Pedirle a un niño que describa a alguien produce casi siempre lo mismo: es alta, tiene el pelo castaño y los ojos marrones. Se acaba en tres líneas y no se ve a nadie.
Lo que falta es un orden. Cómo es por fuera, cómo es por dentro y qué hace: con los tres pasos la persona aparece; con uno solo, no. Las palabras para describir las trabaja En una palabra.
Los tres pasos, en orden
Primero lo que se ve: estatura, pelo, cómo va vestido. Es lo más fácil y sirve de calentamiento.
Después cómo es: paciente, gracioso, testarudo, tranquilo. Es la parte que de verdad describe a alguien.
Y al final qué hace: a qué juega, qué dice siempre, qué le gusta. Ahí es donde una descripción deja de parecerse a un carné de identidad.
Un ejemplo por rasgo
Es la regla que sube la calidad de golpe y se dice en una frase: cada cosa que digas, con un ejemplo.
No «es generoso», sino «es generoso: siempre presta los lápices». No «es gracioso», sino «es gracioso: pone voces cuando lee».
Un ejemplo concreto vale por tres adjetivos, y además obliga a recordar cosas de verdad en vez de tirar de palabras genéricas.
Describir a alguien de verdad
Con una persona conocida hay material de sobra y el resultado se puede comprobar: se le lee a otro que también la conozca y se ve si la reconoce.
Con un personaje inventado, en cambio, todo vale y no hay manera de saber si la descripción es buena.
Por eso conviene empezar por la familia y los amigos y dejar los personajes de ficción para después, cuando el método esté.
Sin decir el nombre
El mejor ejercicio del tema y el que más gusta: describir a alguien de la clase o de la casa sin decir quién es, para que otro lo adivine.
De repente los detalles importan: hay que elegir los que solo le pasan a esa persona, no los que valen para veinte.
Y la comprobación llega sola. Si nadie adivina, la descripción era genérica, y eso lo entiende cualquiera sin que se lo expliquen.
Los rasgos que no distinguen
«Tiene dos ojos», «lleva zapatos», «va al colegio». Son ciertos y no sirven, porque valen para todos.
Preguntarlo así —«¿esto vale también para tu hermano?»— es la manera más rápida de que lo vea, y no es una corrección: es una pregunta.
Con dos o tres veces, empieza a filtrar solo, y eso se nota en cualquier texto que escriba después.
Cómo cambia a lo largo de la historia
Con personajes de cuentos hay algo que no está en las personas reales: al principio eran de una manera y al final de otra.
Describir ese cambio es bastante más difícil que describir un estado, y es lo que se pide más adelante al comentar una lectura.
Basta con una frase: «al principio tenía miedo de todo y al final se atrevía». Con eso ya se ha hecho.
Las palabras precisas
Aquí es donde se nota si el vocabulario de adjetivos está trabajado. Con «bueno» y «simpático» no se puede describir a nadie.
Conviene tener una lista corta a la vista las primeras veces: paciente, testarudo, curioso, generoso, despistado, tranquilo, gracioso, valiente.
La lista se retira sola en cuanto las palabras empiecen a salir, y mientras esté evita el bloqueo de no encontrar la palabra.
El orden dentro del texto
Una descripción bien hecha no salta: empieza por lo general y baja a lo concreto, o al revés, pero no mezcla.
Conviene decidirlo antes de escribir, aunque sea en la cabeza: primero el aspecto, después el carácter, después lo que hace.
Y conviene un punto y aparte entre las partes. Un párrafo de doce líneas sin cortes se lee mal aunque el contenido sea bueno.
Leerlo en voz alta al terminar
Es la corrección más eficaz y la que menos duele. Al leerlo se oyen las repeticiones, las frases que no acaban y los rasgos que sobran.
Y se oye si la persona se ve o no. Esa es la única pregunta que importa: «¿te la imaginas?».
Si la respuesta es no, se añade un ejemplo más. Casi nunca hace falta cambiar nada de lo escrito.
Describirse a uno mismo
Es más difícil de lo que parece y por eso conviene dejarlo para el final. Cuesta encontrar los propios rasgos y cuesta más ponerles ejemplo.
Funciona mejor con un marco: cómo serás dentro de diez años, o cómo te describiría tu mejor amigo.
Ese cambio de punto de vista quita la incomodidad y produce textos bastante más interesantes.
Con una foto delante
Para los que se bloquean, una foto resuelve el arranque: hay algo que mirar y la primera parte sale sola.
Después se retira la foto para la segunda parte, que no se puede ver. Ese corte deja claro que describir no es solo mirar.
Y con la foto delante se pueden señalar detalles que en la memoria se pierden.
Qué edad
Describir por fuera, desde los seis o siete, hablando y con tres frases escritas.
Los tres pasos con ejemplos, desde los ocho. Y la descripción sin decir el nombre, desde los siete, porque es un juego antes que un ejercicio.
Describir cómo cambia un personaje, desde los nueve, y siempre con un libro que se acabe de leer.
Describir un sitio, de paso
El mismo método sirve para un lugar y conviene probarlo: qué se ve, qué se oye y qué se hace allí.
Con un sitio conocido —la cocina de casa, el patio del colegio— salen detalles que en una foto no aparecen, como el ruido o el olor.
Y prepara el terreno para describir escenarios en un cuento, que es donde muchos textos infantiles se quedan cortos.
Cuánto por sesión
Una escena, que son doce renglones. Con la letra cuidada son veinte minutos y es suficiente.
Conviene no encadenar dos: la segunda se escribe deprisa y se pierde justo lo que se estaba trabajando.
Y conviene guardarlas todas juntas: al cabo de unas semanas hay un cuadernillo de retratos que se relee con gusto y que enseña la mejora sin decir nada.
Antes y después de esto
Las palabras que hacen falta para esto —los adjetivos precisos— están en decir cómo es algo. Y escribir sabiendo que alguien lo va a leer, que es lo que hace que se cuide, en escribir para alguien.
Cómo practicarlo jugando
En una palabra pide encontrar el nombre exacto a partir de una descripción, que es el camino contrario del que se practica aquí.
Adivina la emoción trabaja los rasgos de carácter y Grande o pequeño la comparación de la que salen los adjetivos.
Para los más pequeños, que todavía están aprendiendo las palabras con las que después se describe, está ¿Dónde está la nariz?: la voz nombra una parte del cuerpo y el niño la señala en el dibujo, primero en una niña y después en un osito.
Qué imprimir
Describir una persona son cuatro escenas con la consigna, las palabras de ayuda y la pauta: alguien de casa, un amigo, un personaje y uno mismo.
Para el vocabulario, la Sopa de letras de adjetivos. Y para describir cosas en vez de personas, Describir un dibujo.
Lo esencial
- Tres pasos: cómo es por fuera, cómo es por dentro y qué hace. Con uno solo no se ve a nadie.
- Cada rasgo con un ejemplo. «Es generoso: siempre presta los lápices» vale por tres adjetivos.
- Describir a alguien de verdad, no a un personaje inventado: así el resultado se puede comprobar.
- «¿Esto vale también para tu hermano?» filtra los rasgos que no distinguen sin corregir nada.
- Leerlo en voz alta al terminar y preguntar una sola cosa: ¿te la imaginas?