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El sudoku con pocas pistas

Por El equipo de Kodomi Club · 11 de septiembre de 2026 · 8 min

El sudoku con pocas pistas

El salto no es de tamaño: es que deja de haber casillas evidentes. Y ahí empieza la lógica de verdad.

Un sudoku de cuarenta pistas se resuelve barriendo: se mira una fila, se ve el hueco y se rellena. Con veintiséis eso se acaba en la tercera casilla.

El salto no es de tamaño —el tablero es el mismo— sino de método: hay que cruzar fila, columna y cuadro a la vez, y llevar apuntado lo que se sabe. El sudoku de base está en Sudoku para niños.

Anotar deja de ser opcional

En un tablero fácil, anotar candidatos es una manía. En uno difícil es la única manera: sin las anotaciones se recalcula lo mismo veinte veces y se abandona.

Se escriben pequeñas en la esquina de cada casilla vacía y se van tachando según se descartan. Es lento al principio y muchísimo más rápido en total.

Comprobar esa diferencia de tiempo es una lección en sí misma: invertir en apuntar rinde.

Empezar por la cifra más repetida

Se busca el número que más veces está ya en el tablero y se coloca en los cuadros donde solo cabe en un sitio.

Es el método que desatasca los primeros veinte minutos, y es sistemático en vez de mirar al azar.

Después se repite con el siguiente número más repetido, y así.

Las parejas escondidas

Si en una fila dos casillas solo admiten 4 y 7, esos dos números están ahí, y se pueden quitar del resto de la fila aunque no se sepa cuál va en cuál.

Es la técnica clásica y la que resuelve la mitad de los atascos de un tablero difícil.

Enseñarla con una sola fila dibujada aparte, fuera del tablero, evita explicarla en abstracto.

El cuadro que decide

A veces un número no se puede colocar en ninguna casilla de un cuadro salvo en una fila concreta. Entonces, aunque no se sepa la casilla, se puede borrar ese número del resto de esa fila fuera del cuadro.

Es la técnica más difícil de las que se pueden enseñar en primaria y la que da la sensación de haber entendido el juego.

A los once años se puede, con un ejemplo señalado con el dedo.

Se puede dejar a medias

Un tablero difícil se guarda con las anotaciones puestas y se retoma mañana. No pasa nada y no es rendirse.

Forzar el final probando números acaba en un tablero borroso, en un error que no se sabe dónde empezó y en no querer otro.

Decir antes de empezar que se puede dejar a medias cambia bastante la actitud.

Probar es la última opción

Cuando ya no hay deducción, se puede suponer. Pero hay que marcarlo: un color distinto, o un círculo alrededor.

Así, si sale mal, se vuelve a la marca en vez de empezar de cero. Eso es búsqueda con retroceso y es una idea seria.

Y conviene suponer en la casilla con menos candidatos, no en cualquiera.

El error que se propaga

Un número mal puesto produce una contradicción quince casillas después, y encontrar dónde empezó es lo difícil.

Por eso conviene comprobar cada cuadro completo en cuanto se llena, en vez de al final.

Y por eso las anotaciones valen doble: permiten deshacer sin borrar el tablero entero.

Solución única garantizada

Estos tableros tienen una sola solución, así que si algo no cuadra hay un error antes, no un tablero imposible.

Decirlo antes de empezar quita la excusa y también la duda: no hay que desconfiar del papel.

Y hace que buscar el error sea una tarea con sentido en vez de una sospecha.

Fotocopiarlo antes de empezar

Un tablero difícil se borra veinte veces y acaba ilegible. Con una copia guardada se puede volver a intentar dentro de un mes, cuando ya no se recuerde nada.

Y sirve para algo más: comparar el segundo intento con el primero y ver cuánto se tarda ahora.

Es una manera de medir el progreso que no depende de que nadie diga nada, y con un puzle que se resiste eso vale bastante.

Mirar el tablero entero primero

Antes de escribir nada, un recorrido completo contando cuántas veces aparece cada cifra. Ese minuto decide por dónde empezar.

Casi nadie lo hace espontáneamente: la mano quiere escribir en cuanto ve un hueco fácil, y en un tablero difícil no hay huecos fáciles.

Enseñarlo como un paso obligatorio, con el lápiz en la mesa, cambia el resto de la partida.

Qué edad

El de nueve con cuarenta pistas, desde los ocho o nueve.

Con treinta pistas, a los diez.

Con veintiséis, a los once o doce, y sin prisa.

Antes de esto

Hace falta terminar los de nueve normales sin ayuda y sin borrar demasiado.

Y hace falta el hábito de anotar candidatos, que se puede empezar en los fáciles aunque no haga falta.

Sin esas dos cosas, un tablero difícil frustra y no enseña nada.

Los errores típicos

No anotar y recalcular lo mismo una y otra vez.

Suponer sin marcar dónde, que obliga a empezar de cero cuando sale mal.

Y comprobar solo al final, cuando el error ya se ha propagado por medio tablero.

Con lápiz y goma buena

Parece un detalle y no lo es: con bolígrafo, un tablero difícil es imposible, y con una goma mala la hoja se rompe.

Lápiz blando, punta fina para las anotaciones y una goma que borre de verdad. Con eso el tablero aguanta dos horas de trabajo.

Y conviene fotocopiarlo si se quiere volver a intentar: un tablero borrado veinte veces ya no se lee.

Qué entrena

Deducción encadenada, atención sostenida y la costumbre de apuntar lo que se sabe para no tener que recordarlo.

Y algo menos visible: aguantar un problema que no se resuelve en diez minutos, que es una capacidad que se entrena y no aparece sola.

Es de las pocas actividades que piden media hora seguida de concentración y se hacen por gusto.

Cuánto por sesión

Un tablero, sin obligación de acabarlo. Uno a la semana es un ritmo bueno y sostenible durante meses.

Y de vez en cuando uno fácil, que sale en cinco minutos y se disfruta.

El cronómetro, solo cuando ya salen seguros: antes, la prisa desmonta el método.

Antes y después de esto

El sudoku de nueve normal y su método están en sudokus con pocas pistas. Y otro ejercicio donde hay que llevar la cuenta de lo comprobado, en los dos que son iguales.

Cómo practicarlo jugando

Sudoku para niños mantiene el descarte por fila, columna y cuadro.

Tablas de Schulte entrena el barrido visual y Busca la casilla la orientación en la rejilla.

Qué imprimir

Sudoku de nueve difícil trae ocho tableros de solución única y las soluciones al final.

Para el paso previo, Sudoku de nueve. Y para otro puzle de lógica y cálculo, KenKen de seis.

Lo esencial

  • Con pocas pistas se acaba el barrido: hay que cruzar fila, columna y cuadro a la vez.
  • Anotar candidatos deja de ser opcional y es lo que ahorra tiempo en total.
  • Se empieza por la cifra que más veces está ya en el tablero.
  • Suponer vale si se marca dónde, para poder retroceder sin empezar de cero.
  • La solución es única: si algo no cuadra, el error está antes y se puede encontrar.

Para practicarlo jugando

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