Desarrollo por edades

Señalar antes de hablar

Por El equipo de Kodomi Club · 20 de septiembre de 2026 · 6 min

Señalar antes de hablar

El dedo va por delante de la lengua. Cómo aprovechar ese adelanto para ampliar el vocabulario sin convertir cada palabra en un examen.

Pídele a un niño de dos años y medio que diga «cuchara» y puede que no salga nada. Pídele que te dé la cuchara y la trae al momento. No es timidez ni falta de ganas: entender y decir son dos trabajos distintos, y el segundo va varios meses por detrás.

Ese desfase es una buena noticia, porque significa que se puede enseñar vocabulario mucho antes de que el niño hable con soltura. Solo hay que cambiar la pregunta por un encargo, que es exactamente lo que hace ¿Dónde está la nariz?: la voz nombra y el niño señala.

Por qué el dedo va por delante

Para señalar basta con reconocer: oigo una palabra, la busco entre lo que veo y apunto. Para decirla hay que recuperarla de memoria sin ninguna pista delante, y además colocar la boca de la manera exacta.

Son dos escalones, y el segundo es bastante más alto. Por eso hay palabras que un niño lleva meses entendiendo y un día, de golpe, empieza a usar: no las ha aprendido ese día, las ha podido decir ese día.

Preguntar de la manera que no bloquea

«¿Qué es esto?» pone al niño en el peor escenario: sin pista, con un adulto mirando y con una única respuesta válida. Si no le sale, se calla, y muchas veces se calla también la próxima vez.

«¿Dónde está el gato?» hace el mismo trabajo por el otro lado. La palabra la dice el adulto, el niño solo la reconoce, y al señalar demuestra que la tenía. Nadie se queda en blanco y la palabra se refuerza igual.

Cuando ya señala sin dudar diez o doce palabras de un grupo, se puede volver a «¿qué es esto?» con esas mismas. A esas alturas ya no es un examen: es algo que sabe de sobra y le gusta demostrar.

Grupos que funcionan a esta edad

Las partes del cuerpo son el grupo clásico porque están siempre encima y se pueden tocar. Empezad por lo grande —nariz, ojos, boca, manos, pies, barriga— y dejad para después las cejas, el cuello y los hombros.

La ropa funciona igual de bien durante el vestido de la mañana, y la comida durante la cena. Los animales entran solos con los cuentos, y las cosas de la cocina se aprenden mientras alguien cocina al lado.

Lo que une a todos esos grupos es que el objeto está presente y se toca. Las palabras de cosas que no están delante —ayer, luego, lejos— llegan bastante después y no conviene forzarlas.

La misma palabra en otro sitio

Un niño que señala su nariz no siempre encuentra la nariz de un osito de peluche, y eso no es un fallo: es que la palabra todavía está pegada a un ejemplo concreto. La prueba de que la ha entendido de verdad es que la encuentra en otro cuerpo.

De ahí que valga la pena cambiar de soporte a menudo: en él, en vosotros, en el muñeco, en el dibujo del cuento, en la foto. Cada cambio amplía la palabra un poco más.

La misma idea, con las siluetas en vez de con los cuerpos, la practica Busca la sombra: reconocer algo por su contorno, sin color ni detalles, obliga a quedarse con lo importante de la forma.

Cuando no señala

Si no señala, casi siempre hay demasiadas cosas a la vez. Con tres opciones en la mano acierta; con una página llena de dibujos pequeños, se pierde antes de empezar.

La otra causa habitual es el ritmo: la palabra se dice y se espera medio segundo. Un niño pequeño necesita dos o tres para buscar, y en ese silencio los adultos solemos repetir la pregunta, que es justo lo que le hace empezar de cero.

Decid la palabra una vez, contad hasta tres por dentro y esperad. La espera hace más que cualquier explicación.

Del dedo a la frase

Cuando señalar ya le sale fácil, el paso siguiente no es hablar: es hacer. «Pon el gato encima de la silla» sigue sin pedir palabras, pero exige entender dos cosas a la vez, el objeto y el sitio.

Esa es la escalera completa: reconocer, hacer, decir. Saltarse el escalón del medio es lo que convierte la ampliación de vocabulario en un interrogatorio.

Nombrar mientras hace

Hay una manera de enseñar palabras que no pide nada a cambio: poner voz a lo que está pasando. «Te estoy poniendo el calcetín en el pie», «ahora abro el cajón». El niño no tiene que contestar; solo escucha la palabra pegada a la cosa.

Esto funciona especialmente bien en las rutinas, porque se repiten cada día con los mismos objetos. En dos semanas, las palabras del vestido y del baño se quedan sin haber hecho ni un solo ejercicio.

Conviene nombrar con la palabra exacta y no con una general. «Trae la sudadera» enseña más que «trae eso», aunque al principio haya que señalar también.

Y conviene no acumular: dos o tres palabras nuevas al día son muchas. Lo que hace que una palabra se quede no es oírla diez veces en un minuto, sino oírla cada día en situaciones distintas.

Cuando hay dos idiomas en casa

En las casas bilingües el desfase entre entender y decir suele ser todavía mayor, y encima repartido: entiende las dos lenguas y produce antes la que más oye. Eso no es retraso, es reparto.

Señalar sirve igual de bien en las dos, y permite comprobar lo que sabe en cada una sin pedirle que traduzca. Preguntad en la lengua que toque y dejad que responda con el dedo.

Lo que conviene mantener es la constancia: cada adulto con su lengua, o cada sitio con la suya. Mezclar las dos dentro de la misma frase es lo que más cuesta ordenar a un niño pequeño.

Antes y después de esto

El paso siguiente es pedir acciones en vez de señalar: coger algo y llevarlo a un sitio, que son dos cosas seguidas. Está contado en Instrucciones de dos pasos.

Y para ampliar vocabulario por parejas de significado —grande y pequeño, lleno y vacío—, Los contrarios explica por qué se aprenden mejor de dos en dos que sueltos.

Cómo practicarlo jugando

¿Dónde está la nariz? es el juego que corresponde exactamente a esta etapa: la voz nombra una parte del cuerpo y el niño la señala, primero en una niña y después en un osito, que es el cambio de soporte que convierte la palabra repetida en palabra entendida.

Encuentra el objeto lleva lo mismo a una escena con muchas cosas, y Busca la sombra pide reconocer por la forma. Los tres se juegan tocando, sin decir una palabra.

Qué imprimir

Para jugar a señalar en papel va muy bien Bingo de figuras y colores: alguien nombra y el niño tapa la casilla, que es señalar con premio. Y para las palabras de casa, cualquier lámina con pocos dibujos grandes sirve más que una llena.

Lo esencial

Señalar va por delante de hablar varios meses, así que el vocabulario se puede ampliar mucho antes de que el niño lo diga. Cambiad «¿qué es esto?» por «¿dónde está esto?», dad tiempo de verdad para buscar, repetid la misma palabra en cuerpos y dibujos distintos, y pedid acciones antes que explicaciones.

Para practicarlo jugando

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