El crucigrama llega después de la sopa de letras y bastante después de las
sílabas, y hay un motivo concreto: es el primer pasatiempo en el que el niño
tiene que producir la palabra en vez de reconocerla. En una sopa la
palabra está escrita y hay que encontrarla. En un crucigrama no está en ninguna
parte: hay que sacarla de la cabeza, deletrearla y escribirla sin faltas.
Eso lo convierte en un ejercicio bastante completo, y también en uno que se
puede poner demasiado pronto con facilidad.
Las cuatro cosas que pasan a la vez
Leer la definición. Y entenderla, que no es lo mismo. Un niño
que descifra despacio gasta tanto esfuerzo en leer «lleva la casa a cuestas y va
despacio» que al llegar al final ya no recuerda el principio.
Encontrar la palabra. Aquí está el trabajo de vocabulario, y
es el que más varía entre niños de la misma edad. No depende de la lectura sino
de cuántas palabras tiene disponibles y de si puede recuperarlas a partir de una
descripción, que es una habilidad distinta de reconocerlas al oírlas.
Deletrearla. Separar la palabra en letras, en orden, sin
saltarse ninguna. Un niño puede saber perfectamente que la respuesta es
«tortuga» y escribir «totuga»: sabe la palabra y no la tiene descompuesta.
Encajarla. Contar las casillas, comprobar que cuadra, usar
las letras que ya están puestas por los cruces. Esta parte es pura lógica y no
tiene nada que ver con el lenguaje.
Cuando un niño se atasca conviene saber en cuál de las cuatro, porque la ayuda
es distinta en cada caso. Si el problema es deletrear, lo que hace falta no son
más crucigramas: es Forma la palabra, donde
se construye la palabra con sus sílabas y se ve por dentro.
Cuándo está listo
Tres condiciones, y las tres suelen coincidir hacia los seis o siete años.
Que lea una frase corta y la entienda sin esfuerzo visible. Que escriba
palabras conocidas sin copiarlas de ningún sitio. Y que sepa deletrear en voz
alta una palabra de cuatro o cinco letras.
Si falta la tercera, el crucigrama se convierte en un ejercicio de ortografía
disfrazado y sale mal. Si falta la primera, en un ejercicio de lectura, y también
sale mal. Merece la pena comprobarlo antes de imprimir nada, y no cuesta nada:
basta con pedirle que deletree «mesa».
Por qué palabra se empieza
Nunca por la número uno. Se empieza por la palabra más larga que se sepa
seguro.
Una palabra larga colocada reparte letras por medio tablero, y esas letras
convierten en fáciles tres o cuatro de las cortas: cuando en una palabra de cinco
casillas ya hay una A y una O puestas, casi se lee sola. Empezar por orden es
empezar por lo que menos ayuda, y además obliga a atascarse en la primera
definición difícil sin ninguna letra de apoyo.
La segunda regla es contar las casillas antes de escribir. Si la definición le
sugiere «gatito» y hay cuatro casillas, la palabra es «gato». Contar primero
evita la mitad de los borrones y enseña algo que sirve para siempre: comprobar
que la respuesta cabe antes de darla.
Cómo ayudar sin dar la respuesta
Hay tres niveles, y conviene bajarlos de uno en uno en lugar de saltar al
último, que es lo que apetece cuando hay prisa.
Repetir la definición con otras palabras. «Lleva la casa a
cuestas» → «va muy despacio y tiene un caparazón encima». Muchas veces el
problema es solo que una palabra de la definición no se entendía.
Dar la categoría. «Es un animal.» «Está en la cocina.» Reduce
el terreno sin resolver nada, y es exactamente lo que hace En una palabra en la dirección contraria:
encontrar el nombre del grupo al que pertenecen varias cosas.
Dar la primera letra. Este es el último recurso, y funciona
casi siempre: con la letra inicial, la palabra aparece sola. Por eso conviene
guardarlo para cuando ya no quede otra — si se da a la primera, el niño aprende
que basta con poner cara de no saber.
