Un niño de seis años cuenta diez cromos sin fallar. Le pones diecisiete y da
tres respuestas distintas en tres intentos.
No ha olvidado los números. Lo que falla es el método: señalar uno por uno
funciona hasta diez y deja de funcionar por encima, porque se pierde por dónde
iba.
Qué falla exactamente
Tres cosas, y conviene saber cuál de las tres es en cada niño.
Se salta objetos o repite. No tiene manera de saber cuáles ya contó. Es lo más frecuente.
Pierde el número. Iba por doce, se distrajo medio segundo y ya no sabe.
Se equivoca en la serie. Dice «catorce, quince, diecisiete». Aquí el problema es de nombres, no de método. A contar es donde se ve cuál de las tres es.
La solución: agrupar antes de contar
Es lo que hace un adulto sin pensarlo y lo que casi nunca se enseña: no se cuentan diecisiete cosas de una en una, se hacen grupos.
Tres grupos de cinco y dos sueltas. Cinco, diez, quince, dieciséis, diecisiete.
El gesto que hay que enseñar es físico: separar los objetos en montones antes de contar, o rodearlos con lápiz en el papel.
Ese paso previo cambia el ejercicio entero, porque convierte una cuenta larga en tres cuentas cortas.
De cinco o de diez
De cinco en cinco es más fácil al principio, porque cinco se reconoce de un vistazo y diez todavía no.
De diez en diez es lo que hay que llegar a hacer, porque conecta directamente con cómo funcionan los números escritos: diecisiete son una decena y siete.
El puente entre las dos cosas es contar de cinco en cinco pero agrupando de dos en dos: dos grupos de cinco son diez.
A los seis años se hace de cinco. A los siete ya conviene forzar el de diez, porque prepara todo lo que viene después.
Los nombres de once a quince
Hay un problema aparte que no es de método sino de vocabulario: los números del once al quince no siguen la regla.
Dieciséis, diecisiete, dieciocho y diecinueve se dicen como se construyen: diez y seis. Pero once, doce, trece, catorce y quince no dicen nada.
Por eso muchos niños que cuentan bien hasta diez se atascan justo en ese tramo, y hay que practicarlo aparte y de memoria.
La recta numérica ayuda mucho aquí: verlos escritos en fila hace que la irregularidad se note menos, porque el 11 y el 12 se ven donde tienen que estar.
Comprobar de otra manera
Es lo que separa contar bien de acertar por suerte, y conviene instalarlo como costumbre.
Si contó por grupos, que recuente de uno en uno. Si contó de uno en uno, que agrupe y compruebe.
Si los dos números coinciden, se sabe seguro. Si no, hay que buscar dónde está el fallo — y buscarlo es el mejor ejercicio de todos.
Esa idea —comprobar por un camino distinto— vale para toda la aritmética que viene después, así que enseñarla aquí sale barato.
Contar cosas que no se pueden mover
Es el caso difícil y el que más se parece a lo que después habrá que hacer en el papel: contar los coches de la calle, las ventanas de un edificio, las baldosas.
Aquí no se puede separar en montones, así que hace falta un orden: de izquierda a derecha, de arriba abajo, y siempre el mismo.
Ese barrido ordenado es lo que evita saltarse y repetir, y no sale solo: hay que decirlo y señalarlo con el dedo las primeras veces.
Con las cosas dibujadas en una hoja se puede hacer trampa y marcar cada una con lápiz según se cuenta, que es una buena manera de empezar.
A qué edad
Cinco años. Hasta diez, señalando y moviendo los objetos.
Seis. Hasta veinte, agrupando de cinco en cinco. Y los nombres del once al quince.
Siete. De diez en diez, y contar cosas que no se pueden mover.
Ocho. Hasta cien agrupando, y estimar antes de contar: decir un número aproximado y comprobar después.
Estimar, que llega justo después
Es una habilidad distinta y muy útil: decir cuántos hay más o menos, sin contar.
Se pregunta antes de contar —«¿cuántos crees que hay?»— y se compara después con el resultado. Al principio los números serán disparatados y en unas semanas se ajustan.
Lo que entrena es tener una idea de la cantidad, que es lo que evita dar por buena una respuesta absurda en un problema.
Y se apoya en reconocer cantidades sin contar, que está en Reconocer cantidades de un vistazo.
Lo que no ayuda
Pedir velocidad. Aquí lo que se practica es la cuenta ordenada. La velocidad viene después y sola.
Contar cosas desordenadas montadas unas sobre otras. Solo produce errores que no enseñan nada.
Corregir el número final. Si dijo dieciséis y eran diecisiete, no sirve decir el número bueno: sirve preguntar cómo lo ha contado.
Saltarse el agrupar. Es la parte que parece un rodeo y es la que de verdad se está enseñando.
Los dedos, hasta cuándo
Es la pregunta que aparece siempre y la respuesta corta es: mientras los
necesite, y sin dramatizar.
Los dedos son un apoyo bueno porque son diez y están siempre. El problema no
es usarlos: es usarlos empezando desde el uno cada vez, que es señal de que no
hay ninguna cantidad guardada en la cabeza.
La manera de ir sustituyéndolos no es prohibirlos sino dar algo mejor: la mano
entera como cinco, sin contar los dedos uno a uno. De ahí se pasa a diez, y
después la mano deja de hacer falta sola.
Quitarlos por decreto lo que produce es contar por debajo de la mesa, que es
lo mismo pero escondido y más lento.
Cuando el número escrito y la cantidad no se juntan
Hay una comprobación que conviene hacer y que suele saltarse: que el niño no
solo cuente bien, sino que sepa qué significa el número al que llegó.
La prueba es de diez segundos: después de contar diecisiete cromos, se le
pide que dé diecisiete cromos. Si vuelve a contar desde el principio, el número
todavía no significa una cantidad para él.
Es un fallo silencioso, porque el niño cuenta perfectamente y nadie lo nota.
Y bloquea todo lo que viene después, porque sumar exige que los números sean
cantidades y no solo palabras en fila.
Se arregla con más de lo mismo pero al revés: en vez de contar lo que hay,
preparar una cantidad pedida. Dame ocho. Pon quince. Coge doce.
Cómo practicarlo jugando
A contar entrena la cuenta ordenada con cantidades que crecen poco a poco.
Encuentra la misma cantidad obliga a comparar sin contar todo, y Mayor, menor o igual a decidir cuál es más.
Cinco o diez minutos. Y contar algo real al día: los peldaños, los coches rojos, las galletas.
Qué imprimir
Contar hasta 20 son filas de cosas para contar y escribir la cifra, con cantidades de once a veinte, que es donde el método de uno en uno deja de valer.
Contar hasta 10 es el paso previo, y conviene tenerlo hecho sin fallos.
Y Escribir los números hasta 20 para los nombres del once al quince, que van aparte.
Lo esencial
Contar señalando funciona hasta diez y deja de funcionar por encima, porque el niño pierde por dónde iba. Lo que hay que enseñar es agrupar antes de contar: separar en montones de cinco o de diez y contar los grupos. Los nombres del once al quince son un problema aparte, de vocabulario y no de método. Y conviene instalar la costumbre de comprobar por un camino distinto, que es lo que después sostiene toda la aritmética.