Cuando en casa se decide empezar con el inglés, la primera pregunta suele ser
cuántas palabras. Y la que de verdad importa es otra: cuáles. Con cinco años se
pueden aprender treinta palabras en un mes sin ningún esfuerzo, pero si son las
treinta equivocadas, a los seis meses no queda ninguna.
Qué hace que una palabra sirva para empezar
Tres condiciones, y las tres a la vez.
Que se pueda dibujar. Un niño de cinco años no aprende
«bonito» ni «después», porque para retener una palabra necesita colgarla de una
imagen. «Cat» tiene dibujo; «nice» no. Esto descarta de golpe la mitad del
vocabulario y es la razón por la que todos los primeros temas son los mismos en
todas partes: animales, comida, colores, familia.
Que el niño ya tenga el concepto en español. Aprender
giraffe a la vez que se descubre lo que es una jirafa es hacer dos
trabajos a la vez, y uno estorba al otro. Las primeras palabras inglesas deben
nombrar cosas que ya conoce perfectamente: así lo único nuevo es el sonido.
Que aparezca en su vida. Una palabra que no se usa entre una
sesión y la siguiente se olvida, por bien que se aprendiera. Por eso «dog»
aguanta y «crocodile» no, aunque el cocodrilo entusiasme más el primer día.
En Inglés, palabra y dibujo las
palabras están elegidas con ese filtro: todas tienen imagen, todas nombran algo
que el niño reconoce, y ninguna necesita explicación previa.
Por grupos, no en lista
La tentación es dar veinte palabras variadas para que «vea de todo». Funciona
mucho peor que dar ocho del mismo tema.
La razón es cómo se guarda el vocabulario: por vecindad. Ocho animales se
recuerdan como un conjunto, y cada uno ayuda a recordar los demás — si sale
«cat», detrás vienen «dog» y «fish» sin esfuerzo. Ocho palabras sueltas de ocho
temas distintos no se sostienen entre sí, y se olvidan una por una.
Además, el tema da un modo de repasar sin que parezca repaso: se pregunta por
todo el grupo mientras se va en el coche, y en dos minutos han pasado las ocho.
Con una lista variada eso no se puede hacer.
El orden que funciona
Los animales primero, siempre. Son los que más motivan, los más fáciles de
dibujar y los que el niño ya domina en español desde los dos años.
Después los colores, que tienen una ventaja escondida: se pueden usar cien
veces al día sobre objetos reales sin montar ninguna actividad. Luego la comida
y la familia — cosas que aparecen en la mesa y en casa a diario. La ropa y las
cosas del colegio van al final del primer año, porque son las que menos se
nombran espontáneamente.
Los números en inglés son un caso aparte y conviene no meterlos pronto:
suenan parecidos entre sí, no tienen dibujo propio y se aprenden como una
cantinela que después no sirve para contar nada. Mejor cuando ya haya un
puñado de palabras con significado detrás.
El problema de leerlas
Aquí está el error que más cuesta corregir. Un niño español que ya lee mira
cat y lee «cat» tal cual, con las letras que ve. Y como en español eso
casi siempre funciona, nadie le corrige a tiempo.
El inglés no se lee como se escribe, y esa es la diferencia esencial con
nuestro idioma — la misma que hace que en español una tabla de sílabas sirva
para todo. Si el niño aprende las palabras inglesas leyéndolas, memoriza una
pronunciación inventada que después habrá que borrar.
La regla práctica es simple: primero el oído, después la letra.
La palabra se oye y se repite muchas veces antes de verla escrita. Cuando por fin
aparece escrita, el niño ya sabe cómo suena, y lo que hace al leerla es reconocer
una palabra que conoce, no descifrarla.
Por eso Inglés, escucha y elige
va antes que cualquier hoja: ahí la palabra llega por el oído, dicha por un
hablante nativo, y el niño solo tiene que señalar el dibujo. No hay nada escrito
que pueda leer mal.
Cuántas y cada cuánto
Ocho palabras por tema, y un tema cada dos o tres semanas. Parece poquísimo y
es exactamente lo que se sostiene: al cabo de un año son unas ciento cincuenta
palabras que el niño de verdad tiene, no doscientas que ha visto pasar.
Cinco minutos al día valen más que media hora el sábado, y esto no es un
tópico: el vocabulario se fija por repetición espaciada, y un repaso corto todos
los días le da al cerebro seis oportunidades a la semana en lugar de una.
La señal de que el tema está listo para cambiar no es que sepa decir las ocho
palabras mirando los dibujos. Es que las diga en desorden, sin dibujo delante, y
al día siguiente de la última sesión.
Cómo practicarlo jugando
Los tres juegos de inglés hacen tres cosas distintas y conviene no
confundirlas, porque el orden importa.
Inglés, escucha y elige es el
primero: se oye la palabra y se toca el dibujo. Solo oído, sin letras. Es el que
más se parece a cómo aprende un niño su propia lengua.
Inglés, palabra y dibujo añade
la palabra escrita, cuando ya suena bien en la cabeza. Y Memoria en inglés junta las dos cosas en un
memori: hay que emparejar la palabra con su dibujo dando la vuelta a las cartas,
que obliga a mantener las dos formas a la vez y es bastante más difícil de lo
que parece.
Para un adulto que no habla inglés y le da apuro pronunciar, la voz de los
juegos resuelve el problema entero: el modelo lo da la grabación y no hace falta
que nadie en casa arriesgue. Hay más sobre eso en Inglés en casa sin saber inglés.
Qué imprimir
Los animales en inglés es el
tema de empezar, en siete hojas que siguen el orden de arriba: la primera es el
vocabulario con dibujo, palabra y traducción; la segunda, caligrafía para
repasar cada palabra; la tercera pide escribir las letras que faltan; y las dos
últimas son unir cada dibujo con su palabra, con sus respuestas.
Un detalle de la tercera hoja: la palabra completa no aparece en ninguna
parte de ella. Las pistas son el dibujo y la traducción, y nada más. Si la
palabra estuviera impresa en algún sitio de la misma hoja, copiar sería más
entretenido que pensar, y el ejercicio dejaría de medir nada.
Las dos últimas hojas conviene dejarlas para otro día, no hacerlas a
continuación. Recién vistas las palabras, el niño acierta sin saberlas; con un
día de por medio se ve lo que de verdad se ha quedado.
Cuando los animales estén, el tema siguiente son los colores, y por un motivo
práctico: son las únicas palabras que se pueden usar cien veces al día sobre
cosas que ya están delante, sin montar ninguna actividad.
Y El abecedario en inglés,
que tiene una parte pensada para el adulto: cada letra lleva entre corchetes
cómo se llama, escrito a la española —«ei», «bi», «si»—. No es transcripción
fonética; es para poder decirlo en voz alta sin haber estudiado inglés.
Lo esencial
Las primeras palabras inglesas tienen que poder dibujarse, nombrar algo que
el niño ya conoce y aparecer en su día a día. Se aprenden por grupos de ocho del
mismo tema, empezando por los animales, y no en listas variadas. Primero el
oído y después la letra: un niño español que ve cat antes de haberlo
oído lo leerá como se escribe, y eso hay que desaprenderlo después. Cinco
minutos al día, un tema cada dos o tres semanas.