca la pareja igual trae nueve bloques de seis dibujos, con las soluciones.
Para el paso previo, Busca la sombra. Y para comparar dos dibujos, Encuentra las diferencias fáciles.
Lo esencial
- Sin modelo hay que comparar unos con otros: por eso es más difícil que buscar la sombra.
- Se elige un detalle y se recorre en los seis; comparar dibujos enteros son quince comparaciones.
- Marcar los descartados evita volver a mirar lo mismo tres veces.
- Una pieza dada la vuelta es lo que menos se ve, y hay que avisarlo.
- Con calcetines de verdad aparece la estrategia real: agrupar antes de comparar.