Juegos y actividades

Encontrar el disparate

Por El equipo de Kodomi Club · 13 de septiembre de 2026 · 7 min

Encontrar el disparate

Sólo ve el disparate quien sabe cómo son las cosas de verdad. Es una comprobación de conocimiento disfrazada de risa.

Un pez sentado en la copa de un árbol, un barco en medio del bosque, una mariposa volando entre copos de nieve. Un niño de cinco años se ríe, y la risa es la señal de que sabe cómo son las cosas de verdad.

Ahí está lo interesante: sólo ve el disparate quien tiene el dato. Es una comprobación de conocimiento del mundo con forma de juego, muy parecida en el fondo a lo que hace ¿Qué sobra?, pero con una escena en vez de una fila.

Quien no se ríe no está distraído

Si un niño mira la escena y no ve nada raro, la conclusión no es que no se fija: es que no sabe que las zanahorias crecen bajo tierra o que los muñecos de nieve se derriten.

Eso convierte cada disparate en una comprobación rápida y sin drama. Y el remedio no es repetir la ficha: es contar el dato y, si se puede, mirarlo.

Con la zanahoria, arrancar una en un huerto o ver un vídeo de treinta segundos resuelve la cuestión mejor que cualquier explicación.

Uno por escena y dicho antes

En cada dibujo hay exactamente una cosa fuera de sitio, y conviene decirlo antes de empezar. Sin ese dato, la búsqueda no tiene final y algunos niños encuentran diez cosas raras.

También evita la discusión sobre detalles del dibujo: el color del árbol o el tamaño de la casa no cuentan, sólo lo que está donde no debe.

Las soluciones van abajo en letra pequeña, para el adulto. No es que el niño no pueda leerlas: es que a los cinco años no las lee y a los ocho, si las lee, es porque ya ha decidido rendirse.

Después de encontrarlo

Rodear el pez es el principio. La pregunta que enseña viene después: ¿por qué está mal? ¿Y dónde debería estar?

Esas dos preguntas convierten un hallazgo visual en una explicación, y de paso obligan a decir dónde vive un pez y por qué no puede estar en una rama.

Con las escenas de estaciones, la conversación es todavía mejor: una mariposa en invierno no es imposible por el sitio sino por el momento, y esa es otra clase de disparate.

Los dos tipos de disparate

Los de lugar —el pez en el árbol, la silla en el estanque— y los de tiempo —el muñeco de nieve en verano, la mariposa en la nieve—.

Los de lugar se ven antes porque están todos en el mismo dibujo. Los de tiempo exigen reconocer la estación por las pistas: el sol y las flores, o los copos y el trineo.

Distinguir esos dos tipos y decirlo en voz alta —«este está en el sitio que no es, este está en la época que no es»— es un paso más y se puede pedir a los siete años.

Inventar uno es lo difícil

Después de encontrar doce, el ejercicio bueno es que dibuje uno él. Y ahí se ve la diferencia: para inventar un disparate hay que saber cómo son las cosas normalmente y romper esa regla a propósito.

Muchos niños dibujan al principio algo que simplemente es raro —un animal de colores— y no un disparate. Distinguir «raro» de «imposible» cuesta y merece la conversación.

Cuando sale bien, sale muy bien: un dibujo con una sola cosa fuera de sitio, hecho para que otro lo encuentre, es un ejercicio de diseño completo.

Con cuentos y adivinanzas

La versión hablada existe desde hace siglos y no necesita papel: contar una frase con un error y esperar. «Ayer llovía tanto que salí sin paraguas y no me mojé nada.»

Funciona en el coche, en la cola y en la cena, y el niño pide más. Y se puede invertir: que la diga él y el adulto la cace.

Ese juego es el antecedente directo de leer con sentido crítico, que es exactamente notar cuando algo no encaja en un texto.

Del dibujo al texto

A los siete u ocho años, el mismo ejercicio se hace con textos cortos: una frase que dice algo imposible metida entre cuatro normales.

Y es más difícil, porque leer bien y entender lo leído son dos cosas: hay niños que leen la frase perfectamente y no notan que dice un disparate.

Ese es precisamente el tipo de lectura que hay que entrenar, la que comprueba en vez de descifrar. Y empieza aquí, con dibujos.

La numeración corrida

Las escenas van numeradas del uno al doce a lo largo de todo el cuadernillo y no de una en una por hoja. Parece un detalle y evita un lío real: «la nueve» tiene que ser una sola.

Con dos hojas y numeración repetida, el adulto y el niño acaban hablando de escenas distintas y la conversación se enreda.

Es el mismo motivo por el que las soluciones van en una línea con el número delante: para poder mirar una sin leerlas todas.

Qué hacer con el que lo ve todo raro

Hay niños que encuentran problemas en cada dibujo: el árbol es demasiado redondo, la casa no tiene puerta. No es un fallo, es que están mirando con mucha atención.

Lo que funciona es acotar sin descalificar: «tienes razón en que el árbol es raro; ahora busca la cosa que no debería estar ahí de ninguna manera».

Y aprovechar: esa mirada tan fina va estupendamente para el ejercicio de buscar diferencias, que premia exactamente eso.

Lo que entrena de fondo

Conocimiento del mundo, que es la base de la comprensión lectora. Se entiende lo que se lee en la medida en que se sabe de qué habla.

Comparar lo que se ve con lo que se sabe, que es la definición de leer con criterio y también de no creerse todo.

Y explicar por qué algo no puede ser, que es un argumento de negación y de los más difíciles de construir a los cinco años.

A qué edad

A los cuatro años, disparates muy evidentes y de lugar: un animal donde no vive, un objeto donde no cabe.

A los cinco y seis, los doce de la ficha, con la pregunta de dónde debería estar. Es la edad en la que más se ríen y más aprenden.

De siete en adelante, los de tiempo, los de texto y el que inventan ellos. Y ahí ya no es un juego infantil: es humor, que es una manera muy seria de entender el mundo.

Antes y después de esto

La versión escrita está en leer y notar el disparate, y el ejercicio del intruso, en encontrar lo que no encaja.

Ordenar historias con sentido único está en ordenar lo que sólo va en un sentido. Y dónde vive cada animal, en dónde vive cada animal.

Cómo practicarlo jugando

¿Qué sobra? trabaja la misma idea con una fila en vez de una escena.

¿Dónde vive cada uno? da los datos que hacen falta para ver el disparate, y Encuentra las diferencias entrena la mirada fina.

Qué imprimir

Los disparates trae doce escenas numeradas de corrido, con las soluciones abajo para el adulto.

Qué sobra en cada grupo trabaja el intruso, y Comprensión: cómo funciona da los datos del mundo que hacen falta.

Lo esencial

  • Sólo ve el disparate quien sabe cómo son las cosas: es una comprobación con forma de juego.
  • Uno por escena, y conviene decirlo antes de empezar.
  • Después de encontrarlo, dos preguntas: por qué está mal y dónde debería estar.
  • Los de tiempo son más difíciles que los de lugar y llegan después.
  • Inventar uno exige conocer la regla para romperla, y es lo que demuestra que se tiene.

Para practicarlo jugando

Seguir leyendo