Inglés

Las primeras palabras en inglés: cuáles y en qué orden

Por El equipo de Kodomi Club · 30 de agosto de 2026 · 8 min

Las primeras palabras en inglés: cuáles y en qué orden

No todas las palabras valen para empezar. Cuáles se eligen, por qué se aprenden por grupos y qué hacer para que no acabe leyendo «cat» como se escribe.

Cuando en casa se decide empezar con el inglés, la primera pregunta suele ser cuántas palabras. Y la que de verdad importa es otra: cuáles. Con cinco años se pueden aprender treinta palabras en un mes sin ningún esfuerzo, pero si son las treinta equivocadas, a los seis meses no queda ninguna.

Qué hace que una palabra sirva para empezar

Tres condiciones, y las tres a la vez.

Que se pueda dibujar. Un niño de cinco años no aprende «bonito» ni «después», porque para retener una palabra necesita colgarla de una imagen. «Cat» tiene dibujo; «nice» no. Esto descarta de golpe la mitad del vocabulario y es la razón por la que todos los primeros temas son los mismos en todas partes: animales, comida, colores, familia.

Que el niño ya tenga el concepto en español. Aprender giraffe a la vez que se descubre lo que es una jirafa es hacer dos trabajos a la vez, y uno estorba al otro. Las primeras palabras inglesas deben nombrar cosas que ya conoce perfectamente: así lo único nuevo es el sonido.

Que aparezca en su vida. Una palabra que no se usa entre una sesión y la siguiente se olvida, por bien que se aprendiera. Por eso «dog» aguanta y «crocodile» no, aunque el cocodrilo entusiasme más el primer día.

En Inglés, palabra y dibujo las palabras están elegidas con ese filtro: todas tienen imagen, todas nombran algo que el niño reconoce, y ninguna necesita explicación previa.

Por grupos, no en lista

La tentación es dar veinte palabras variadas para que «vea de todo». Funciona mucho peor que dar ocho del mismo tema.

La razón es cómo se guarda el vocabulario: por vecindad. Ocho animales se recuerdan como un conjunto, y cada uno ayuda a recordar los demás — si sale «cat», detrás vienen «dog» y «fish» sin esfuerzo. Ocho palabras sueltas de ocho temas distintos no se sostienen entre sí, y se olvidan una por una.

Además, el tema da un modo de repasar sin que parezca repaso: se pregunta por todo el grupo mientras se va en el coche, y en dos minutos han pasado las ocho. Con una lista variada eso no se puede hacer.

El orden que funciona

Los animales primero, siempre. Son los que más motivan, los más fáciles de dibujar y los que el niño ya domina en español desde los dos años.

Después los colores, que tienen una ventaja escondida: se pueden usar cien veces al día sobre objetos reales sin montar ninguna actividad. Luego la comida y la familia — cosas que aparecen en la mesa y en casa a diario. La ropa y las cosas del colegio van al final del primer año, porque son las que menos se nombran espontáneamente.

Los números en inglés son un caso aparte y conviene no meterlos pronto: suenan parecidos entre sí, no tienen dibujo propio y se aprenden como una cantinela que después no sirve para contar nada. Mejor cuando ya haya un puñado de palabras con significado detrás.

El problema de leerlas

Aquí está el error que más cuesta corregir. Un niño español que ya lee mira cat y lee «cat» tal cual, con las letras que ve. Y como en español eso casi siempre funciona, nadie le corrige a tiempo.

El inglés no se lee como se escribe, y esa es la diferencia esencial con nuestro idioma — la misma que hace que en español una tabla de sílabas sirva para todo. Si el niño aprende las palabras inglesas leyéndolas, memoriza una pronunciación inventada que después habrá que borrar.

La regla práctica es simple: primero el oído, después la letra. La palabra se oye y se repite muchas veces antes de verla escrita. Cuando por fin aparece escrita, el niño ya sabe cómo suena, y lo que hace al leerla es reconocer una palabra que conoce, no descifrarla.

Por eso Inglés, escucha y elige va antes que cualquier hoja: ahí la palabra llega por el oído, dicha por un hablante nativo, y el niño solo tiene que señalar el dibujo. No hay nada escrito que pueda leer mal.

Cuántas y cada cuánto

Ocho palabras por tema, y un tema cada dos o tres semanas. Parece poquísimo y es exactamente lo que se sostiene: al cabo de un año son unas ciento cincuenta palabras que el niño de verdad tiene, no doscientas que ha visto pasar.

Cinco minutos al día valen más que media hora el sábado, y esto no es un tópico: el vocabulario se fija por repetición espaciada, y un repaso corto todos los días le da al cerebro seis oportunidades a la semana en lugar de una.

La señal de que el tema está listo para cambiar no es que sepa decir las ocho palabras mirando los dibujos. Es que las diga en desorden, sin dibujo delante, y al día siguiente de la última sesión.

Cómo practicarlo jugando

Los tres juegos de inglés hacen tres cosas distintas y conviene no confundirlas, porque el orden importa.

Inglés, escucha y elige es el primero: se oye la palabra y se toca el dibujo. Solo oído, sin letras. Es el que más se parece a cómo aprende un niño su propia lengua.

Inglés, palabra y dibujo añade la palabra escrita, cuando ya suena bien en la cabeza. Y Memoria en inglés junta las dos cosas en un memori: hay que emparejar la palabra con su dibujo dando la vuelta a las cartas, que obliga a mantener las dos formas a la vez y es bastante más difícil de lo que parece.

Para un adulto que no habla inglés y le da apuro pronunciar, la voz de los juegos resuelve el problema entero: el modelo lo da la grabación y no hace falta que nadie en casa arriesgue. Hay más sobre eso en Inglés en casa sin saber inglés.

Qué imprimir

Los animales en inglés es el tema de empezar, en siete hojas que siguen el orden de arriba: la primera es el vocabulario con dibujo, palabra y traducción; la segunda, caligrafía para repasar cada palabra; la tercera pide escribir las letras que faltan; y las dos últimas son unir cada dibujo con su palabra, con sus respuestas.

Un detalle de la tercera hoja: la palabra completa no aparece en ninguna parte de ella. Las pistas son el dibujo y la traducción, y nada más. Si la palabra estuviera impresa en algún sitio de la misma hoja, copiar sería más entretenido que pensar, y el ejercicio dejaría de medir nada.

Las dos últimas hojas conviene dejarlas para otro día, no hacerlas a continuación. Recién vistas las palabras, el niño acierta sin saberlas; con un día de por medio se ve lo que de verdad se ha quedado.

Cuando los animales estén, el tema siguiente son los colores, y por un motivo práctico: son las únicas palabras que se pueden usar cien veces al día sobre cosas que ya están delante, sin montar ninguna actividad.

Y El abecedario en inglés, que tiene una parte pensada para el adulto: cada letra lleva entre corchetes cómo se llama, escrito a la española —«ei», «bi», «si»—. No es transcripción fonética; es para poder decirlo en voz alta sin haber estudiado inglés.

Lo esencial

Las primeras palabras inglesas tienen que poder dibujarse, nombrar algo que el niño ya conoce y aparecer en su día a día. Se aprenden por grupos de ocho del mismo tema, empezando por los animales, y no en listas variadas. Primero el oído y después la letra: un niño español que ve cat antes de haberlo oído lo leerá como se escribe, y eso hay que desaprenderlo después. Cinco minutos al día, un tema cada dos o tres semanas.

Para saber más, las fuentes

Para practicarlo jugando

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