«Va a un colegio bilingüe, así que el inglés está cubierto.» Es de las frases
más repetidas y de las que peor envejecen. No porque los colegios lo hagan mal,
sino porque «bilingüe» abarca situaciones muy distintas y ninguna de ellas cubre
la parte que más cuesta.
Conviene saber qué hay realmente detrás de cada etiqueta antes de decidir si
en casa hace falta hacer algo, y qué.
Las tres situaciones y qué dan de verdad
Inglés como asignatura. Dos o tres sesiones a la semana. Es
poco tiempo y suele bastar para vocabulario y estructuras sencillas, pero no para
soltura. El niño acaba entendiendo bastante más de lo que produce.
Colegio o sección bilingüe. Además de la asignatura, alguna
materia se da en inglés — muy a menudo plástica, música o educación física, que
son las que menos contenido verbal denso tienen. Aumenta mucho la exposición, y
esa es la ventaja real. Lo que no cambia tanto es la producción: se oye mucho
inglés y se habla poco.
Colegio internacional. El inglés es la lengua del centro.
Aquí sí cambia la naturaleza del asunto, y también el precio.
La diferencia entre las dos primeras es sobre todo de horas de oído,
que es lo que más pesa a estas edades. Por eso lo que se hace en casa se suma
bien: Inglés, escucha y elige añade
minutos de escucha con pronunciación nativa, que es exactamente el recurso
escaso, y no compite con nada de lo que se da en clase.
Lo que ninguna de las tres cubre bien
La repetición espaciada. En clase se ve un tema y se pasa al
siguiente. Lo que se vio en octubre no vuelve hasta el repaso de mayo, y por el
camino se olvida. En casa, cinco minutos al día repasando lo del tema en curso es
justo lo que el colegio no puede dar con veinticinco alumnos.
El oído fuera de clase. Dos o tres horas semanales de inglés
escolar son muy pocas horas de exposición. Y lo que más las multiplica no es una
academia, sino los dibujos y las canciones en versión original, que están
contados en su propio
artículo.
Hablar sin público. En una clase de veinticinco, cada niño
habla muy poco, y los tímidos casi nada. En casa se puede hablar mal sin que
nadie mire, que es la única manera de empezar.
Hay una cuarta cosa que el colegio no puede dar y que casi nadie cuenta: el
tiempo de silencio. Un niño que lleva meses oyendo inglés y todavía no dice nada
no está atascado — está en una fase que aparece en cualquier idioma nuevo, y
presionarle para que hable la alarga en vez de acortarla. En casa se puede
respetar; en clase, con una nota de expresión oral por medio, cuesta más.
La trampa de la pronunciación
Hay un problema muy español que aparece en cuanto el niño ya lee: mira
cat y lo lee «cat» tal cual, con las letras que ve. En español eso casi
siempre funciona, así que nadie le corrige a tiempo.
En clase el profesor lo dice bien, pero el niño lo lee mal en su cabeza cada
vez que ve la palabra escrita — y lo escrito aparece mucho en cuadernos y
fichas. La pronunciación que acaba fijándose es la inventada.
De ahí la regla que más rinde en casa: primero el oído, después la
letra. La palabra se oye muchas veces antes de verse escrita, y cuando
por fin aparece escrita el niño ya sabe cómo suena. Está desarrollado en Las primeras palabras en inglés.
Y una consecuencia práctica de esto: si el niño lee ya en español, conviene
mirar qué material trae del colegio. Una lista de palabras inglesas para estudiar
en casa, sin audio, es la mejor manera de fijar una pronunciación inventada. No
hay que dejar de hacer los deberes — basta con oír cada palabra antes de leerla,
y para eso vale cualquiera de los juegos con voz.
Cuando en casa nadie habla inglés
Es la situación más común y no es un impedimento. Lo que sí es un problema es
intentar hacer de profesor: pronunciar mal delante del niño, dar reglas
inventadas o corregirle con lo que uno recuerda del instituto.
El papel útil del adulto no es enseñar inglés. Es organizar la
exposición: poner los dibujos en versión original, sentarse cinco
minutos al lado mientras juega, preguntar en español qué ha entendido, y sostener
la rutina. El modelo de pronunciación lo da la grabación.
Y hay algo que sí puede hacer cualquier adulto sin saber una palabra:
mostrarse interesado. Un niño que ve que en casa importa lo que hace en inglés lo
trata como algo que cuenta. Hay más sobre esto en Inglés en casa sin saber inglés.
Las notas engañan un poco
Un sobresaliente en inglés en primaria suele medir vocabulario aprendido y
ejercicios bien hechos. Mide bastante peor la comprensión oral y casi nada la
capacidad de decir algo propio.
Por eso conviene no leer la nota como un retrato completo. Un niño con
buena nota puede quedarse en blanco ante un vídeo sin subtítulos, y eso no es un
fallo suyo ni del colegio: es que son dos cosas distintas y solo se evalúa una.
La comprobación casera es fácil y no hace falta saber inglés: se pone un vídeo
corto en inglés y se pregunta en español de qué iba. Si sale la idea general,
está mejor de lo que parece.
Cómo practicarlo jugando
Los tres juegos cubren lo que la clase deja fuera, y en este orden.
Inglés, escucha y elige es el
primero y el más útil de todos: se oye la palabra dicha por un nativo y se toca el
dibujo. Solo oído, sin letras, sin posibilidad de leerlo mal.
Inglés, palabra y dibujo añade
la palabra escrita cuando ya suena bien en la cabeza. Es el orden correcto y el
que evita la pronunciación inventada.
Y Memoria en inglés junta las dos
formas en un memori, que obliga a sostenerlas a la vez y es bastante más difícil
de lo que parece.
Cinco minutos al día valen más que media hora el sábado: seis oportunidades a
la semana en vez de una. Y si el colegio está con un tema concreto, conviene
seguirlo en casa en vez de ir por libre.
Qué imprimir
Los animales en inglés es el
tema de empezar, en siete hojas ordenadas: vocabulario con dibujo, caligrafía,
letras que faltan y dos de emparejar con sus respuestas.
Los colores en inglés viene
después, y tiene una ventaja práctica: son las únicas palabras que se pueden usar
cien veces al día sobre cosas que ya están delante.
Y El abecedario en inglés
lleva una parte pensada para el adulto: cada letra con su nombre escrito a la
española —«ei», «bi», «si»—, para poder decirlo en voz alta sin haber estudiado
inglés.
Lo esencial
Bilingüe, sección o asignatura se diferencian sobre todo en horas de oído, y
ninguna cubre bien la repetición espaciada, la exposición fuera de clase ni
hablar sin público. Eso es lo que toca en casa, y con cinco minutos al día basta.
La regla que más rinde es primero el oído y después la letra, porque un niño
español que ve cat antes de haberlo oído lo leerá como se escribe. Y la
nota mide vocabulario, no comprensión oral: para eso, un vídeo corto y preguntar
en español de qué iba.