Casi todos los textos escolares que salen mal salen mal por el mismo motivo: se empieza a escribir sin saber qué se va a contar, y a la mitad del segundo párrafo se acaban las ideas.
La cura ocupa cinco minutos y se llama plan: tres o cuatro apuntes de dos palabras, uno por párrafo, escritos antes de la primera frase. Ordenar lo que va antes se practica en Qué va antes.
Un plan no son frases
«Dónde está», «qué se ve», «por qué me gusta». Eso es un plan. Si en el plan ya hay frases enteras, no es un plan: es el texto escrito dos veces y mal.
Limitar cada línea a dos o tres palabras no es un capricho: es lo que obliga a pensar en la estructura en vez de en las palabras.
Y hace el plan rápido, que es lo que permite que se use de verdad y no se salte por pereza.
Una línea por párrafo
La correspondencia tiene que ser visible: cada línea del plan es un párrafo del texto. Con tres líneas salen tres párrafos.
Eso resuelve de paso el problema de los párrafos, que casi nadie sabe dónde cortar: se corta donde se acaba una línea del plan.
Y da una manera de comprobar el texto al final: ¿tiene tantos párrafos como líneas tenía el plan?
El orden se decide antes
Lo más difícil de un texto no es escribirlo: es decidir en qué orden va lo que se quiere contar. Y ese orden se decide mejor con tres líneas delante que con medio folio escrito.
Cambiar el orden en el plan cuesta cinco segundos; cambiarlo en el texto significa reescribirlo entero.
Enseñar a numerar y renumerar las líneas del plan antes de empezar es la mitad de la técnica.
Se puede cambiar
El plan no es un contrato. Si al escribir aparece algo mejor, se tacha y se sigue. Lo que no vale es no tener ninguno.
Decirlo explícitamente evita el bloqueo del niño que se siente obligado a seguir un plan que ya no le sirve.
Y da pie a una idea buena: escribir cambia lo que uno piensa, y eso es normal.
El banco de palabras
Al lado del plan, cinco conectores: primero, después, aunque, por eso, al final. No para usarlos todos, sino para tenerlos a la vista.
Los textos de nueve años están llenos de «y luego» porque no hay más palabras disponibles en ese momento. Tenerlas escritas resuelve eso.
Y se pueden ir cambiando: cada texto con un banco distinto amplía el repertorio sin dar una lista que memorizar.
Saber cuántos renglones
El folio en blanco asusta porque no se sabe cuánto hay que escribir. Un número de renglones visible quita la mitad del apuro.
Y da una referencia práctica: si el plan tiene tres líneas y hay doce renglones, tocan cuatro por párrafo.
Ese reparto se puede hacer en voz alta antes de empezar y ordena mucho.
Primero en voz alta
Contar el texto hablando antes de escribirlo saca el orden natural, y después escribir se convierte en copiar lo que uno acaba de decir.
Es especialmente útil con los niños a los que escribir les cuesta físicamente: separa pensar de escribir, que son dos trabajos.
Y el plan se puede hacer mientras habla: el adulto apunta las tres palabras.
Con textos que se van a leer
Un texto que va a leer alguien se escribe con otro cuidado. Una carta, una invitación, unas instrucciones para el abuelo.
El destinatario real es lo que hace que el plan importe: si el orden está mal, el otro no se entera, y eso se comprueba.
Escribir para nadie es lo que hace que la planificación parezca una burocracia inútil.
El principio y el final
La primera frase decide si el texto se lee y la última es la que se recuerda. Merece pensarlas aparte, después del plan y antes de escribir.
Un truco que funciona a los diez años: escribir primero la última frase, la que se quiere que quede sonando, y después construir hacia ella.
Es al revés de lo natural y produce textos bastante mejores.
Releer con el plan al lado
Al terminar, leer el texto con el plan delante y comprobar que cada línea está de verdad en algún párrafo.
Casi siempre falta una: se ha quedado en el plan y no ha llegado al texto. Encontrarla es una corrección concreta y fácil de arreglar.
Esa revisión de dos minutos convierte el plan en una herramienta y no en un trámite previo.
Qué edad
Tres líneas y tres párrafos, desde los nueve.
Con orden argumentado y conectores elegidos, a los diez.
Con introducción y cierre pensados aparte, a los once.
Antes de esto
Hace falta escribir un párrafo seguido sin ayuda, aunque sea corto.
Y hace falta ordenar hechos: qué pasó antes y qué después. Si eso falla, el plan no tiene de qué salir.
Los ejercicios de ordenar viñetas o pasos de una receta preparan esto muy bien.
Los errores típicos
Escribir el plan con frases enteras y acabar copiándolo.
Hacer un plan de siete líneas para un texto de doce renglones.
Y no volver a mirarlo mientras se escribe, que es lo mismo que no haberlo hecho.
La razón más fuerte al final
En un texto para convencer, el orden no es cualquiera: la razón más fuerte va la última, porque es la que queda sonando.
Ordenar tres razones de la más floja a la más fuerte es un ejercicio de una sola línea del plan y bastante difícil.
Y se puede comprobar: leer el texto en los dos órdenes y ver cuál convence más.
Con esquema en vez de lista
A partir de los diez, algunos niños trabajan mejor con un esquema en forma de mapa que con una lista de líneas.
El instrumento da igual mientras cumpla las dos condiciones: pocas palabras y orden visible.
Dejar elegir la forma aumenta bastante las probabilidades de que el plan se haga de verdad.
Cuánto por sesión
Un texto por sesión, con cinco minutos de plan y quince de escritura.
Y una comprobación final de treinta segundos: ¿hay tantos párrafos como líneas tenía el plan?
Tres textos bien planificados al mes valen más que uno por semana escrito a la carrera.
Antes y después de esto
Por qué el destinatario cambia lo que se escribe está en escribir para alguien. Y un tipo de texto donde el orden lo es casi todo, en leer sobre los árboles.
Cómo practicarlo jugando
Qué va antes entrena decidir el orden, que es la parte difícil del plan.
Une las frases trabaja los conectores y Recuerda la secuencia el orden de varios pasos.
Qué imprimir
El plan de un texto trae tres consignas con banco de palabras y renglones contados.
Para el texto largo, Escribir una historia. Y para resumir, Escribir un resumen.
Lo esencial
- Un plan son tres o cuatro apuntes de dos palabras, no frases.
- Una línea del plan es un párrafo del texto, y eso resuelve dónde cortar.
- El orden se decide antes: cambiarlo en el plan cuesta cinco segundos.
- El plan se puede cambiar mientras se escribe; lo que no vale es no tenerlo.
- Contarlo en voz alta antes saca el orden natural y después solo hay que copiarlo.