Las mayúsculas y las tildes
Dos detalles que no se deducen mirando la hoja y que conviene decir en voz
alta antes de empezar, porque son la causa de la mayoría de los líos.
Una letra por casilla, y todas en mayúsculas. Lo segundo no es un capricho:
las mayúsculas ocupan un ancho parecido y caben en el cuadrado, mientras que una
g o una p minúsculas se salen por abajo y el niño acaba
apretando la letra hasta que no se lee.
Y en la rejilla no hay tildes. En nuestros crucigramas ninguna palabra
escondida lleva acento, precisamente para que el niño no tenga que escribir una
palabra de una forma distinta a como la ha aprendido. Las definiciones sí llevan
sus tildes, como cualquier texto normal.
Cuando se queda en blanco con una definición
Hay un caso que no se arregla con pistas y conviene reconocerlo: el niño lee
la definición, la entiende perfectamente y aun así no le viene la palabra. No es
que no la sepa — si se la dices, la reconoce al instante y hasta se enfada
consigo mismo.
Eso es un problema de recuperación, no de vocabulario, y a los seis o siete
años es completamente normal: tener una palabra guardada y poder sacarla cuando
hace falta son dos cosas distintas, y la segunda se entrena por separado.
Lo que ayuda ahí no es dar más pistas sobre esa palabra concreta sino jugar a
sacarlas: «dime cinco animales que vivan en una granja», «cinco cosas que hay en
la cocina». Cinco minutos de eso en el coche hacen más por los crucigramas que
otro crucigrama, porque entrenan justo el movimiento que falla.
Cómo practicarlo jugando
Las tres partes del crucigrama que no son leer se entrenan por separado, y
para un niño atascado eso rinde mucho más que otro crucigrama.
Forma la palabra trabaja el
deletreo: hay que montar la palabra con sus sílabas, y el niño que la ha
construido con las manos la escribe después bastante mejor.
Letra que falta va a lo mismo por el
otro lado: la palabra está casi entera y falta una letra, que es exactamente la
situación de un crucigrama a medio hacer con los cruces puestos.
Y En una palabra entrena recuperar
vocabulario a partir de una descripción, que es la parte que más cuesta y la que
menos se practica en el colegio.
Qué imprimir
Crucigramas para niños
son dos crucigramas —los animales y la casa— con definiciones cortas y sus
respuestas al final. Las palabras están elegidas entre las que un niño de seis
años usa a diario: nada de vocabulario nuevo, porque lo que se entrena no es
aprender palabras sino recuperarlas.
Las definiciones evitan a propósito dar la respuesta dentro de la propia
frase. Es más difícil de lo que parece: describir un gato sin decir «gato» ni
«michino» obliga a hablar de lo que hace, y eso es justamente lo que hace pensar
al niño en lugar de leer.
Si todavía no está listo para escribir, el paso previo es la sopa de letras, donde la palabra ya
está escrita y solo hay que encontrarla. Lo contamos en Sopa de letras para niños.
Para el niño que aún no está listo del todo, Crucigrama con dibujos: la
mitad de las definiciones son un dibujo en lugar de una frase. Se colocan
enseguida y las letras que dejan hacen fáciles las de texto, que es exactamente
la estrategia de empezar por lo que más ayuda.
Lo esencial
Un crucigrama pide leer la definición, encontrar la palabra, deletrearla y
encajarla: cuatro cosas a la vez, y por eso llega hacia los seis o siete años,
cuando el niño ya escribe palabras conocidas sin copiar. Se empieza por la
palabra más larga que se sepa, no por la primera, y se cuentan las casillas antes
de escribir. Para ayudar se baja de nivel poco a poco —reformular, dar la
categoría, y solo al final la primera letra—. Una letra por casilla, en
mayúsculas, y sin tildes en la rejilla.