Alegría, rabia, miedo, vergüenza, orgullo, envidia, calma. Buscar estas palabras en una rejilla no enseña qué son, pero las deja disponibles: se han leído, se han escrito y se han mirado un rato.
Y con las emociones eso importa más que con otros temas, porque quien tiene la palabra puede decir lo que le pasa en vez de tener que actuarlo. Reconocerlas se practica en Adivina la emoción.
Qué entrena una sopa de letras
Búsqueda visual y reconocimiento de la palabra entera de un vistazo, que es lo que hace un lector rápido.
No entrena comprensión ni ortografía, y conviene saberlo para no esperar de ella lo que no da.
Lo que sí hace muy bien es exponer al niño a una palabra veinte veces sin que le parezca repetición.
Leer la lista antes
Las palabras que se buscan están en una lista al lado, y leerla en voz alta antes de empezar es lo que convierte el ejercicio en vocabulario.
Si no se lee, se busca la forma de las letras sin saber qué palabra es, y entonces no queda nada.
Un minuto de lista bien leída cambia el rendimiento del ejercicio entero.
Hablar de una al terminar
Elegir una palabra encontrada y contar cuándo fue la última vez que la sintió es lo que da valor al tema.
Basta con una y basta con dos frases; no hace falta convertirlo en una conversación larga.
Y funciona mejor después del ejercicio que antes, porque la palabra ya está sobre la mesa.
Las palabras difíciles
«Vergüenza» y «orgullo» son las que más cuestan de definir y las que más falta hacen.
La vergüenza se explica con una situación concreta —cuando te miran todos y querrías desaparecer— y no con una definición.
El orgullo, igual: cuando has hecho algo difícil y quieres que se sepa.
No todo es alegre o triste
Con dos palabras solo se puede decir bien o mal, y casi nada de lo que se siente es exactamente eso.
Añadir siete u ocho palabras al vocabulario cambia lo que un niño puede contar de su día.
Ese es el objetivo real de una hoja como esta y merece decirlo.
En diagonal y al revés
Las sopas fáciles solo llevan palabras horizontales; las difíciles las meten en diagonal y escritas al revés.
Subir la dificultad de golpe frustra: conviene un formato por nivel y no mezclarlos hasta que el fácil salga rápido.
Y las que van al revés son las que más cuestan, muy por encima de las diagonales.
Tachar en la lista
Ir tachando las palabras encontradas evita buscar dos veces lo mismo y da la sensación de avance.
Es un hábito de organización que después sirve para cualquier tarea con varios pasos.
Y a los seis años hay que enseñarlo, porque no aparece solo.
Buscar por la primera letra
La técnica que funciona es recorrer la rejilla buscando solo la primera letra de la palabra y comprobar cada vez que aparece.
Es sistemático y evita el barrido al azar, que es lo que hacen casi todos y por eso se cansan.
Explicarla una vez cambia el tiempo de resolución a la mitad.
Rellenar los huecos con letras
Las letras que sobran en la rejilla no son al azar del todo: si se parecen a las de las palabras buscadas, la sopa es más difícil.
Notarlo explica por qué unas cuestan mucho más que otras aunque tengan el mismo tamaño.
Y sirve para elegir la dificultad, que muchas veces se confunde con el número de palabras.
Las palabras que se parecen
«Rabia» y «enfado» no son exactamente lo mismo, y «tristeza» y «pena» tampoco. Notar los matices es un ejercicio de lengua fino.
Con las palabras ya encontradas en la rejilla, ordenarlas de menos a más intensa es una actividad de cinco minutos que enseña bastante.
Y da un vocabulario graduado, que es justo lo que hace falta para contar algo con precisión.
Después de un enfado
El mejor momento para usar estas palabras no es durante el enfado sino un rato después, cuando ya se puede hablar.
«¿Era rabia o era vergüenza?» es una pregunta que se puede hacer con calma y que ordena bastante lo que ha pasado.
Y la sopa de letras, hecha otro día, es lo que ha dejado la palabra a mano para ese momento.
La emoción y la cara
Casi todas estas palabras tienen una cara asociada, y unirlas es lo que hace que el vocabulario sirva fuera del papel.
Poner cara de cada una delante de un espejo divierte a los seis años y ancla la palabra a algo físico.
Y prepara la lectura de las caras de los demás, que es de lo que trata todo el tema.
Qué edad
Rejillas pequeñas con palabras horizontales, desde los cinco o seis.
Con verticales y diagonales, a los siete.
Con palabras al revés y rejillas grandes, a partir de los ocho.
Antes de esto
Hace falta reconocer todas las letras, aunque leer todavía cueste.
De hecho es una de las pocas actividades útiles para quien reconoce letras pero aún no lee de corrido.
Y ayuda haber hablado de las emociones alguna vez, para que las palabras no sean del todo nuevas.
Los errores típicos
Empezar a buscar sin haber leído la lista.
Barrer la rejilla al azar en vez de buscar la primera letra.
Y no tachar, que lleva a repetir búsquedas ya hechas.
Escribir una frase con cada una
Al acabar, tres frases con tres de las palabras encontradas. Ahí la sopa deja de ser solo visual.
Es la parte que convierte una actividad de descanso en una de lengua.
Y ocupa cinco minutos más, que casi siempre están disponibles.
Cuando es un descanso
Una sopa de letras también vale como actividad tranquila entre dos tareas duras, sin objetivo de aprendizaje.
Eso está bien y no hay que forzarla siempre a ser un ejercicio.
Saber cuándo se usa de una manera y cuándo de otra es cosa del adulto.
Hacer una propia
Con papel cuadriculado, seis palabras y letras al azar rellenando los huecos.
Montarla obliga a escribir las palabras bien y a pensar dónde cruzarlas, que es más trabajo del que parece.
Y regalársela a alguien para que la resuelva le da un sentido que la hoja impresa no tiene.
Cuánto por sesión
Una rejilla, diez o quince minutos. Es una actividad ligera y no conviene alargarla.
Mejor con la lista leída antes y una frase escrita después.
Y sin cronómetro hasta que el formato salga cómodo.
Antes y después de esto
Por qué el vocabulario de las emociones importa está en poner nombre a las emociones. Y cómo se usa el formato, en sopa de letras para niños. El otro pasatiempo de vocabulario, con definiciones en vez de rejilla, está en un crucigrama de instrumentos.
Cómo practicarlo jugando
Adivina la emoción une la palabra con la cara que la expresa.
Busca la casilla y Encuentra el objeto entrenan la búsqueda visual sistemática.
Qué imprimir
Sopa de letras de las emociones trae rejillas con el vocabulario completo y las soluciones marcadas.
Para el formato fácil, Sopa de letras fácil. Y para el tema, Comprensión: las emociones.
Lo esencial
- Una sopa entrena búsqueda visual, no comprensión: hay que saber qué se le puede pedir.
- Leer la lista en voz alta antes es lo que la convierte en un ejercicio de vocabulario.
- La técnica que funciona es buscar solo la primera letra y comprobar cada aparición.
- Con dos palabras solo se dice bien o mal; con ocho se puede contar un día.
- Una frase escrita con cada palabra encontrada, al final, es lo que fija.