Las partes del cuerpo son de las primeras cosas que se enseñan —la cabeza, la
mano, el pie— y de las que antes se dan por sabidas. A los tres años el niño las
señala todas y ahí se cierra el tema.
Pero si a los seis se le pregunta por el codo, la muñeca o el tobillo, muchas
veces no está. Y esas son justamente las que hacen falta cuando alguien dice
dónde le duele.
Lo que se aprende y lo que se queda fuera
Lo que entra pronto son las partes grandes y visibles: cabeza, manos, pies,
ojos, boca, nariz, orejas, pelo, tripa. Se aprenden señalando y a los tres años
suelen estar todas.
Lo que se queda fuera son tres grupos.
Las articulaciones. Codo, rodilla, muñeca, tobillo, hombro,
cuello. Se usan constantemente y casi nunca se nombran, porque nadie las señala
al hablar.
Lo de dentro. Corazón, pulmones, estómago, huesos, músculos,
cerebro. Aparecen en clase a partir de primero y muchos niños llegan sin ninguna
de ellas.
Los detalles de la cara. Cejas, pestañas, mejillas, barbilla,
frente, labios. Salen poco y son las que hacen falta para describir a
alguien.
Ese trabajo de agrupar por partes —lo de fuera, lo de dentro, lo que se
dobla— es el que organiza cualquier vocabulario, y lo entrena En una palabra: encontrar el nombre que reúne
varias cosas.
Por qué importa más de lo que parece
Para decir dónde duele. Es la más práctica de todas. Un niño
que solo tiene «pierna» no puede distinguir la rodilla del tobillo, y eso
convierte cualquier caída en una conversación imposible.
Para entender instrucciones. En gimnasia, en el médico, al
aprender a nadar: «dobla el codo», «gira la muñeca». Sin las palabras, la
instrucción no llega.
Para conocimiento del medio. El cuerpo humano es uno de los
primeros temas de primaria y da por supuesto un vocabulario que casi nadie ha
trabajado.
Para hablar de lo que se siente. Los nervios se notan en la
tripa, el miedo en el pecho. Poder decir dónde se nota una emoción es media
conversación, y enlaza con lo que se cuenta en Poner nombre a lo que siente.
La simetría del cuerpo, que enseña otra cosa
Hay algo que se puede aprovechar y casi nunca se aprovecha: el cuerpo está
hecho por pares.
Dos ojos, dos manos, dos rodillas, y todo colocado igual a un lado y al otro
de una línea que pasa por la nariz. Señalarlo una vez y pedirle que busque más
pares convierte la simetría en algo que se toca — es la mejor introducción a esa
idea que existe, y no cuesta nada.
Y de ahí sale, sin forzarlo, la conversación sobre izquierda y derecha: la
mano derecha, el pie izquierdo. Es el par más difícil del idioma y aquí se
practica sobre el propio cuerpo, que es donde tiene sentido.
Lo mismo trabaja Simetría con figuras, y las
dos cosas se refuerzan.
Cómo se enseñan sin dar una lección
Al vestirse. «Mete el brazo, ahora saca la mano por la
manga.» Es el momento del día donde más partes del cuerpo se nombran de forma
natural.
Al lavarse. Los codos, las rodillas, el cuello, detrás de las
orejas. Cada una nombrada mientras se toca.
Con las canciones de siempre. Las que van señalando partes
del cuerpo funcionan porque juntan la palabra con el movimiento, y eso es lo que
fija.
Cuando se hace daño. Es el mejor momento y el más
desaprovechado: «¿dónde te has dado, en la rodilla o en el tobillo?». Con dolor
de por medio, la palabra se aprende a la primera.
Lo de dentro, con cuidado y sin misterio
Los órganos interesan mucho a partir de los cinco años y suelen contestarse
con evasivas. No hace falta.
El corazón es un músculo que empuja la sangre, y se puede oír poniendo la
oreja en el pecho de alguien. Los pulmones se llenan de aire y se nota poniendo
las manos en las costillas al respirar hondo. El estómago es donde va la comida.
Los huesos se tocan en el codo y en la espinilla.
Todo eso se puede comprobar sobre el propio cuerpo en dos minutos, y esa es la
diferencia entre saberlo y haberlo oído. Un niño de seis años que ha escuchado su
propio corazón no olvida dónde está.
Los nombres científicos, sin prisa
Aparecerán solos en clase y no hace falta adelantarlos.
«Barriga» y «tripa» valen perfectamente hasta que en el colegio digan
«abdomen». Lo importante a estas edades es tener alguna palabra
precisa, no la palabra técnica.
Lo que sí conviene es no inventar nombres graciosos para las partes que ya
tienen el suyo, especialmente en las partes íntimas: usar el nombre correcto
desde el principio evita confusiones y es lo que recomiendan en cualquier
consulta de pediatría.
El dibujo de la figura humana dice bastante
Hay una manera de ver qué partes tiene un niño en la cabeza que no exige
preguntar nada: pedirle que dibuje una persona.
A los cuatro años suele salir una cabeza con piernas y poco más — es el
llamado renacuajo y es completamente normal. A los cinco aparecen el tronco y los
brazos. A los seis o siete se añaden los dedos, el cuello y la ropa.
Lo interesante no es puntuarlo sino usarlo como conversación: «¿y las manos,
dónde van?». Muchas veces la parte que falta en el dibujo es justo la que falta
en el vocabulario, y señalarla ahí es más natural que en una ficha.
Conviene no corregir el dibujo ni pedirle que lo repita mejor. Se mira, se
pregunta por lo que no está y se guarda — y dentro de seis meses, otro. La
comparación entre los dos enseña más que cualquier lista.
Cómo practicarlo jugando
En una palabra trabaja la agrupación, que
es lo que convierte una lista de partes en un vocabulario organizado.
Adivina la emoción conecta el cuerpo
con lo que se siente: las caras son partes del cuerpo puestas de una manera
concreta.
Y Simetría para la idea de los pares, que en el
cuerpo se ve mejor que en ningún dibujo.
Para los más pequeños, antes de cualquier explicación, está ¿Dónde está la nariz?: la voz nombra una parte y el niño la señala con el dedo, primero en una niña y después en un osito, que es donde se ve si la palabra se ha entendido o solo se ha repetido.
Cinco minutos, y el resto al vestirse y al lavarse, que es donde estas
palabras aparecen todos los días.
Qué imprimir
Crucigrama del cuerpo junta
las dos cosas que interesan: recuperar la palabra a partir de una definición y
escribirla bien. Dos rejillas —una con las partes principales y otra con lo que
hace cada una— con sus pistas y su solución.
Tiene una ventaja para esta edad: las pistas se pueden responder señalando el
propio cuerpo, así que si la palabra no sale, se busca la parte con la mano y
después se le pone nombre.
Para el mismo vocabulario en inglés, El cuerpo en inglés, que aprovecha
que el concepto ya está en español.
Y Dibuja la otra
mitad para la parte de simetría, que después de mirarse en el espejo se
entiende mucho mejor.
Lo esencial
Las partes del cuerpo se dan por aprendidas a los tres años y se quedan a
medias: faltan las articulaciones, lo de dentro y los detalles de la cara. Las
primeras son las más prácticas, porque son las que hacen falta para decir dónde
duele. Se enseñan al vestirse, al lavarse y sobre todo cuando alguien se hace
daño, que es cuando la palabra se aprende a la primera. Los órganos se pueden
comprobar sobre el propio cuerpo en dos minutos —oír el corazón, notar los
pulmones— y eso es la diferencia entre saberlo y haberlo oído. Y los nombres
técnicos llegan solos en clase.