Lectura y lenguaje

Leer y notar el disparate

Por El equipo de Kodomi Club · 11 de septiembre de 2026 · 8 min

Leer y notar el disparate

Separar lo que puede pasar de lo que no detecta en dos minutos si un niño lee entendiendo o solo descifra.

Hay niños que leen de corrido, con buena entonación, y no se enteran de nada. Es más frecuente de lo que parece y cuesta detectarlo, porque suenan bien al leer.

Esto lo detecta en dos minutos: una frase absurda solo chirría si se ha entendido. Quien solo descifra letras la copia en cualquier columna sin inmutarse. Relacionar frases se practica en Une las frases.

El disparate está en el sentido

Las frases imposibles están escritas con palabras normales y sin trampas: «el pez subió al árbol» se lee sin tropezar y todas sus palabras se entienden.

El error, si aparece, no es de lectura: es de comprensión. Y eso es exactamente lo que se quiere medir.

Por eso no valen las frases con palabras raras: complicarían la lectura y taparían lo que se está mirando.

Pedir siempre el porqué

«¿Por qué no puede subir el pez al árbol?» La respuesta convierte el ejercicio en razonamiento; señalar la columna, solo, puede ser suerte.

Y las respuestas suelen ser mejores de lo esperado: «porque no tiene patas», «porque fuera del agua no puede respirar».

Ese porqué es la parte que enseña, y ocupa treinta segundos por frase.

Raro no es imposible

«Hace frío en agosto» es raro y puede pasar. «Nieva en la montaña» es normal. «El sol sale de noche» no puede pasar nunca.

Distinguir lo improbable de lo imposible es más fino de lo que parece y da conversaciones muy buenas a los ocho años.

Conviene meter dos o tres frases raras pero posibles en cada hoja, precisamente para que aparezca esa discusión.

Los cuentos son otra cosa

En un cuento el lobo habla y el ratón conduce un coche, y eso no es un error: es ficción, y todo el mundo lo sabe.

Merece decirlo, porque si no el ejercicio parece contradecir todo lo que se lee por las noches.

La frase que lo arregla: aquí no estamos hablando de cuentos, estamos hablando de lo que pasa de verdad.

Escribir frases imposibles

Inventar tres disparates es el paso siguiente y engancha muchísimo. Y es más difícil que clasificar, porque hay que construir la contradicción.

Salen cosas como «me comí la casa» o «el agua estaba seca», y explicar por qué es imposible es un ejercicio de vocabulario y de lógica a la vez.

Quien puede inventarlas ha entendido el ejercicio entero.

Para detectar la lectura mecánica

Un niño que lee bien y no entiende suele pasar desapercibido hasta tercero o cuarto, cuando los textos se alargan y ya no basta con descifrar.

Este ejercicio lo enseña antes y sin dramatismo: se ve en la hoja, en dos minutos y sin examen.

Y si aparece, la solución no es leer más deprisa: es leer parando y contando lo leído.

Leer en voz alta y parar

Cuando la lectura mecánica aparece, lo que funciona es cortar cada dos frases y preguntar qué acaba de pasar.

Es incómodo y lento, y en tres semanas cambia el hábito: el niño empieza a parar solo porque sabe que le van a preguntar.

Después las paradas se van espaciando hasta que desaparecen.

Con frases de un libro

Sacar cinco frases de un libro que se esté leyendo y cambiar dos de ellas para que sean imposibles es el ejercicio con material propio.

Reconocer la frase manipulada dentro de un texto conocido es más difícil que en una lista suelta.

Y demuestra que el ejercicio no va de frases raras: va de leer con la cabeza encendida.

Las que dependen del contexto

«Hay un elefante en el jardín» es imposible en casa y perfectamente normal en un zoo. Algunas frases no se pueden juzgar sin saber dónde pasan.

Ese caso conviene meterlo a propósito una vez, porque abre una conversación buena sobre lo que hace falta saber para decidir.

Y enseña que a veces la respuesta correcta a una pregunta es «depende», siempre que se pueda decir de qué.

Frases con dos partes

«El perro ladró y se comió el sofá» tiene una parte posible y otra que no. Detectar que solo falla la segunda mitad es más difícil que juzgar una frase corta.

Y es más parecido a lo que pasa al leer de verdad: los textos no vienen partidos en frases de cuatro palabras.

Conviene meter dos o tres de estas cuando las cortas salgan sin dudar.

No corregir la frase

El ejercicio no pide arreglar el disparate, solo clasificarlo. Muchos niños empiezan a proponer versiones corregidas y eso desvía la tarea.

Se puede hacer después y como juego aparte, que además es divertido: convertir cada imposible en posible cambiando una palabra.

Pero conviene separarlo, porque son dos trabajos distintos y mezclados se hacen los dos a medias.

Qué edad

Con frases muy cortas y disparates evidentes, desde los seis.

Con frases de dos partes y casos raros pero posibles, a los siete u ocho.

Inventando y explicando por qué, a los ocho o nueve.

Antes de esto

Hace falta leer una frase entera sin que descifrar ocupe toda la cabeza.

No hace falta leer rápido: hace falta llegar al final de la frase con el principio todavía en la memoria.

Si eso no pasa, conviene volver a frases de tres o cuatro palabras antes de seguir.

Los errores típicos

Clasificar por lo raro que suena la frase y no por lo que dice.

Poner en imposible todo lo que no ha visto nunca, que es otra cosa.

Y contestar sin poder explicar el porqué, que suele ser señal de que se ha acertado por azar.

Un juego para la mesa

Uno dice una frase y el otro contesta «puede» o «no puede» en dos segundos. Y de vez en cuando, una difícil.

Se juega en cualquier sitio, no necesita nada y funciona con dos niños de edades distintas a la vez.

Y las frases inventadas por ellos suelen ser mejores que las de cualquier hoja.

Para qué sirve después

Para los problemas de matemáticas, donde una respuesta absurda debería chirriar y muchas veces no chirría.

Para leer una noticia y notar que algo no cuadra, que es una habilidad que cada año hace más falta.

Y para revisar lo que uno mismo escribe, que es la misma operación aplicada al propio texto.

Cuánto por sesión

Nueve frases, diez minutos, con el porqué dicho en voz alta al menos en tres.

Y una inventada por él al final, que es donde se ve si el ejercicio ha calado.

Cuando las clasifique todas sin dudar y sepa explicarlas, no hace falta repetirlo.

Antes y después de esto

El problema de leer sin enterarse está en leer de corrido y no enterarse. Y otro ejercicio de buscar con método, en encontrar una calle en el plano.

Cómo practicarlo jugando

Une las frases obliga a entender las dos partes antes de juntarlas.

Qué sobra entrena encontrar lo que no encaja y Qué se hace primero el orden con sentido.

Qué imprimir

¿Puede pasar o es imposible? trae veintisiete frases para repartir en dos columnas, con soluciones.

Para la comprensión con textos, Comprensión lectora. Y para clasificar, Qué sobra en cada grupo.

Lo esencial

  • Una frase absurda solo chirría si se ha entendido: eso es lo que mide el ejercicio.
  • Hay que pedir siempre el porqué; señalar la columna puede ser suerte.
  • Raro no es imposible, y esa distinción da las mejores conversaciones.
  • En los cuentos el lobo habla, y conviene decir que aquí no hablamos de cuentos.
  • Inventar disparates es más difícil que clasificarlos y demuestra que se ha entendido.

Para practicarlo jugando

Seguir leyendo