Lectura y lenguaje

Ordenar lo que sólo va en un sentido

Por El equipo de Kodomi Club · 13 de septiembre de 2026 · 7 min

Ordenar lo que sólo va en un sentido

Tres dibujos del mismo objeto en momentos distintos. El orden es único, y explicarlo en voz alta es la mitad del ejercicio.

Una semilla, un brote, un arbolito y un árbol. Una vela entera, medio consumida, un cabo y el humo. Son historias de una sola frase y tienen una propiedad que las hace útiles: sólo van en un sentido.

Eso es lo que convierte el ejercicio en algo con respuesta y no en una opinión. Poner cosas en orden es lo que pide ¿Qué va antes?, y aquí el orden lo decide la propia historia.

Por qué el sentido único

Si los dibujos fueran «desayunar, ir al colegio, comer», el orden se puede discutir: hay casas donde se come antes. Con una vela que arde no hay discusión posible.

Y esa certeza importa a los cuatro años. Un ejercicio con dos respuestas correctas confunde justo cuando lo que se está construyendo es la idea de que las cosas pasan en un orden.

Las secuencias abiertas —las rutinas, los cuentos— llegan después, cuando ya se sabe qué es ordenar y se puede discutir el criterio.

El mismo objeto, no cosas parecidas

En cada fila es el mismo objeto en momentos distintos, no tres objetos que se parecen. Esa diferencia es la que hace que el niño busque el cambio en vez de buscar semejanzas.

Si en el «después» apareciera otro árbol distinto, el ejercicio dejaría de ser sobre el paso del tiempo y pasaría a ser sobre comparar dibujos.

Por eso los cuadros están hechos con geometría y no con iconos de catálogo: una librería de dibujos da cada cosa en una sola versión.

Revueltos de verdad

Los tres dibujos vienen desordenados y, además, ninguno está en su sitio. Eso no es un detalle: si uno coincidiera con su posición, ya habría media pista servida.

Con la mezcla completa hay que mirar los tres antes de escribir nada, que es exactamente lo que se busca.

Y hace que la hoja de respuestas sea necesaria para el adulto, porque el orden en que aparecen cambia de una hoja a otra.

Explicar el porqué

Poner los números es la mitad. La otra mitad es contestar por qué: la vela no puede crecer, el tejado no puede ir antes que las paredes, el árbol no se hace pequeño.

Esa explicación es un razonamiento causal completo, y a los cinco años se puede dar entero en una frase. Es de las primeras veces que un niño argumenta.

Con los que se quedan callados funciona preguntar al revés: «¿y podría ser al contrario?». Negar es más fácil que afirmar, y la respuesta sale.

De ordenar a contar

Cuando la fila está numerada, queda el paso más valioso: contar la historia con palabras. «Primero era una semilla, después salió un brote, después creció.»

Ahí aparecen los conectores de tiempo —primero, después, luego, al final— que son los que sostienen cualquier relato y los que más faltan cuando un niño cuenta algo.

Y aparece el tiempo verbal en pasado, que también se practica sin nombrarlo. Contar tres viñetas es la redacción más corta que existe.

Tres y cuatro cuadros

Tres es el tamaño de los cuatro años; cuatro ya es de cinco o seis. La diferencia no es sólo una imagen más: con cuatro, hay dos posiciones intermedias y eso multiplica las comparaciones.

El fallo típico con cuatro es el mismo que en ordenar por tamaño: se acierta el primero y el último y se juegan los dos del medio a cara o cruz.

La ayuda es idéntica: tapar el primero y el último y preguntar cuál de los dos que quedan va antes.

Las historias de casa

El mismo ejercicio con fotos del móvil funciona todavía mejor: hacer una foto del bizcocho antes de meterlo al horno, otra a media cocción y otra entero.

Con tres fotos de algo que él ha hecho, ordenarlas es un juego y contarlas es una historia propia. Y las historias propias se cuentan con muchas más ganas.

Otras que funcionan: una planta que crece, una obra en la calle, un dibujo suyo en tres etapas. Todo lo que cambia despacio y se puede fotografiar.

Cuando el orden lo decide un detalle

En algunas secuencias el cambio es evidente y en otras hay que fijarse: la vela que se acorta unos milímetros, la arena que baja un poco.

Esas son las que enseñan a observar, porque hay que comparar dos dibujos parecidos y decidir cuál tiene más y cuál menos.

Y ahí se cruza con el ejercicio de ordenar por tamaño: en el fondo se está ordenando por cantidad de algo, sólo que ese algo es el tiempo que ha pasado.

La hoja de respuestas

Va al final y es para el adulto, con los números puestos y una frase que explica el sentido de cada historia.

Sirve para no discutir sobre la marcha, que es lo que más estropea un ejercicio de este tipo: un adulto que duda delante del niño le quita la certeza que el ejercicio quería dar.

Y para algo más: leer la explicación en voz alta después de corregir es la forma más rápida de dar el argumento que el niño no encontró.

Adónde lleva

A contar un cuento en orden, que es lo que se pide en cuanto empieza la escritura. A resumir, que es contar en orden pero con menos.

Y a los problemas de matemáticas de varios pasos, donde el orden de las operaciones no es libre: primero esto y después lo otro, y al revés no sale.

También a la lectura: entender un texto es, en buena parte, saber qué pasó antes y qué después aunque el texto no lo cuente en ese orden.

A qué edad

A los tres años, dos dibujos: antes y después. Con eso ya se puede jugar y no hace falta más.

A los cuatro y cinco, tres cuadros y la explicación en voz alta. Es la edad de esta ficha.

De seis en adelante, cuatro y cinco cuadros, secuencias con detalles pequeños y contar la historia entera con conectores. Y de ahí, escribirla.

Recortar y ordenar en la mesa

Si en vez de numerar se recortan los tres cuadros y se ordenan encima de la mesa, el ejercicio mejora: se pueden mover, probar y cambiar de opinión.

Numerar es definitivo y bloquea a los que dudan; con las tarjetas sueltas, el niño prueba dos órdenes y se queda con el que le convence.

Y así se puede repetir la misma historia varios días sin gastar la hoja, que es una ventaja práctica nada despreciable.

Antes y después de esto

Ordenar lo que pasa está en ordenar lo que pasa, y contar una historia en viñetas, en contar una historia en cuatro cuadros.

Los disparates, que trabajan lo contrario —lo que no puede ser—, están en encontrar el disparate. Y ordenar por tamaño, en el de en medio es el difícil.

Cómo practicarlo jugando

¿Qué va antes? pide poner en orden lo que ha pasado, que es la misma operación.

Recuerda la secuencia añade la memoria, y ¿Qué viene después? trabaja la continuación de una serie.

Qué imprimir

¿Qué pasó antes? trae nueve historias de sentido único y una hoja de respuestas para el adulto.

Ordenar lo que pasa añade secuencias de escenas, y Escribir un cuento en tres partes es el paso a la escritura.

Lo esencial

  • Las secuencias de un solo sentido tienen respuesta; las rutinas se pueden discutir.
  • Es el mismo objeto en momentos distintos, no tres cosas parecidas.
  • Ninguno viene en su sitio: hay que mirar los tres antes de escribir.
  • Numerar es la mitad; explicar por qué no puede ser al revés es la otra.
  • Contar la historia después mete los conectores de tiempo sin nombrarlos.

Para practicarlo jugando

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