El folio en blanco es el enemigo de cualquier redacción, y con cuatro preguntas fijas deja de estarlo: cómo es, dónde vive, qué come y qué hace.
El orden no es casual: va de lo más fácil de observar a lo que hay que saber, y así el texto no empieza por lo difícil. Encontrar la palabra exacta se practica en En una palabra.
Prohibido «es bonito»
«Es bonito» y «es muy grande» no describen nada. Grande comparado con qué: un perro es grande al lado de un ratón y pequeño al lado de un caballo.
Prohibirlos explícitamente antes de empezar obliga a buscar comparaciones, y comparar es lo que hace útil una descripción.
«Del tamaño de un gato» dice muchísimo más que «mediano», y se le ocurre a cualquiera en cuanto se le pide.
Comparar con algo conocido
El truco de toda la descripción: cada rasgo se ata a algo que el lector ya conoce. Del tamaño de, del color de, se mueve como.
Sin comparación, las palabras se quedan flotando: «marrón» dice poco y «marrón como la tierra mojada» dice bastante.
Y es un recurso que después sirve para describir un sitio, una persona o un cuadro.
Sin decir el nombre
La segunda hoja pide describirlo para que otro lo adivine, y eso cambia la tarea entera: hay que ordenar las pistas de menos a más evidente.
Si se adivina en la primera frase, se ha empezado por el final. El dato más claro se guarda para el último renglón.
Ese control del orden de la información es lo que después hace falta para escribir un misterio o un resumen.
La prueba de leerlo en voz alta
Se lee la descripción sin decir el nombre y el otro adivina. Si no lo adivina, faltan datos; si lo adivina en la primera frase, sobra el resto.
Es una comprobación de un minuto y no la hace el adulto: la hace el que escucha.
Y da una razón para revisar que ninguna corrección con bolígrafo rojo consigue.
Las cuatro preguntas, una a una
Una o dos frases por pregunta, no más. Con cuatro preguntas y dos frases salen ocho, que es un texto respetable a los nueve años.
Y evita el problema clásico: dedicar medio folio al aspecto y despachar el resto en una línea.
El reparto por preguntas es lo que da equilibrio al texto sin tener que explicar qué es el equilibrio.
Comparar dos animales
La tercera hoja pide dos animales parecidos: en qué se parecen y en qué se diferencian, un párrafo para cada cosa.
Y hay una regla que hay que exigir: los dos párrafos tienen que hablar de lo mismo. Si en el primero se dice qué comen, en el segundo también.
Ese paralelismo es lo que hace legible una comparación, y sin él el texto se convierte en dos descripciones pegadas.
Con un animal que se ha visto
Se describe mucho mejor lo que se ha mirado de cerca. Un perro conocido, un gato del barrio, un pájaro del parque.
Con un animal de documental se escriben tópicos; con uno visto, aparecen detalles que no están en ningún libro.
Y esos detalles son exactamente lo que hace buena una descripción.
El vocabulario del cuerpo
Pelo, plumas, escamas, hocico, pico, garras, cola. Es vocabulario concreto y se aprende describiendo, no en una lista.
Conviene tenerlo a la vista en un banco de palabras: el problema no suele ser no saberlo, es no acordarse en ese momento.
Y crece solo: cada descripción añade tres o cuatro palabras nuevas.
Empezar por lo que se ve
La primera pregunta es cómo es, y va primera por un motivo: es la única que se puede contestar mirando, sin saber nada del animal.
Eso permite empezar a escribir a los treinta segundos, que es lo que rompe el bloqueo del folio en blanco.
Y da tiempo a que las otras tres se vayan pensando mientras la mano ya está trabajando.
Los verbos de movimiento
Nada y bucea, trepa y salta, se arrastra, planea. La manera de moverse es el rasgo que más distingue a un animal y el que menos se escribe.
Casi todas las descripciones infantiles se quedan en cómo es y olvidan cómo se mueve, y con eso pierden lo más característico.
Un banco de palabras con seis verbos de movimiento arregla eso sin decir nada más.
Los sonidos también describen
Cómo suena un animal es un dato de descripción y casi nunca aparece: ladra, maúlla, zumba, croa, silba.
Y en la versión de adivinanza el sonido suele ser la pista más clara, así que va al final.
Es vocabulario concreto, divertido y que se aprende de una vez porque se puede imitar.
Qué edad
Con las cuatro preguntas y ocho renglones, desde los ocho.
Sin nombrar el animal y ordenando las pistas, a los nueve.
Comparando dos animales en párrafos paralelos, a los diez.
Antes de esto
Hace falta escribir dos o tres frases seguidas sobre el mismo tema sin perderse.
Y ayuda haber descrito un dibujo, que es el mismo trabajo con la ayuda de tener el modelo delante.
Con esas dos cosas, la primera descripción sale en veinte minutos.
Los errores típicos
Escribir «es bonito» y «es muy grande» sin comparar con nada.
Empezar por el dato que lo identifica, con lo que la adivinanza se acaba en la primera frase.
Y contar todo lo que se sabe en vez de contestar las cuatro preguntas.
Después del texto, el dibujo
Dibujar el animal a partir de la descripción de otro es la mejor comprobación que existe: lo que no esté escrito no aparece en el dibujo.
Y las diferencias entre el dibujo y el animal real señalan exactamente qué faltaba por decir.
Es un ejercicio que se hace entre dos y funciona muy bien en clase o entre hermanos.
Para qué sirve después
Para describir cualquier otra cosa: un objeto, un sitio, una persona. Las cuatro preguntas cambian, la estructura no.
Y para los textos de ciencias, donde describir bien es la mitad del trabajo.
Es de los formatos que más se repiten en todo lo que queda de colegio.
Cuánto por sesión
Una descripción, veinte minutos, con las cuatro preguntas escritas antes de empezar.
Y siempre la lectura en voz alta al final, con alguien escuchando.
Tres descripciones al mes, cada una de algo distinto, mantienen el formato vivo sin cansarlo.
Antes y después de esto
La descripción de personas, que sigue el mismo método, está en describir a alguien. Y las palabras que hay que escribir bien en cualquier texto, en las palabras que no tienen regla.
Cómo practicarlo jugando
En una palabra entrena llegar de la descripción al término exacto.
Adivina la emoción trabaja describir lo que se ve y Clasifica en cestas agrupar por rasgos.
Qué imprimir
Describir un animal trae tres consignas con banco de palabras y renglones contados.
Para describir personas, Describir una persona. Y para lugares, Describir un lugar.
Lo esencial
- Cuatro preguntas fijas y el folio deja de estar en blanco.
- «Es bonito» y «es grande» no describen: hay que comparar con algo conocido.
- Sin nombrarlo, las pistas van de menos a más evidente y la clara al final.
- La prueba es leerlo en voz alta y ver si el otro lo adivina.
- Al comparar dos animales, los dos párrafos tienen que hablar de lo mismo.