Un niño que aprende a leer en español avanza muy rápido durante unos meses,
porque casi todas las letras suenan siempre igual. La eme de «mesa» es la misma
que la de «cama». Con eso se leen cientos de palabras.
Y un día llega a «cena» y la lee «kena». No se ha equivocado: ha aplicado
exactamente lo que le enseñamos. Es el idioma el que cambia las reglas a mitad de
partido, y este es el primero de los tres sitios donde lo hace.
Qué pasa exactamente
La c tiene dos sonidos según la vocal que va detrás:
Con a, o, u suena fuerte, como una k: casa, cosa, cuna.
Con e, i suena suave —una z en gran parte de España, una s en Canarias, en
Andalucía y en toda América—: cena, cine.
Y entonces aparece un problema práctico: ¿cómo se escribe el sonido fuerte
delante de e o de i? Con c no se puede, porque sonaría suave. Para eso está la q,
que solo existe para esto: queso, quince. Siempre con una u detrás que no
suena, y solo en esas dos combinaciones — que y qui. En español
no existen «qua» ni «quo».
Puesta en una tabla, junto con las otras dos parejas que funcionan igual, la
regla entera se ve de un vistazo:
Ca, co, cu, que, qui: qué letra se escribe según la vocal
| Sonido | Delante de a, o, u | Delante de e, i |
| el de casa | ca, co, cu: casa, cosa, cuna | que, qui: queso, quince |
| el de cena | za, zo, zu: zapato, zorro, zumo | ce, ci: cena, cine |
| el de gato | ga, go, gu: gato, goma, gusano | gue, gui: guerra, guitarra |
Dicho así, en tres líneas, es una regla de las que un adulto entiende en un
minuto. A un niño de cinco años no se le puede contar así: para él son dos cosas
que suenan distinto y se escriben parecido, y esa es toda la información que
puede manejar por ahora. Lo primero, de hecho, es que las distinga de oído —que
es lo que trabaja Primer sonido— y solo
después llega el papel.
Cómo se cuenta a un niño
Lo que funciona no es explicar la regla sino enseñar dos grupos como si fueran
dos cosas distintas, y dejar la explicación para más adelante.
Primero se aprende ca, co, cu, con sus palabras: casa, cama,
cola, cuna, cuchara. Se practica hasta que salga solo, sin mencionar para nada
que exista otra posibilidad.
Semanas después se presenta que, qui como otro grupo aparte,
también con sus palabras: queso, quince, quiere, paquete. Y aquí se dice una sola
frase, que es toda la explicación que hace falta a esa edad: «la u de que y
qui no suena, está ahí para acompañar».
Y solo cuando los dos grupos están asentados —meses después— se puede juntar
todo y explicar por qué. Antes de eso, la explicación completa solo consigue que
el niño dude de lo que ya sabía.
Por qué la tabla de sílabas no puede llevar la c
Este es el motivo, y merece contarse porque explica una decisión que sorprende
a mucha gente al mirar nuestras hojas.
Una tabla de sílabas se aprende de memoria, visualmente: el niño ve «ma» y lo
lee de golpe, como una cara conocida. Si en una tabla aparecen «ca» y «ce» en la
misma fila, memoriza que ese par de letras con la c suena de una forma — y se
lleva «ce» leído como «ke». Después hay que desenseñárselo, que cuesta el triple
de lo que costó enseñarlo.
Por eso nuestras tablas de
sílabas no incluyen la c, la g, la q ni la z: no es un olvido, es que esas
letras necesitan su propia hoja con la explicación al lado. Con las consonantes
regulares —m, p, l, s, t, n, d, f, b, v, r, j— sobran para llenar cuatro tablas y
leer cientos de palabras.
En pantalla pasa lo mismo: Leer por
sílabas trabaja las sílabas que se comportan siempre igual, que son las que
permiten construir la lectura sobre terreno firme.
Las otras dos veces que el español cambia de idea
Conviene saber que esta no es la única, para no tratarla como una rareza.
La g. Exactamente el mismo caso: ga, go, gu suenan
fuerte y ge, gi suenan como una jota. Y para el sonido fuerte delante de
e o i hace falta meter una u muda: gue, gui. Es la misma historia con
otras letras, y se enseña después de la c porque además tiene el añadido de la
diéresis —pingüino— que puede esperar años.
La h. No suena en absoluto. No cambia nada, simplemente está
ahí. Es más fácil que las otras dos porque no hay que elegir al leer; el problema
llega al escribir.
Con esas tres, el español regular está casi completo. No es mal balance
comparado con el inglés, donde cada palabra es un caso particular.
Las palabras con las que se practica
La elección de palabras decide bastante del resultado, y hay dos criterios que
parecen menores y no lo son.
Que sean palabras que el niño usa. Casa, cama, cuchara, queso, quince,
paquete valen; cuévano o quilate no, por muy bien que
ilustren la regla. Una palabra que no se usa se olvida en dos días y encima
distrae del asunto.
Y que en la misma sesión no aparezcan los dos grupos mezclados. Al principio,
una hoja de ca-co-cu lleva solo palabras de ese grupo. Meter una de
que «para que vea la diferencia» es lo que provoca que el niño empiece a
dudar en las que ya tenía bien.
Un detalle más: conviene decir las palabras en voz alta antes de escribirlas.
La regla es de sonido, y escribir en silencio la convierte en una regla visual
arbitraria que no hay manera de recordar.
El orden que evita líos
Ca, co, cu con muchas palabras. Después que, qui como grupo separado. Después
ga, go, gu. Después gue, gui. Y la z al final, junto con ce y ci, que es cuando se
puede explicar que suenan igual y se escriben distinto.
Entre bloque y bloque conviene dejar semanas, no días. Meter dos de estos
grupos a la vez es la manera más rápida de que el niño se líe con los dos y
empiece a dudar hasta de las sílabas que ya sabía leer.
Cómo practicarlo jugando
Leer por sílabas es la base sobre la
que todo esto se apoya: hasta que las sílabas regulares no salen sin pensar, no
merece la pena meter excepciones.
Primer sonido trabaja el oído, que es donde
está la clave de este asunto: el niño que distingue bien el sonido inicial de
«queso» y el de «cena» tiene medio camino hecho, porque ya sabe que son dos
sonidos distintos aunque los dos se escriban con letras parecidas.
Y Forma la palabra deja la palabra
escrita entera al acertar, que es lo que fija la forma correcta —«queso» y no
«ceso»— sin necesidad de ninguna regla.
Qué imprimir
Las Tablas de sílabas para el
terreno regular, que es por donde se empieza y donde se pasa la mayor parte del
tiempo.
Y Escribir las
consonantes cuando toque la letra c: escribirla es buen momento para decir en
voz alta que esta señora tiene dos voces, sin más explicación por ahora. Que la
información llegue antes que la sorpresa evita la sensación de que el idioma le
está engañando.
El método completo está en Cómo
enseñar a leer por sílabas en casa, y el uso concreto de las tablas en La tabla de sílabas.
Lo esencial
La c suena fuerte con a, o, u y suave con e, i, y por eso existe la q, que solo
aparece en «que» y «qui» y siempre con una u muda. A un niño de cinco años no se
le explica la regla: se le enseñan ca-co-cu primero y que-qui semanas después,
como dos grupos separados, y la explicación se deja para cuando los dos estén
asentados. La c no puede ir en una tabla de sílabas porque la tabla se aprende de
memoria y enseñaría algo falso. Y después vienen ga-go-gu, gue-gui y la h, con
semanas de por medio entre cada bloque.